“La literatura es un juego de ida y vuelta”: Pedro Mairal |Video
El escritor argentino reúne sus mejores columnas periodísticas en ‘Esta historia ya no está disponible’, su nuevo libro.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Si algo ha enseñado el periodismo a Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es que no hay géneros menores. El escritor de La uruguaya, novela que por cierto está por estrenar en su país su adaptación cinematrográfica, ha aprendido que una columna para un diario o suplemento implica el mismo rigor que una novela, cuenta o poema. Algunas de esas lecciones se notan en Esta historia ya no está disponible (Emecé), una compilación de sus mejores columnas en poco más de una década.
Los temas abordados por Mairal tienen más de una conexión con sus ficciones, de hecho, el narrador reconoce que su escritura puede fungir como un laboratorio de pronósticos reservados. De modo que el lector podrá encontrar en estos breves textos reflexiones sobre las relaciones humanas, la pandemia, la tecnología y la misma literatura, siempre por supuesto respetando una vocación humorística que se constituye como un sello de la casa.
Esta historia ya no está disponible es una recopilación de textos artículos. ¿Cómo te sentiste al reencontrarte con estos textos?
Es una buena palabra reencontrarse porque realmente hay textos que son de 2010 y otros que los escribí semanas antes de entregar el libro a la editorial. Las primeras columnas que salían en Perfil en la página de Escritores los sábados, hay otras que son de la época de la pandemia y unas más son super actuales. El periodismo para mí es crucial, no creo que existan géneros menores, es decir, no es menos prestigiosa ni menos importante una columna escrita para el diario que un capítulo de una novela. El libro me permitió darme cuenta de que le ponía la misma cantidad de pirotecnia verbal, intensidad y dedicación a un texto para el diario que, a un poema, un cuento o un fragmento de novela.
¿Sigues suscribiendo lo escrito en los artículos o columnas?
Hay cosas en las que sin duda cambié un poco. Siempre “con el diario del lunes” es más fácil ver las cosas. La angustia de los textos sobre la cuarentena hoy es distinta, pero en el momento parecía realmente algo en lo que estaríamos sumergidos para siempre. Cambian las circunstancias, pero noto una misma subjetividad, hay una mirada similar de un tipo que va envejeciendo. Hay un texto que se llama El que nada, donde hablo de cuando empecé a nadar a los 50 años y de lo que significa que te cambien el cuerpo y los roles en la vida, cuidando hijos y padres. Es un momento bastante significativo en la vida. Hay una mirada constante de un tipo que se va moviendo en el tiempo.
¿Tuviste tiempo de corregir algo en estos textos?
Es interesante el concepto de escribir en caliente en periodismo porque provoca una urgencia que me sirvió mucho. En general, soy de estirar los tiempos y pedir prorrogas, pero el periodismo no lo permite. Esa urgencia me ayudó a escribir y a trabajar. Quizá toqué alguna cosita, alguna frase mínima, pero en general los dejé tal cual. Son textos cortos a veces de una página y media o dos, como si fueran un solo soplo.
Varios de los textos tienen un tono ficcional que incluso están escritos en primera persona. ¿Los utilizabas como una especie de laboratorio de los cuentos o novela?
Sí, muchos son gérmenes de algo más largo, unas primeras semillas de algo. Es buena palabra laboratorio, creo que sí hay algo experimental en la escritura. Las columnas me permitían era ir a lugares un poco inesperados, muchas veces la urgencia me llevaba a cierto grado de improvisación y de velocidad que me liberaba un poco de mí mismo, de mis obsesiones, de mis trabas, era ir para adelante con el texto, con la imaginación y el lenguaje, para ver a dónde me estaba llevando la aventura del lenguaje. Hay algunas propuestas para hacer cosas audiovisuales con alguno de los textos, pero todavía no han cuajado lo suficiente.
El texto que tienes sobre la intimidad que se genera en el sueño bien podría ser herramienta de alguno de tus cuentos.
Sí, totalmente. Es sobre lo que les pasa a las parejas cuando duermen. En realidad, hay más intimidad en dormir junto a alguien que en tener una relación sexual. Ahí se baja la guardia por completo y uno confía plenamente en el otro. Ese podría ser un cuento más largo o también podría ser eso que es, en el sentido de que me gusta cómo funciona la brevedad de los textos porque se expande en la cabeza del lector. La idea de que te imaginaste sobre la posibilidad de un cuento más largo me fascina. Me interesa mucho la parte literaria que sugiere un juego desde la escritura. Creo que de eso se trata la literatura, es un juego de ida y de vuelta, un juego en diferido, escribo en mi soledad y el lector o la lectora leen en su soledad, pero hay una especie de pacto de lectura.
