“El terror es el tuétano de la vida y del mundo que estamos viviendo”: Elaine Vilar Madruga
En entrevista la autora de ‘El cielo de la selva’ apunta: “el mundo contemporáneo es una distopía, se nos desmorona entre las manos y si no queremos seguir en la espiral autodestructiva necesitamos darnos cuenta de eso”.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
¿Cómo sería vivir en una selva en la que las mujeres deben parir y criar a sus hijos para volverlos alimento para la naturaleza? En este escenario aterrador y distópico, la escritora cuba Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989) sitúa El cielo de la selva (Elefanta), su novela más reciente.
Inscrito dentro del género de terror, el relato plantea una naturaleza que revierte el daño ocasionado por el ser humano, pero al mismo tiempo habla de las relaciones familiares, no pocas veces turbias. Ganadora del Premio Nollegiu a la Mejor Novela en Español, la obra nos lleva por un entramado donde lo salvaje y el delirio, son cosa cotidiana.
Te gustan las historias familiares complicadas, ¿por qué?
De alguna maneta todas las familias lo son y las que menos lo aparentan resultan ser las más complicadas. Me gusta escarbar en el secreto familiar porque es una forma de hacer justicia con los muertos, pero también con los vivos. Por otra parte, me permiten construir personajes llenos de preguntas y en encrucijadas. Me parece un divertimento ver a la familia como este caldo inmerso en una olla de presión que pone a prueba a la humanidad.
¿Hay un ejercicio de expiación personal?
Sí, investigo mucho sobre mis orígenes familiares. De 2015 me empecé a obsesionar con el secreto o lo no contado. Hoy sé que los relatos familiares son grandes ficciones. He desarrollado una investigación larga y que en ocasiones me ha llevado a callejones sin salida porque el tiempo es implacable, de modo que cuando llegué a zonas en las que ya no pude avanzar use el artificio de la ficción para construir historias.
En El cielo de la selva hay también una desacralización de la naturaleza y en ese sentido me recuerda a libros recientes de Pilar Adón o Pilar Quintana.
Estoy a favor de todas las desacralizaciones, políticas, religiosas, de las familias, incluyendo a la naturaleza. Me interesa pensar en el territorio de lo amoral, de lo que no es humano, donde no hay un bien ni un mal absoluto. El cielo de la selva es por eso, una novela de terror.
De terror en tanto que la naturaleza es o puede ser salvaje.
Sí, mi tesis con la novela es qué sucedería si la naturaleza nos devolviera la misma rapacidad que en el mundo contemporáneo vertemos sobre ella. Pero también quería cuestionar el lugar que ocupamos como seres humanos dentro del entramado natural, como un ser destinado a sangrar, a morir y a intentar sobrevivir incluso en las circunstancias más adversas.
¿A dónde te llevó esta reflexión?
A entender mejor qué lugar ocupo y a no creernos que somos los primates privilegiados de la evolución. Somos un animal más dentro del entramado natural, pero un animal demasiado rapaz. El mundo contemporáneo es una distopía, se nos desmorona entre las manos y si no queremos seguir en la espiral autodestructiva necesitamos darnos cuenta de eso.
¿Por qué el terror para hablar de esto?
El terror es parte del mundo real. Una vez que cruzamos las puertas de la ficción y la realidad, nos damos en cuenta que este mundo da miedo y es más difícil. Vivimos en un mundo marcado por el colonialismo y por formas cada más explícitas de violencia. El terror es el tuétano de la vida y del mundo que estamos viviendo. Y me interesa que mi escritura refleje esto de la forma más verosímil posible.
Además, hoy el terror está muy relacionado con el realismo en Latinoamérica. Ahora mismo hay varias escritoras importantes inscritas dentro de este género.
Quizá los límites de lo real en América Latina no están tan definidos como en otras partes. Aquí hay un extremo de opacidad entre la realidad y la ficción. Nuestra región está marcada por lo insólito y en lo insólito, el terror tiene un papel primordial.
En tu caso ahora es más explícito, si comparamos esta novela con La tiranía de las moscas, hay una diferencia importante.
Una se va radicalizando con el tiempo. Escribí La tiranía de las moscas en 2020, cuando el mundo empezaba a cambiar, es un libro de tiempos de pandemia, por eso es una obra claustrofóbica, en cambio El cielo de la selva es una novela postpandémica, de cuando el mundo alcanzó un nuevo equilibrio marcado por un giro terrible hacia los neofacismos y la despolitización. Ahora viene La piel hembra que planteará la estructura del nuevo orden y que espero salga pronto.
¿Tus libros circulan en Cuba?
En 2023 fue la última vez se publicó un libro mío, fue un título de 2019. Tengo muchas ganas de que una editorial de mi país se anime a publicar La tiranía de las moscas o El cielo de la selva.
¿Compartes la visión desangelada que hay en tus libros?
Soy un poco distópica, quisiera de corazón imaginar mejores mundos posibles, pero no los veo venir y mientras así sea no puedo mentir en mi literatura. No puedo presentar mundos utópicos o benefactores si no los vislumbro. Por ahora seguiré escribiendo obras que sigan cuestionando la realidad.
¿Tu familia qué dice que tus libros?
Mi familia lee poco mi literatura. Mi esposo trata de leer casi todo, mi madre es psicóloga y me lee entre líneas y creo que se asusta un poco. Imagínate, y mi esposo es psiquíatra.
Para la próxima mejor los entrevisto ellos…
Seguro sería más interesante y darían mejor material (risas) independientemente de eso se alegran de mis éxitos.
