Fernando del Paso en sus propias palabras
Recuperamos fragmentos de algunas entrevistas concedidas por el escritor mexicano recién fallecido.
(FCE).

Por Héctor González

Tal vez con la muerte de Fernando del Paso, la literatura mexicana pierde a su último autor canónico. Lo fragmentario de los tiempos hará más complicada la existencia de escritores con una obra tan dominante como él, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Sergio Pitol o José Emilio Pacheco. Sin embargo, algo que hace más singular el caso del autor de Noticias del Imperio, es que no fue un autor prolífico. Cuatro novelas, algunos títulos más de ensayos, algo de teatro y poesía, integran el corpus de un escritor que supo tender un puente entre la historia de México y la ficción.

A continuación, recupero fragmentos de algunos de los encuentros que tuve con el escritor recién fallecido y que creo, dibujan su relación con la literatura.

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“El autor y el libro que detonó mi vocación literaria incluyendo toda la prosa y el ensayo, fue El rayo que no cesa del poeta español, Miguel Hernández; con él descubrí cierta forma de lenguaje, aunque ya desde niño amaba la palabra y escribía poemas. De joven hice una novela que nunca terminé y que desgraciadamente no guardé, a partir de eso surgieron los sonetos publicó Juan José Arreola en 1958, en Cuadernos del unicornio. Luego seguí con un cuento y posteriormente con otra cosa que yo pensé también sería un cuento, era José Trigo, que luego se hizo un cuento largo, después una novela corta, posteriormente una novela inmensa y finalmente una pesadilla”.

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Juan Rulfo fue de mis grandes maestros. Me enseñó el arte de leer la novela. Tenía una erudición absolutamente fantástica como lector de novelas, no sólo en lengua hispana sino también inglesa, rusa, danesa. Se había leído todo. Gracias a sus pláticas aprendí el arte de leer la novela, no como un lector común y corriente, sino como alguien que quiere participar en el arte de publicar”.

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 “Después de publicar Noticias del Imperio, consideré que había dado lo máximo que podía en novela. Sólo agregué Linda 67, como un ejercicio que respondía a un reto muy antiguo que había nacido a partir de la amistad con Álvaro Mutis, quien me dijo que yo no podría escribir una novela policiaca porque para eso se necesitaba una vocación especial. Creo que tenía razón porque al final de cuentas no resultó una novela policiaca sino un thriller. Pero no me arrepiento de haberlo escrito, me parece un bonito libro. Cuando uno considera que ya dijo todo lo que tenía que decir para qué exponerse a escribir un libro malo, nada más por escribir”.

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“La disciplina ha cambiado con el tiempo, pero desde hace tiempo escribo casi todos los días.  Desde que comencé a escribir y trabajaba en la agencia de publicidad hasta mi regreso a México después de haber estado en la BBC de Londres, la embajada de México en París y el servicio diplomático en general, me resultaba muy difícil tener una disciplina porque los horarios laborales se imponían. Bueno, corrijo, durante mi estancia en la BBC sí pude disciplinarme un poco porque la mayor parte del tiempo pedí el turno nocturno, lo cual quería decir trabajar de diez de la noche a cinco de la mañana durante tres noches seguidas. Ahora soy mayor, pero la escritura se mantiene. Podría decir sin duda, que mi disciplina ha estado regida por la necesidad imperiosa de escribir, mas no de publicar”.

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“Mi trabajo en la agencia de publicidad me aportó una cultura mundana muy importante. Independientemente de que me sirvió mucho para un capítulo de Palinuro de México y para Linda 67, me dio una visión del mundo y de la mundaneidad muy real”.

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“Debo ser una persona complicada y me gusta complicar las cosas. Así se han desarrollado mis tres novelas un poco monstruosas y en las que di todo lo que podía. Por eso quedé agotado del género, más no de escribir”.

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“Suelo decir que me casé con la literatura y mi amante ha sido la historia. He tenido una pasión muy grande por la historia, desde que me enteré, de muy niño que mi tío bisabuelo fue Francisco del Paso y Troncoso. Ese amor ha producido y ha tenido como consecuencia que he pasado muchos años caminando por la cuerda floja y tratando de no caer en uno u otro lado totalmente. He podido combinar esas dos pasiones en mis tres novelas. En José Trigo, sale la Cristiada y las represiones ferrocarrileras y obreras; en Palinuro de México, aparece la Revolución, la Primera Guerra Mundial y el 68; y en Noticias del Imperio, sin duda la más histórica, figura Santa Anna.  Saber combinar ambos elementos cuesta trabajo, porque no solamente el lector, sino también el autor, pierden un poco la noción de dónde comienza la historia y dónde termina la ficción y viceversa”.

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“Cuando uno escribe una novela histórica lo más importante es la verosimilitud y a partir de esto uno puede jugar muchísimo. El historiador no tiene sino una voz que es la suya, no puede inventar narradores, él es el narrador; en cambio el novelista puede inventar muchos narradores y eso le da una variedad y riqueza muy grande que a su vez le permite ser imperfecto”.

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“Siempre he tenido una lucha interna sobre si dedicarle más tiempo al dibujo o a la literatura. Al final gana la escritura. Y la realidad es que entre sí no se complementan en nada. Son sólo dos actitudes con las que mi vida funciona mejor”.

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