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Exposición explora el universo de muñecas, textiles y juguetes tradicionales mexicanos

El Museo de la Indumentaria reúne poco más 140 piezas, entre trompos, yoyos, canicas, papalotes, carritos, trenecitos, avioncitos y cocinitas, así como diversos textiles y fotografías de la Colección Luis Márquez Romay.

  • Redacción AN / HG
17 Mar, 2026 21:48
Exposición explora el universo de muñecas, textiles y juguetes tradicionales mexicanos

El Museo de la Indumentaria es sede de la muestra El mundo en miniatura. Muñecas, textiles y juguetes tradicionales mexicanos, dedicada al universo del juguete infantil tradicional mexicano.

El montaje está integrado por poco más 140 piezas, entre trompos, yoyos, canicas, papalotes, carritos, trenecitos, avioncitos y cocinitas aparecen aquí como detonadores de historias, destrezas y encuentros entre niños y niñas.

Más allá de su dimensión lúdica, el juguete tradicional funciona también como un primer sistema de aprendizaje cultural. A través del juego, los niños ensayan el mundo que observan a su alrededor: reproducen gestos cotidianos, imaginan viajes y aventuras, recrean el espacio doméstico y construyen pequeñas escenas de convivencia. En este proceso, el juego no inventa la cultura: la aprende, la interpreta y la transmite.

Dentro de este universo lúdico, la muñeca ocupa un lugar especial. En muchas comunidades de México, las muñecas tradicionales reproducen fielmente la indumentaria de sus regiones de origen. Confeccionadas en tela y vestidas con huipiles, rebozos, listones y bordados, estas figuras se convierten en un puente entre el juguete y el textil.

Son, en cierto sentido, textiles convertidos en juego: pequeñas representaciones de la identidad comunitaria que enseñan, desde la infancia, formas de pertenencia, cuidado y vida social.

Memoria y pertenencia

Las muñecas tradicionales indígenas constituyen una expresión relevante del patrimonio cultural, en la que convergen el juego, la identidad y la transmisión de saberes. En la exposición se integran ejemplos representativos de diversas regiones y grupos culturales, entre ellos otomíes, tzotziles, tehuanas del Istmo de Tehuantepec, rarámuri, amuzgas, triquis, seris, purépechas, tének, mazatecas, mixes, wixárikas, así como mazahuas, mestizas y de la comunidad chamula, además de las emblemáticas muñecas “Lupitas” de cartonería.

A través de estas piezas, la indumentaria femenina se reproduce en escala, conservando técnicas, materiales y diseños propios de cada contexto cultural. Más allá de su función lúdica, las muñecas operan como dispositivos de aprendizaje simbólico, donde la niña reconoce, apropia y proyecta su pertenencia cultural al identificarse con la vestimenta que portan —misma que remite a la de su madre, su abuela o su comunidad—. De este modo, se constituyen como un medio de continuidad intergeneracional, que refuerza valores, prácticas y memorias vinculadas a la vida cotidiana y a la tradición.

Esta relación entre juguete e indumentaria permite comprender que ambos comparten una misma función simbólica. Así como el textil indígena transmite memoria, cosmovisión y pertenencia, el juguete enseña roles sociales, habilidades y formas de relación con los otros. Ambos son lenguajes culturales que se aprenden desde la niñez.

La exposición reúne también una selección de seis fotografías de Luis Márquez Romay, cuyo trabajo documentó con sensibilidad distintos aspectos de la cultura mexicana. Sus imágenes permiten observar cómo el juego infantil, los juguetes y los objetos cotidianos forman parte de un paisaje cultural más amplio, donde la infancia participa activamente en la transmisión de saberes y tradiciones.

La mayoría de los juguetes  presentados han sido elaborados artesanalmente en madera, tela u otros materiales sencillos. Son piezas nacidas de las manos de artesanos que han preservado técnicas y formas transmitidas de generación en generación, recordándonos que el juguete tradicional es también una expresión viva del patrimonio cultural de México.

Esta exposición invita al visitante a reencontrarse con la experiencia compartida del juego: recordar canciones, cuentos, travesuras y objetos que habitan en la memoria de la infancia. En ese pequeño universo de miniaturas —entre muñecas, trompos y textiles— el juguete deja de ser únicamente un objeto y se convierte en testimonio cultural, puente entre generaciones y recordatorio de que la imaginación infantil continúa tejiendo la memoria colectiva.

La exposición de exhibe hasta el 2 de mayo, con horario de lunes a viernes, de 10 a 18 horas, sábados, de 10 a 15 horas. La entrada es libre.

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