opinión*
“¿El peor gobierno?”, artículo de Miguel Pulido
Alegatos por Miguel Pulido
Foto: Moisés Pablo/ Cuartoscuro

Son días aciagos para el país y la escasa popularidad de Enrique Peña Nieto es apenas uno de sus reflejos.

El miércoles 13 de abril Reforma reportó que los números de aprobación del actual Presidente (30%) son incluso más bajos que los que tuvo Ernesto Zedillo (31%) durante la peor crisis financiera del México contemporáneo.

Con esa información en mente, aquí algunos rasgos de este gobierno.

1.- Confrontación con críticos

El de Enrique Peña Nieto es un gobierno que sólo acepta una versión de las cosas: la suya. Las confrontaciones y exhibiciones de intolerancia frente a la crítica internacional son prácticamente su mayor legado en materia de política exterior.

Lo mismo han tenido roces diplomáticos con presidentes de otros países que confrontación abierta con el Relator Especial de las Naciones Unidas (ONU), Juan E. Méndez. En el camino, entre muchos otros incidentes, acusaron de sesgada a la prensa internacional, dijeron que el estudio sobre pobreza de la CEPAL no se puede tomar en serio y en un comunicado conjunto Segob, PGR y SRE descalificaron el informe la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Los tonos de la confrontación son variados, como lo muestra la que tienen con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) en el caso Ayotzinapa. Apenas ayer, el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió una durísima perspectiva del país en materia de derechos humanos. Las primeras reacciones del Subsecretario Ruiz Cabañas en Washington son menos altaneras y cínicas (quizá es un ajuste según el mensajero). Ya veremos.

2.- Pasividad y omisión

Este gobierno parece tener una suerte de fascinación por las oficinas vacías o sin titular. Por cinco meses no hubo embajador en la más importante representación diplomática del país en el extranjero: Estados Unidos. Finalmente nombraron embajador, pero sólo para sustituirlo a los siete meses (el pasado 5 de abril).

Cuando hubo que nombrar cónsul en Barcelona escogió a Fidel Herrera, ex gobernador de Veracruz de infame memoria y listado entre los 10 más corruptos del país, según la revista Forbes. Luego se preguntan de dónde viene el descrédito internacional.

Durante seis meses -a pesar de la importancia del tema- no hubo Subsecretario de Migración. Cuando se acordaron que el puesto existía fue para designar a un dinosaurio político (Humberto Roque) a quien se le puede rastrear un cuestionable pasado pero no conocimiento en la materia.

Con el país inmerso desde hace casi una década en una crisis de violencia y seguridad, después de cinco meses sin titular, nombró Subsecretario de Prevención del Delito a un hampón electoral: Arturo Escobar, cuya trayectoria es tan sucia como pública. A escasos meses de asumir el encargo Escobar se vio forzado a renunciar por las acusaciones que en su contra enderezó la FEPADE.

Se tardaron otros tres meses en nombrar un nuevo subsecretario (la oficina ha estado sin titular ocho de los últimos once meses). Una vez más se trata de una persona sin mayor experiencia en el tema, Alberto Begne, pero eso sí, con una trayectoria polémica en el campo político electoral.

3.- Simulación y evasión de la responsabilidad

El 16 de enero de 2013 (mucho antes del escándalo de la casa blanca) el Presidente Peña Nieto presentó insignificantes y confusos retazos de su declaración patrimonial. Durante la ceremonia dijo: “reafirmo mi convicción democrática de conducirme con absoluta transparencia en el ejercicio (…) como Presidente de la República”.

Esas palabras quedan como una irritante broma en la memoria política del país y una confirmación más de la simulación como sello de gobierno. La historia sobre sus propiedades y sus benefactores no requiere mayor desarrollo.

Este gobierno se exhibe de cuerpo completo cuando se trata de hablar de corrupción. Enrique Peña Nieto envió al Congreso una iniciativa con una deficiencia técnica extraordinaria. Después, su partido político obstaculizó sistemáticamente las discusiones. Con heridas de muerte avanzó una abigarrada reforma constitucional en materia de corrupción que no ha servido para nada, pues aún requiere la aprobación de una cascada de leyes secundarias. Incluso de aprobarse pronto, al menos dos tercios (cuatro años) de su gobierno habrán transcurrido sin las reformas de combate a la corrupción que tanto prometió. Pero sobre todo, sin el marco legal que el país necesita urgentemente.

4.- Reformar no es gobernar

Escaso de ideas y atascado en los escándalos de corrupción y conflicto de interés, el gobierno actual apenas es capaz de balbucear (ad nauseam) una idea: reformas. El país atraviesa situaciones difíciles, en algunos aspectos crisis históricas, con rezagos acumulados por décadas y enormes desafíos de talla global. La realidad es compleja y delicada. Pero, no importa el foro, no importa el tema, no importa la audiencia. Sólo hay un mensaje: México se moderniza gracias a sus reformas.

En fin, estos son sólo algunos de muchos aspectos revisables. Por otra parte, el Presidente ya lo ha dicho antes: a él no le interesa la popularidad. Si bien la frase puede sonar a una postura de estadista, es una lectura que minusvalora que en realidad hablamos de una evaluación de la situación del país. Y, aunque no la quiera ver, la calificación está ahí.

Miguel Pulido

Miguel Pulido es abogado. Ha sido director de Fundar, profesor en la Universidad Iberoamericana y visitante en la Universidad de Yale. Actualmente participa en Antifaz (www.antifaz.org.mx) un proyecto que busca abordar críticamente los asuntos públicos, las élites políticas y las dinámicas de poder.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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