‘En México los niños se ven obligados a madurar antes de tiempo’: Julio Hernández Cordón
El realizador estrena en las salas su película ‘Cómprame un revólver’.
(Cinépolis).

Por Héctor González

La pequeña Huck (Fabiana Hernández) vive escondida. A fin de pasar inadvertida se pone una máscara y no se deja ver salvo lo necesario. En una época adversa para las mujeres y los niños, convive con su padre (Ángel Leonel Corral) en un escenario desértico dominado por el narcotráfico.

Fiel a su interés por retratar universos infantiles, el cineasta Julio Hernández Cordón estrena Cómprame un revólver, una película de tintes apocalípticos que por medio de una evocación al cine juvenil de los ochenta reflexiona sobre la paternidad, la violencia y la niñez extraviada.

Empecemos por decir que Cómprame un revólver es una película de aventuras, ¿no?

En un principio quería hacer algo relacionado con la novela Huckleberry Finn, de Mark Twain. Primero quise adaptarla a México pero al final decidí mezclarla con Mad Max, El señor de las moscas, Los niños perdidos de Peter Pan y La noche del cazador, todas obras que retratan la visión de los niños hacia el peligro.

Menores empoderados y que se revelan ante el mundo adulto.

Me parecía interesante mostrar ese empoderamiento, por eso también es una mujer la protagonista. Quería convertirla en un agente de cambio.

Tus películas suelen hablar de universos infantiles y juveniles, sin embargo creo que ahora es más frontal la confrontación con los adultos.

Sí, ahora los puse de lleno en el mundo del narco y donde la impunidad es total. Donde impera la ley del más fuerte y la fragilidad. Me parecía interesante jugar con el crimen y una historia de aventuras.

 Algo diferente también es la presencia de la paternidad, pero entendiéndola como algo imperfecto.

Soy papá y estoy consciente de que mi paternidad es imperfecta, pero jamás podrán poner en duda que no pondría las manos al fuego por mis hijas. Ahora estoy clavado en ese tema. Fui papá muy joven y me parecía necesario documentar en una película el amor que tengo por mis hijas.

 De hecho tus hijas participan en la película.

Sí, fue un proceso intenso porque fui papá las veinticuatro horas: dentro y fuera del rodaje. Por otro lado fue muy lindo compartir mi profesión con mis hijas y sembrarles la semilla del mundo del cine. Hacer una película es fascinante: un grupo de gente haciendo mediante artificios que algo parezca real. Me gustó la experiencia y creo que ellas la pasaron bien.

Aquí el desierto es casi un personaje más. ¿Qué relación estableces con los espacios de tus películas?

Siempre intento que sea así. Pienso en el espacio como una propuesta visual o estética que aporta a la atmósfera. Me interesa fijarme en cómo están construidas las locaciones. Cuando empiezo a escribir una película una de las primeras cosas que resuelvo es el espacio. Me cuestiono cómo afecta a los personajes y cómo le pueden sacar provecho.

En este sentido, el diamante de beisbol tiene mucho peso.

Los diamantes me parecen lugares muy geométricos, fotogénicos y cinematográficos. Desde hace tiempo tenía ganas de rodar una película sobre la gente inmersa en el espíritu de beisbol. Crecí en los alrededores de la Universidad de Chapingo. Iba a jugar, esconderme y a andar en bicicleta a los terrenos donde los estudiantes hacían sus prácticas y creo que esos recuerdos los trasladé a la película.

¿Hay también la intención de rendir un homenaje al cine de aventuras infantil de los ochenta, tipo Los Goonies o Cuenta conmigo?

Soy fan de ambas películas y seguramente salieron de manera inconsciente esas referencias. No puedo negarlo.

A partir del éxito de una serie como Stranger things, hay un regreso a este tipo de historias.

Supongo que esto se debe a que hay una nostalgia por el pasado. Actualmente las películas infantiles eran de animación y antes no era así. Mezclaban la realidad con dosis de fantasía como Los Goonies o Los Gremlins. En los ochenta se creó un nicho de cine infantil. Aunque ha sido una década muy criticada aportó muchas imágenes, historias y música que aún permanecen. Fue un periodo de mucha creatividad.

Claro y en tu caso lo relacionas con el momento actual, y la infancia perdida que padecen muchos niños por los contextos donde les toca vivir.

En muchas partes de México las circunstancias obligan a los niños a madurar antes de tiempo. Supongo también que crecer en lugares tan indomables como el desierto, los obliga a cuidarse antes de tiempo y a convivir con los peligros de manera más natural. Vuelvo al tema del espacio. El lugar donde creces marca tus miedos y fortalezas.

La propuesta visual de la película tiene algo de documental, ¿por qué?

Es verdad, quería tratar a la cámara como si fuera una persona en medio de la locación: hacer planos secuencia y paneos. La voz en off es un recurso literario que me sirvió para articular la narrativa. Al final quería una película simple que se redimensionara a partir del uso del desierto. El diseño de cámara fue improvisado, lo definí en función de lo que me vibraba el espacio.

En una película anterior ya habías trabajado con la improvisación.

Me gusta la improvisación porque siento que es una forma de jugar con la idea del destino y la suerte.

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