‘No hay nada bueno que esperar de las elecciones en Guatemala’: Rodrigo Rey Rosa
Uno de los escritores más respetados del idioma, habla de su nueva novela ‘El país de Toó’.
(Alfaguara).

Por Héctor González

Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es un escritor que no se anda por las ramas. Sus cuentos y novelas se distinguen por ser precisos y macizos. Alumno de Paul Bowles, tiene una forma de narrar la violencia que bien se puede emparentar con el brasileño Rubem Fonseca.

Discreto y ajeno a los reflectores, se ha ganado la admiración a partir de sus libros y no pasarelas mediáticas. Su obra más reciente, El país de Toó (Alfaguara) plantea el conflicto entre los indígenas, para mayor precisión los mayas, con los grandes intereses económicos.

Crítico de la situación de su país, Rey Rosa se asume como un escéptico de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales a celebrarse el próximo 11 de agosto, y que confronta a la candidata socialdemócrata Sandra Torres con el conservador Alejandro Giammattei.

El país de Toó es quizá una de sus novelas más abiertamente políticas. ¿Es momento de no andar con medias tintas?

Lo que me llevó a escribir esta novela no es muy diferente de lo que me llevó a escribir las anteriores.  En primer lugar, el puro deseo de escribir. Aunque es claro que este deseo puede manifestarse de distintas maneras. Una idea que parece fértil, la disponibilidad de tiempo para ponerla en el papel, la costumbre. En cualquier caso, creo que nunca es buen momento para medias tintas.

La novela plantea un conflicto tan añejo como vigente en América Latina: grandes intereses económicos vs. comunidades indígenas. ¿Qué sucede que seguimos sin conciliar los polos?

Pues, lo de siempre. Quizá esos polos no pueden reconciliarse nunca.

¿Por qué reivindicar a los mayas ahora?

No es tanto que ahora sea mejor o peor que ayer para involucrarse en una historia, acerca de gente maya o de cualquier otro grupo. En mi caso, antes no tuve amistades con gente maya que me permitieran acercarme tanto a sus maneras de ver las cosas, a su vida comunal, de manera directa. Todo en ese respecto era, por así decirlo, de oídas, como de segunda mano. El libro está dedicado a las personas que, a través de la amistad, me han permitido adentrarme un poco en ese mundo.

Usted y Rubem Fonseca con contundentes y concretos al momento de narrar la violencia.

Eso es algo que se da nada más y así ha sido desde mis primeros cuentos. No reflexiono casi nunca al respecto. Supongo que en Guatemala como en Brasil la violencia es pan de todos los días.

Me parece interesante el pulso oral de los diálogos y la fidelidad a las capas o grupos sociales. ¿Cómo trabaja la oralidad en su escritura?

No pienso mucho en estas cosas, en cómo hago esto o aquello. Digamos que hago lo mejor que puedo con lo que tengo a mano, con lo que oigo y veo. Y también, claro, con lo que leo, en los diarios o en los libros.

Los autos, los mayas, los mineros, incluso un personaje como El Cobra, creo que aportan a la novela tiene una dimensión simbólica importante.

La verdad es que este tipo de lecturas las voy descubriendo a medida que la historia se desarrolla, a medida que voy escribiendo.

El Cobra refleja la contradicción entre quien lo contemporáneo y lo seductor del simbolismo indígena.

Me parece que ese movimiento hacia lo interior en lugar de lo exterior, es decir, en este caso, hacia el mundo maya en lugar de hacia el Norte, es algo muy interesante. Es posible que sea una salida que nos permita entendernos un poco mejor sin renunciar a lo que somos.

El 11 de agosto se realizará la segunda vuelta por la presidencia en Guatemala, país en donde algunos ubican uno de los dinamismos sociales más interesantes de la región.

Creo que ese interés radica en el fuerte elemento maya que hay en Guatemala. Desafortunadamente no hay nada bueno que esperar de esas elecciones. Los dos candidatos finalistas me parecen nefastos. Será como escoger entre la olla y la sartén.

La crisis migratoria que se vive particularmente en la frontera con México, ¿qué incidencia puede tener en las elecciones?

Creo que no incidirá mucho realmente, pero como le decía, en estas elecciones se trata de elegir entre dos males.

Desde México se ha hablado de un plan regional a fin de detener el flujo de migrantes, ¿esto es lo más cercano que se podría estar de la confederación de Estados centroamericanos acerca de la que usted se ha manifestado partidario?

Creo que esa confederación, si hubiera tenido lugar hace un siglo o dos, habría beneficiado a esos pequeños países-fincas. Hoy en día -bueno, tal vez también sería un poco mejor estar unidos-, es difícil pensar que podríamos estar peor, aunque es posible, claro. ¡Siempre se puede estar peor!

En este sentido, ¿qué saldría de unir a México, Guatemala, Honduras o Nicaragua?  

En cierta manera, creo que partes de México, como Chiapas y la región de Yucatán, son extensiones de Guatemala, y no al revés, al menos culturalmente y desde el ángulo maya. En cualquier caso, detesto las fronteras, sobre todo esas fronteras trazadas con regla, como las que separan a Huehuetenango y el Quiché de Chiapas o al Petén de Campeche, Tabasco y Belice. Creo que esa unión que usted menciona, borraría algunas de esas fronteras tan caprichosas, así que es una idea que no me disgusta.

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