Celebran los 80 años de Jaime Labastida en el Palacio de Bellas Artes
Su obra se eleva entre la razón y la contradicción, dijo Jorge Ruiz Dueñas en la Sala Manuel M. Ponce.
(Redacción AN).

Con humor particular, el filósofo y escritor Jaime Labastida recordó, durante su participación, el título de su publicación en 1996, Animal de silencios, el cual también nombrará la próxima antología de su obra y agregó: “Tengo que honrar ese título y guardar silencio”. Ante amigos, colegas y familia, el académico y pensador mexicano festejo sus 80 años en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Durante la ceremonia extraordinaria de la Academia Mexicana, Jorge Ruiz Dueñas aseveró que “hablar de un creador y pensador de la complejidad de Jaime Labastida abre siempre interrogantes por su trayectoria múltiple, pero, a la manera de Yukio Mishima, ha encontrado el punto de encuentro entre la palabra y la acción”, dijo al referirse a las posiciones políticas que ha mantenido el catedrático mexicano.

“Trataré de centrarme en algunas características de su poesía, sin embargo, veo en su verso la convicción de un poema a la manera de un todo, donde el hombre, de estricta formación, avanza imperturbable sobre la pasión. Su obra se eleva entre la razón y la contradicción. Este poeta, ante el récord del tiempo, ha construido el verbo en un yergo interior para entender su otredad”.

Recordó la dicotomía en que se debate la palabra de Labastida. “¿Dónde empieza el poeta y termina el filósofo? El académico brasileño Ronaldo Costa Fernández dice que toda la poesía es cerebral, porque toda escritura es un acto lógico, éste no es el caso  Labastida, quien sí parece dominar su intelecto a la emoción sin dejar de ser emotivo: conoce las métricas y su alquimia, se decanta igualmente de manera acumulativa y pluvial”. Se trata, dijo, de un hombre donde el poeta y el filósofo no se separan de los umbrales del juicio lógico y del verso.

Por su parte, en un encadenamiento de lecturas y recuerdos sobre Labastida, Felipe Garrido señaló que el catedrático es un hombre que, como su aspiración lo intuía, logró ser justo. Justeza nacida del conocimiento profundo de materias tan diversas, pero que a la vez van de la mano: historia, poesía y filosofía.

En tanto, Adolfo Castañón al presentar una entrevista realizada al homenajeado, lo definió como “un hombre preocupado sin perder la sonrisa”. “Es un hombre que sí tuvo infancia, que tuvo maestros”. Fue también el poeta, filósofo y hacedor de “empresas colectivas”, por eso “no deja de ser sintomático que haya sido un editor de la revista Plural en su segunda época, subdirector administrativo del INBAL, director de la editorial Siglo XXI, de la Academia Mexicana de la Lengua, sin dejar su vocación de maestro”.

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