'La realidad desenmascaró a Peña Nieto como un priista antiguo': analista Daniel Kerner - Aristegui Noticias
‘La realidad desenmascaró a Peña Nieto como un priista antiguo’: analista Daniel Kerner
El coautor del libro ‘Aplauso perdido’ señala que la corrupción es la marca de este sexenio.

El trabajo de Daniel Kerner consiste en analizar la realidad latinoamericana, en particular la mexicana para dar consultorías. Al frente de Eurasia Group para América Latina está atento al escenario político nacional. Producto de sus estudios es el libro Aplauso perdido (Turner), escrito junto con Carlos Petersen.

Ambos especialistas hacen un recuento de lo que fue el sexenio de Enrique Peña Nieto. Su balance atraviesa por el Pacto por México, las reformas estructurales, la Casa Blanca y Ayotzinapa.

Su diagnóstico del gobierno priista se adelanta desde la portada donde se muestra al presidente de cabeza y con un título que alude a aquel episodio del 3 de febrero de 2015 cuando en un evento Peña Nieto comentó sobre los periodistas, “ya sé que no aplauden”.

¿En qué momento perdió el aplauso Peña Nieto?

A su regreso al poder en 2012, el PRI llegó con la idea de que el PAN no había resuelto los problemas ni hecho reformas importantes para el país. Peña Nieto llegó con el eslogan “Mover a México”. Al comienzo de su administración creó el Pacto por México para impulsar las reformas estructurales. El componente político de su proyecto era el fortalecimiento del poder presidencial porque tras dos sexenios panistas existía la idea de que había perdido poder a expensas de los poderes fácticos. Para el PRI esto implicaba restablecer el antiguo régimen. La idea por si sola estaba destinada a fracasar porque la sociedad había cambiado.

En principio parecía tener una importante capacidad de negociación.

Incluso muchos votantes pensaban que el PRI era el partido que sabía hacer las cosas. En sus primeros dos años Peña Nieto proyectaba la imagen de un presidente resolutivo. Su error estuvo en pensar que había reconstruido la presidencia imperial. Apenas se aprobó la reforma energética se quedó sin agenda y pronto le entraron varios golpes, los más fuertes Ayotzinapa y la Casa Blanca. Además, se rompió la tersa relación con los empresarios porque la reforma hacendaria los obligaba a pagar más impuestos.

¿Me está diciendo que Peña Nieto y el PRI estaban desfasados?

Sí. La realidad lo desenmascaró como un priista antiguo. Las reformas finalmente son la conclusión de un proceso que empieza con De la Madrid, lo paradójico es que cuando terminó el ciclo neoliberal ganó la izquierda.

Aunque las reformas no han dado los resultados esperados. ¿Hubo un error en el diagnóstico?

El gobierno no supo transmitir que el impacto de las reformas se iba a sentir, con suerte, en la siguiente administración. Esto generó enojo en el electorado. Ahora paga más impuestos, más electricidad y gasolina. Los tecnócratas no supieron calcular los efectos inmediatos.

Durante el sexenio de Peña Nieto el dólar se ha incrementado 49.2% y la gasolina 59%; además el crecimiento de la economía no llega al 3%…

Esa es la paradoja que él no resuelve internamente. Negoció y sacó las reformas que le dijeron que eran necesarias. Peña Nieto no es un tecnócrata y a pesar de eso los votantes no lo quieren. La campaña de Meade manejó la narrativa de un gobierno que no entendía qué pasó. Ni siquiera hicieron un diagnóstico adecuado de lo que quería la gente. Fue efectivo en hacer las reformas pero no a la hora de generar resultados.

Por si fuera poco se incrementó la inseguridad.

Aquí también falló. Al principio la estrategia fue centralizar todo en la Secretaría de Gobernación e impulsar una política de comunicación centrada en hablar de lo bueno. Al final no se manejaron bien las cosas y se terminó sin estrategia. No supieron cumplir la función esencial del Estado, que es garantizar la seguridad de la población.

¿La corrupción es el tema por el cual será recordado este gobierno?

Sin duda. Su popularidad se desploma con la Casa Blanca. En lugar de reconocer que había algo raro, respondió diciendo: “A mí no me pueden cuestionar”. Incluso Ayotiznapa no es sólo un problema de seguridad, tiene un contexto de corrupción y violación a los derechos humanos. Al final del sexenio predomina la idea de que todo está mal.

¿Cómo quedó el PRI tras las elecciones?

Muy mal. Hasta ahora, aun en sus peores momentos había mantenido una presencia fuerte en los estados y el Congreso. En cambio ahora la marca quedó muy debilitada. Lo más llamativo de las elecciones no es que ganara López Obrador, sino la forma en que ganó.

La gestión de Donald Trump no ayudó…

No, fue casi la tormenta perfecta. Peña Nieto hizo un pésimo manejo de la coyuntura. Por un lado, el PRI ganó el Estado de México y por el efecto Trump la élite se reagrupó, pero una vez más hicieron una mala lectura y no se dieron cuenta de que entre la gente no había un cambio entre la percepción.

AMLO llega con unas expectativas altas. ¿Qué tipo de señales está enviando?

Con la política social le irá bien, tiene planes importantes que podrá sacar adelante con la mayoría en el Congreso. Su mayor desafío será erradicar las prácticas de corrupción así como el tema de la seguridad. Curiosamente Peña Nieto le entrega el mando a la persona que más se opuso a las reformas estructurales. No obstante, creo que las de telecomunicaciones y hacendaria, se mantendrán; la educativa sí dará marcha atrás; en la energética veremos una disputa interna interesante, quizá esta es la de mayor impacto económico. No creo que la revierta totalmente, pero sí la aplicara lentamente.

¿Qué expectativa tiene de la relación con Trump?

A Trump le gustan los líderes fuertes y con ideas, así que puede caerle bien. El problema es que el presidente estadunidense sigue culpando a México de muchos de los conflictos internos. A López Obrador le costará más no responder a provocaciones. Creo que regresará a la política tradicionalmente mexicana de no intervención. Con Estados Unidos veremos una relación difícil. De aquí a las elecciones de noviembre en Estados Unidos no veo concesiones para el TLC y después dependerá de cómo queden las cámaras.

¿Qué señales ha enviado a los empresarios?

En sus primeros discursos AMLO ofreció estabilidad en la transición y en la macroeconomía. En sus primeros días ha tenido varias reunidos con empresarios para limar asperezas, pero creo que una vez que llegue a la presidencia las cosas se complicarán.

La agenda derechos humanos será un reto, se esperan avances en casos como el de Ayotzinapa o Nochixtlán.

La relación con la base más de izquierda lopezobradorista no será fácil. Por ser alguien sistémico intentará quedar bien con todos. No sé qué tanto podrá avanzar en el caso Ayotzinapa sin tocar intereses de grupos de poder. En el tema de corrupción sí tendrá que dar resultados. La victoria de López Obrador es parte de una tendencia mundial que registra un enojo de los votantes con el estatus quo. En casi todos los países donde se implementaron las reformas neoliberales los resultados han sido malos, en consecuencia la mayoría de los países de América dieron un giro a la izquierda, a México aunque tarde ya le llegó la hora de vivir este proceso.

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