¿Cuáles de tus obsesiones se mantienen a lo largo de tu trabajo como escritor y de cuáles reniegas?
Creo que tengo una obsesión con lograr mostrar el paso del tiempo, me gusta mostrar los cambios en las costumbres y en la ciudad; lo que suscitan los cambios en la tecnología, en la ropa y con el surgimiento de las redes sociales. Toda esa transformación me resulta muy fascinante. Y reniego de que a veces la temática sexual me lleva a lugares que ya visité, no sé cuánto seguir machacando con eso, en la medida que pasa el tiempo me va dando más pudor todo. Creo que va a seguir siendo un tema que siempre me interese para escribir, más allá del pudor.
¿Qué dice la sexualidad del ser humano y de una sociedad?
Creo que se ponen de manifiesto muchísimas cosas que tienen una raíz muy profunda. Por más de que el ser humano parece estar volviéndose cada vez más cerebral y ahora estamos logrando hacer casi replicas cerebrales con la Inteligencia Artificial, de todas formas, el ser humano sigue siendo pequeñito, analfabeto, necesita de un montón de cuidados, prenderse del pecho materno. Todas esas necesidades de cuidado y de afecto sin las cuales nadie puede sobrevivir, provocan después toda una cantidad de comportamientos en la vida de un adulto o de una persona que va creciendo. Mientras tengamos cuerpo va a existir la sexualidad y la sexualidad provoca una cantidad de elementos narrativos para decirlo de una forma, por eso me interesa. Por ejemplo, un amigo cuando tenía una novia era una persona y con una segunda novia es otro, claramente cada pareja es un universo. Hay algo en la vulnerabilidad del ser humano con respecto a lo sexual y al deseo. A veces los seres humanos un poco peligrosas por el deseo, eso me da una mezcla de ternura y risa.
Hay un texto donde hablas de las redes sociales y de la forma en que nos han atrapado.
Creíamos que las redes eran una red de hiperconexión, pero en realidad son una red en la que quedamos atrapados como pescaditos. A veces noto ciertos rasgos de adicción a las redes, a estar metido y ver lo que hace la gente. Me parece un error considerar que nuestra identidad está ahí, eso me parece lo más preocupante porque nos lleva a creer que ahí está toda la realidad. La gente construye identidades con sus mejores fotos y opiniones. En lo personal, me interesa que la literatura vaya por detrás de eso y muestre la espalda de Instagram, es decir, ¿qué es lo que no mostraste? ¿Qué es lo que te daría vergüenza poner en tus redes sociales? ¿Qué opinión no dirías ahí? No digo que la literatura tenga que hacer eso, digo que puede hacerlo y es muy buena para eso.
¿La Inteligencia Artificial te interesa como herramienta de trabajo?
La Inteligencia Artificial no me interesa como herramienta de trabajo, por ahora me interesa como una posibilidad lúdica. Intenté hacer cosas como pedirle al ChatGPT que me explique cómo atarme los cordones, pero en tono bíblico; le pedí que escribiera un soneto o la manera de García Márquez, etcétera, pero por ahora no le sale, acaba de nacer. Entonces las preguntas son ¿es licito que metamos nuestra obra ahí para que el robot nos imite? ¿Es peligroso? ¿Hasta qué punto nos puede llegar a imitar? Lo interesante del ChatGPT es que nunca debes de quedarte con la primera respuesta, tienes que repreguntar y pedir que sea más específico. Cada vez responde mejor. Lo cierto es por un lado me da curiosidad y por otro un poco de miedo. De todas formas, creo que la escritura cuando es buena tiene muchos aspectos orgánicos que son difíciles de reproducir para un robot, no sé exactamente cómo explicarlo, pero creo que un robot haría un estilo más planchado y uniforme, un humano es más inconstante, es un poquito más impredecible porque lo textos están escritos desde un cuerpo húmedo, desde la sangre; el robot al no tener cuerpo, no sé si realmente podrá hacer un texto conmovedor. Siento que la IA no me podría insultar, si el insulto viene de un robot o una computadora pierde sentido, la literatura afecta al otro con emoción, risa, angustia, empatía, vergüenza y erotismo.
¿Qué te pareció la adaptación a cine de La uruguaya?
Esta es la segunda vez que me adaptan una novela al cine. Ahora me sentí mucho mejor que la primera vez, entonces tenía 28 años y fue un poco más traumático porque no había entendido que una adaptación es una transformación. Esta vez lo viví con mucho más juego, felicidad y participé de una manera más lúdica. Escribí una canción para la película que suena cuando caen los títulos. Me gusta que la película dialogue con el libro, la novela tiene un punto de vista muy masculino y La uruguaya tiene un punto de vista más femenino porque está dirigida por Ana García Blaya, quizá eso es lo que más me interesa.






