opinión*
Dos décadas después: menos seguridad y menos libertad
Alegatos por Miguel Pulido
Foto: Alan Ortega/ Cuartoscuro

Por Miguel Pulido

Abro un archivo con noticias. Veo que la cosa está tensa en el Congreso. La oposición parece resistirse (sólo parece) a la intervención de las fuerzas armadas en el combate al narcotráfico. El PAN y el PRD cuestionan con cierta tibieza la medida. Aunque importantes sectores de la sociedad critican la idea. Principalmente los defensores de derechos humanos.

La respuesta parte de un diagnóstico, dicen los priistas: las policías están rebasadas, necesitamos un plan para reconstruirlas y poder enfrentar mientras tanto a la delincuencia. López Obrador y Felipe Calderón lanzan sus análisis. Los priistas los acusan de querer sacar raja política de una situación delicada.

El Presidente se arranca con declaraciones fuertes: “el marco jurídico se ha quedado corto para combatir al hampa”. “La mayor amenaza que tiene nuestro país en materia de seguridad nacional es el narcotráfico. Por eso en esta batalla no nos detendremos ante ningún obstáculo”. Los priistas, según leo, le aplauden su determinación y su valor. No es cualquier cosa. Con los Estados Unidos “presionando como nunca antes” en el tema hay que ser firmes.

Mientras, el Procurador General de la República tiene explicaciones. Se han descabezado grupos criminales. En el caso del de Sinaloa, con el Chapo preso, la violencia es por la sucesión. Bueno, además tiene que lidiar con la presión por las extradiciones y, en una reunión con los Ministerios Públicos de América Latina, dice estar encabezando una extraordinaria reestructuración de la PGR. Que la institución quedó rebasada y que está comprometido con su transformación.

¡Qué loco!

Aunque le parezcan de ayer, éstas son noticias de hace dos décadas. Están fechadas en 1997 y 1998. El Presidente entonces era Zedillo. Andrés Manuel López Obrador estaba en el PRD y Felipe Calderón era su homólogo en el PAN. Jorge Madrazo era el Procurador General de la República.

Cuatro presidentes, ocho legislaturas, sepa usted cuántos procuradores y veinte años después seguimos patinando en los mismos temas. Aunque con la cosa bastante peor. Las instituciones han acumulado un extraordinario desgaste, hemos invertido miles de millones de pesos, las cifras de muertes son de escalofrío y, con un detalle nada menor, con las libertades arrinconadas y bastante maltratadas.

Todo viene a cuento ahora que nos andan convenciendo de la necesidad de ceder a principios constitucionales y olvidar las libertades con la Ley de Seguridad Interior.

Recordar que empezamos cediendo poquito. Porque nos convenía y era temporal. En algún momento dejamos que las policías se pusieran en puntos de las carreteras y nos detuvieran sin ton ni son. Los llamamos retenes y –aunque su implementación era literalmente contraria al texto constitucional- nos acostumbramos a ellos.

Algún “intransigente” fue a la Corte. Ahí le dijeron que aguantara. Que un poquito de incomodidad en las libertades personales venía bien en función de otro valor: la seguridad. Como la cosa no mejoró, entonces nos pusimos más ocurrentes. Y aunque los militares ya tenían más de 50 años interviniendo en tareas discretas y concretas contra el narcotráfico, se nos ocurrió que era buena idea incrementar su rol. Se nos dijo, con Zedillo de Presidente, que era sólo de forma temporal y aprovechando la legitimidad de una institución que siempre ha servido a los mexicanos.

No cambió demasiado la cosa con Fox. Los militares por aquí y por allá, los retenes como parte del paisaje, las extradiciones como realidad y las promesas de reestructurar la PGR como música de fondo. Aunque ya con vuelo, y con los militares fuera de sus cuarteles, con Calderón de plano los agarramos de policías. Entonces nos acostumbramos a leer cifras de caídos, abatidos, muertos en enfrentamientos. Se nos repitió: la situación es delicada y la respuesta es sólo temporal. Hace ya más de 10 años de eso.

Ahora, el Ejército pide un marco normativo que regularice sus intervenciones en tareas de seguridad. Ahí va la bola de nieve. Con los retenes y los marinos haciendo las veces de oficiales de tránsito. Ya llevamos a la Constitución una práctica tan absurda como el arraigo, se han legalizado desproporcionadas formas de espionaje y retención de información personal y seguimos diluyendo las consecuencias de una práctica aberrante como la tortura.

Así que, cedamos. Total, aunque aún no hay soluciones, es temporal… y apenas llevamos 20 años haciéndolo.

Miguel Pulido

Miguel Pulido es abogado. Ha sido director de Fundar, profesor en la Universidad Iberoamericana y visitante en la Universidad de Yale. Actualmente participa en Antifaz (www.antifaz.org.mx) un proyecto que busca abordar críticamente los asuntos públicos, las élites políticas y las dinámicas de poder.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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