‘Orange road’, una novela distópica de Isaí Moreno
El escritor cuestiona los sectarismos en su nuevo libro.
(Redacción AN).

Por Héctor González

El objetivo de la hermandad del éter es consumar un acto terrorista. Para conseguirlo deberá pasar por una serie de retos que pondrán a prueba la lealtad de sus fieles. A partir de una reflexión sobre los sectarismos, Isaí Moreno (Ciudad de México, 1967) pone en cuestión a los fanatismos y sus implicaciones. Su novela, Orange road (Nitro Press), se erige como una obra distópica que de manera subrepticia tiene mucho que decirnos del México contemporáneo.

¿Cuál es el origen de Orange road?

Nació de un intento por explorar mi pasado, un pasado relacionado con experiencias como las de Luis, el protagonista, en una secta religiosa.

¿Perteneciste a una secta?

Sí, una secta que predicaba cosas como la negativa a las transfusiones religiosas. Dice Bertrand Russell que cuando dejas de creer en Dios, crees en cualquier cosa. Cuando me volví aséptico a esta fe primaria heredada por mi familia, busqué otras cosas. Pasé por los gnósticos esta gente que hace hipnosis, predice el futuro por el tarot y hace prácticas rarísimas. La novela nació de mi interés por narrar eso. Inicié por dos palabras que llegaron a mi cabeza: Orange road. Me fascinó la idea de explorar lo que había en un sendero naranja que terminó siendo una carretera. Quería que fuera un trayecto lineal como sucede en La puerta en el muro, el libro de Francisco Tario. Sin compararme con él, por supuesto.

Aunque sí hay bastante de la atmósfera de Tario, de hecho, es una novela muy atmosférica.

Para mí es fundamental que una novela tenga atmósfera y eso se consigue con el lenguaje. Cuando tienes una sustancia mínima narrativa, como sucede en este caso, la valía del relato está en la atmósfera. Quería que Orange road fuera además de una carretera o una sensación interior, incluso un estado del alma en el que se aspira a la perfección o al fanatismo mismo.

En lo personal me quedo con la sensación de un libro distópico.

Claro, hay una distopía o una preparación para ella. Me parece que la distopía vinculada al fin del mundo es fascinante. Los apocalipsis que se escribieron en la época de San Juan se convirtieron en un género y en todos ellos hay una fascinación sobre cómo contar la destrucción del mundo al mismo tiempo que la revelación. Ambas siempre van de la mano y se han mantenido hasta el presente. En el cine es muy evidente, aunque Jesús Ferrero tiene libros extraordinarios sobre esto.

Obedece también al pulso de tiempo y al desencanto de la época.

Claro. La novela refleja el final de los años noventa, una época de absoluta desesperanza y sufrimiento existencial. Debido al fin del milenio muchos grupos se ocupaban de la espera del Armagedón.

Como trasfondo de la novela me hizo recordar la frase de Marx: la religión es el opio del pueblo.

Es interesante la observación porque podríamos cambiar el opio por éter.  Ambas sustancias de alguna manera prometen la sensación de iluminación que a otros les puede tomar años. Hay teorías de la física que consideran que el éter era el medio por el cual se propagaba la luz. Además, estas es un término fascinante que alude a lo etéreo.

Y que remite a la física o a la matemática que son parte de tu formación primaria.

La física y la matemática son parte de mi primera formación, antes que las letras incluso. Cuando hice mi primera novela estaba en mi doctorado en matemáticas de modo que quizá sea natural.

¿La matemática tiene relación con el acto creativo?

Cuando redactas un teorema intentas que tenga la máxima precisión. Las novelas de Milan Kundera por ejemplo tienen algo de eso. Empiezan planteando una tesis de trabajo y luego por medio de la historia llegan a una especie de premisa. Es decir, la redacción de un teorema implica mucha claridad de pensamiento y ruego a los dioses que yo tenga algo de eso. A veces pensamos que la matemática es sólo números, pero también es escritura.

Parte de esa claridad se manifiesta en los aforismos…

Fue un ejercicio muy deleitante la escritura de aforismos. En su momento me dediqué al twitter con asiduidad y respaldaba mis tuits. Es una red social que fascinó a los escritores porque implicaba precisión y un reto. En el caso de la novela me permitió experimentar con una especie de protoevangelio.

¿En su versión más extensa cuántas páginas llegó a tener la novela?

Unas ciento veinte y además me planteé unos doscientos aforismos. Pensé en algún apéndice con los aforismos de una hermandad del éter, pero no lo hice porque la naturaleza del concurso me lo impedía.

¿Por qué la alusión al 11 de septiembre de 2001?

Porque fue un hecho que representó el horror global y en vivo. Hoy tenemos Periscope y puedes transmitir en tiempo real, pero antes no era así. El ataque a las Torres Gemelas fue la máxima expresión de la globalización.  En mi experiencia me remitió a una tercera guerra mundial. Yo era académico de matemáticas en la UAM y cuando me contaron lo que había pasado pensé en el fin del mundo.

Hay algo de literatura acerca del 11-S.

Sí, leí varias novelas sobre el tema. Me gusta El hombre del salto, de Don DeLillo porque parte de una imagen. Pero las que más disfruté fueron Windows on the world, de Fréderic Beigbeder y Tan fuerte, tan cerca, de Jonathan Safran Foer.

La novela termina haciendo una crítica a los fanatismos y a los sectarismos.

Todo fanatismo peca de ingenuidad y parte de una verdad absoluta. Quería ironizar con eso.

Una reflexión que tiene relación con el México de ahora, tan polarizado.

Es interesante que lo veas así porque ahora vemos una situación de intolerancia. Yo voté por López Obrador, pero me molesta que lo vean como una figura incuestionable. Por otro lado, me parece lamentable que los opositores deseen que el gobierno vaya al fracaso.

¿Será difícil cicatrizar esta polarización?

Pero se va a poder. Creo que la polarización era más fuerte en 2006. Sigo creyendo que por la Cuarta Transformación por la que muchos votamos llegará a buen fin. Ahora tenemos dos izquierdas: la institucional conformada por el gobierno y la social, a la que pertenecemos muchos, y me parece que por medio de ésta vamos a conseguir los verdaderos cambios.

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