‘Nunca diría que un libro mío es bueno’: Alejandro Zambra
El escritor chileno publica por primera vez en México, su poemario ‘Mudanza’.
(Ediciones Antílope/Redacción AN).

El chileno Alejandro Zambra (Santiago, 1975) vive una época mudanzas. No sólo se trasladó a vivir a México, también comenzó a circular en México, y por primera vez, su segundo poemario titulado Mudanza (Ediciones Antílope). “A partir de este libro comencé a escribir por escribir, no para publicar”, recuerda el autor de Bonsái y Formas de volver a casa.

Mudanza fue su segundo poemario, ¿se sigue leyendo en él?

Sí, con el primer poemario no, pero con éste sí. Escribí Mudanza a los 25 o 26 años, una edad rara porque ya no puedes apelar a la juventud. Sentía que ya se había acabado esa etapa y estaba muy concentrado en escribir algo llamado bonsái y que formalmente no tuvo nada que ver con la novela Bonsái que publiqué años después. Sin darme cuenta apareció un ritmo como de mudanza, una prosa administrativa. Así surgió un poema muy fluido, dividido en seis fragmentos y que no tenía relación con lo que había hecho antes. Le tengo mucho cariño porque fue el primer libro que se me salió de las manos.

En el prólogo de la edición española escribe Raúl Zurita que en Mudanza está el germen de libros posteriores.

Es un libro muy prosaico. Por primera vez está la voluntad de narrar y el deseo de contar un relato que no tenía más propósito que existir. Hay viajes, regresos, reencuentros, hay muchos movimientos ligados a historias que no se cuentan del todo. Uno podría decir que siempre escribe el mismo, libro pero yo diría que uno cambia como también cambia su posición en el mundo.

Yo diría que es una especie de puerto partió rumbo a la narrativa…

Cierto. Nunca volvía publicar poesía aunque en mis otras narraciones hay una intención poética. Hasta antes de Mudanza tenía la disposición de escribir poemas, pero su escritura me dejó la enseñanza de entender la estructura como un hábito. Me sentaba a escribir sin importar lo que pasara. Me hice más entregado al ejercicio mismo. A partir de Mudanza comencé a escribir por escribir no para publicar.

¿Cuál es la diferencia en términos de actitud entre escribir por escribir y escribir para publicar?

Creo que la diferencia radica en la capacidad de entrega al ocio y a la negación del negocio. No tiene que ver con seguridad. La inseguridad es la norma porque nunca estás seguro del valor de lo que haces.

¿Le sucede todavía a pesar de los elogios que recibe y que no son pocos?

Sí, dependo mucho de mis amigos. Hay opiniones adversas que me sería muy difícil tolerar, de amigos en quienes confío mucho.

Es curioso que Verónica Gerber escriba el prólogo de la edición mexicana. Ella tiene un libro también llamado Mudanza donde también se habla del traslado de una disciplina a otra.

Sí, a mi me gustó mucho su libro Conjunto vacío. Al momento de planificar el libro fue bueno atender a las coincidencias. A ella le llamó la atención mi libro porque tenía uno homónimo. Ambos reflexionan sobre una mudanza de oficio.

Chile es un país de poetas, ¿en la mudanza a la narrativa pesó la tradición poética de su país?

Sí, es una tradición muy fuerte. La poesía es el gran mito de la literatura chilena. Creo que los narradores somos más solitarios porque la poesía sí se expresa como una comunidad. Además de Huidobro o Mistral, tuvimos al superstar llamado Pablo Neruda y el antídoto, Nicanor Parra. Ahí se generaron dos tradiciones muy poderosas que se pueden entender siguiendo la imagen de la tradición de la ruptura. El superhéroe de mi generación fue Enrique Lihn y su némesis, Jorge Teillier, ambos de moda entonces. Me crié en ese mundo.

Ahora Roberto Bolaño es una sombra muy pesada en términos de narrativa.

Su aparición fue muy afortunada. La aparición de La literatura nazi en América en 1996 fue un suceso pero a la vez Bolaño era un lector de Parra, Lihn y Zurita. Recién en Chile se expusieron unas cartas con Soledad Bianchi, son muy divertidas porque ahí leemos hasta qué punto estaba inmerso en el mito de la poesía chilena. He de reconocer que entonces yo desdeñaba la narrativa contemporánea, tal como suelen hacerlo los poetas. Leía clásicos, no las novedades, ni leía a Fuguet o Ray Loriga.

¿Gracias a la narrativa se reconcilia o llega a estos autores?

No, a ellos nunca llegué. Cuando empecé a hacer crítica leí novela contemporánea, pero en realidad nunca he sido un lector de novedades.

¿Casi veinte años después que le provoca Mudanza?

Es un libro muy melancólico y en ocasiones hasta me sorprende, pero sí me reconozco y lo suscribo todavía. Nunca diría que un libro es mío es bueno, tampoco. En lugar de corregir prefiero escribir otro.

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