Odebrecht: en corrupción también hubo alternancia, artículo de Irma Sandoval
El enorme entramado de sobornos por parte de la constructora brasileña salpica por igual a los gobiernos del PRI y del PAN, sostiene la autora.

Odebrecht y la corrupción PRIANista

Irma Eréndira Sandoval Ballesteros*

Las nuevas revelaciones sobre los 10 millones de dólares que habría recibido Emilio Lozoya de parte de la empresa Odebrecht dejan al descubierto a quien debe Enrique Peña Nieto su silla presidencial y por qué impuso a costa de su propia popularidad nacional e internacional la repudiada reforma energética privatizadora. Los compromisos eran muy claros y con ellos se jugaba todo.

Las declaraciones juramentadas respaldadas con información documental probatoria de diversa índole (de tres de los más importantes ejecutivos de ese conglomerado: el propio ex director de Odebrecht-México: Luis Alberto de Meneses, y Luiz Mameri e Hilberto da Silva) implican sin ambages al propio Presidente de la República en funciones.

Peña Nieto recibió personalmente al Director General de la empresa, Marcelo Odebrecht, hoy preso por corrupción, en Los Pinos el 1 de octubre de 2013. Durante las semanas siguientes fluían los pagos más jugosos de Odebrecht a las cuentas en paraísos fiscales en el caribe y en el principado de Liechtenstein, hasta que en febrero de 2014 la empresa recibiera, por adjudicación directa, un contrato con PEMEX-Refinación por la cantidad de 1,436 millones de pesos para realizar trabajos en la refinería ubicada en Tula, Hidalgo.

Pero el flujo de efectivo inició desde antes. Los medios internacionales informan que durante plena campaña presidencial 4 millones de dólares fueron gestionados por Lozoya, quien en ese momento fungía como coordinador de asuntos internacionales de Peña Nieto. Empieza a destaparse la enorme cloaca de financiamiento ilegal de la campaña PRIista de 2012, jamás investigado por las autoridades electorales pero que la Comisión MONEX de la Cámara de Diputados estimó que alcanzó por lo menos la cantidad de 4 mil 500 millones de pesos.

Peña Nieto tiene la obligación moral de ponerse a disposición de la justicia, junto con su operador y oscuro recaudador Lozoya, quien ya acumula en su corto currículum como servidor público una larga historia de escándalos financieros. Con Odebrecht, OHL, Swiss Leaks, Panamá Papers, una y otra vez el nombre de este tecnócrata gris surge protagonizando los más obscenos casos de corrupción.

Recuérdese que en 2013 Hervé Falciani, ex director de informática en HSBC Suiza, señaló que habían 2642 clientes mexicanos involucrados en el escándalo de “Swiss leaks”, entre ellos destacaba evidentemente Emilio Lozoya Austin. En 2016 Lozoya vuelve a aparecer, ahora con el escándalo de los Panamá Papers, como un político involucrado en la creación de empresas y manejo de fortunas en paraísos fiscales. Las filtraciones documentales de entonces demostraban que Lozoya buscó establecer relación con el despacho de abogados Mossack Fonseca, para crear una sociedad de blanqueo de capitales con la firma panameña a través de Dubai.

En esa ocasión a través de su cuenta de Twitter, el ex director de PEMEX emitió un escueto comunicado en el cual acepta tácitamente sus corruptelas: “Es posible que en alguna transacción antes de ser funcionario público, cierta contraparte empresarial con la que haya tratado a nivel internacional, intentó crear esta estructura, lo cual, de ser el caso, nunca se concretó”, reconoció.

Hoy en este nuevo episodio de corrupción estructural Lozoya de forma cínica acusa de mentirosos y amenaza con demandar a los reconocidos medios de comunicación Proceso, Reforma y Aristegui Noticias.

Este caso es también emblemático de la alternancia de la corrupción PRIANista. El enorme entramado de sobornos por parte de la constructora brasileña salpica por igual a los gobiernos del PRI y del PAN. Por ejemplo, ya conocíamos que Felipe Calderón hizo un corrupto convenio con Braskem, una filial de Oderbrecht, para que PEMEX le suministrara 66 mil barriles diarios de gas etano a “precios preferenciales”. Los contratos de esta transacción han sido reservados como confidenciales y se mantendrán en secreto por 25 años.

No contento con haber regalado el valioso etanol de los mexicanos, Calderón también dio otros dos apoyos a Odebrecht. Las bancas de desarrollo mexicanas le otorgaron créditos a la filial Braskem, uno de Nacional Financiera por la cantidad de 280 millones de dólares y otro del Banco Nacional de Comercio Exterior por 120 millones de dólares. Así como Peña Nieto recibió personalmente a Marcelo Odebrecht en Los Pinos, en 2011 Calderón también lo recibió en la residencia presidencial y lo agasajó con una lujosa cena, como si se tratara de un jefe de Estado.

El nuevo escándalo protagonizado por Peña Nieto y sus tecnócratas demuestra lo que ya todos sabemos y padecemos, que estamos siendo mal gobernados por una camarilla de “chicos del pizarrón” formados en universidades privadas y extranjerizantes que no conocen límites al ejercicio de su poder y que abusan del mismo. José Antonio Meade, quien como Secretario de Hacienda de Calderón durante la campaña presidencial de 2012 conoce bien las estrategias de alquimia financiera utilizadas por su ahora jefe durante su campaña, ahora se prepara para dar continuidad al mismo linaje de corrupción PRIANista. No por nada en este grave episodio de corrupción ha optado por no dar declaración alguna a la prensa.

Los niños bien de la corrupción público-privada que caracteriza al neoliberalismo del régimen actual, han resultado ser más dañinos, más avariciosos y más cínicos que sus antecesores dinosáuricos del viejo PRI-Estado.

 *Coordinadora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia del Instituto de Investigación Sociales de la UNAM. Twitter: @Irma_Sandoval

 

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