‘La ñerez del cine mexicano’ y la crítica contracorriente de Jorge Ayala Blanco
El investigador analiza una centena de películas producidas entre 2014 y 2018.
(UNAM/Redacción AN).

Por Héctor González

Jorge Ayala Blanco (Ciudad de México, 1942) es un crítico y escritor contracorriente. Su proyecto del alfabeto del cine nacional es por mucho el ejercicio historiográfico más importante de la cinematografía mexicana. El tiempo lejos de menguar el oficio, rigor y trabajo del investigador parece potenciarlo.

Nombrar La ñerez de cine mexicano (UNAM) a su nueva entrega es un acto de provocación, en sí mismo. El adjetivo obedece a la búsqueda de lo popular dentro de cien películas producidas entre 2014 y 2018. Esta búsqueda se circunscribe a un interés de los realizadores por conectar con lo que pasa en la sociedad y ser refractario de ello, al menos en intención porque los resultados no siempre son afortunados.

Ayala Blanco, hay que decirlo, es el crítico emblemático de nuestro cine. Sus opiniones inquebrantables, ácidas, pero siempre justificadas nos enseñan no sólo a leer una película, también nos asoman a una forma de ver a nuestro país.

Cuando analiza Mañana psicotrópica, de Alejandro Aldrete escribe: “nunca aspira a irreverencia, provocación o perversidad algunas, simplemente observa, sigue y secunda a sus jóvenes drogadictos como si fuera uno más de ellos, desde adentro y desde afuera, cual testigo privilegiado”. Sus líneas parecen hablar de la política antidrogas mantenida por los gobiernos de nuestro país durante los últimos años; una política que acompaña y poco hace en términos protección y prevención.

El crítico está obligado a abrir nuevas rutas de interpretación y lectura. Ayala Blanco lo hace a cabalidad y mientras la mayoría celebramos el buen momento que atraviesa el documental local, él pone el acento y advierte un estancamiento en el limbo de la complacencia y el victimismo. Sugiere buscar nuevas perspectivas para hablar de migración y narcotráfico a fin de entender desde otras dimensiones dos problemas centrales del presente mexicano. Ahí precisamente radica su crítica al celebrado documental La libertad del diablo, de Everardo González.

No obstante, la verdadera fuerza contracorriente de Jorge Ayala Blanco radica en su apuesta literaria. Cada crítica es un pequeño ensayo. Su lenguaje barroco responde a sus propias reglas y no a la tendencia minimalista. Se regodea en los adjetivos y en los cruces con referencias cinematográficas, musicales y literarias. La voz que muchos narradores o poetas nunca encuentran, él la ubicó desde varias décadas y nunca ha dejado de aprovecharla.

Ahora que más que ver cine o series las consumimos a destajo, Ayala Blanco nos invita a recuperar el sentido de leer las imágenes con todas sus aristas y formas. Nos invita a parar unos minutos y a tomarnos el tiempo de intentar entender para ser algo más que un simple opinador, de esos que abundan en todos lados y que reducen la crítica a colocar estrellitas.

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