Libro rescata la lírica popular de Tierra Caliente
La investigación de Juan José Atilano Flores advierte que la manifestación lírico-musical del siglo XVI está a punto de desaparecer.
(INAH).

Los versos de San Agustín Victorioso, una de las manifestaciones lírico-musicales que datan del siglo XVI y que tuvo una fuerte relación con la tradición ganadera en la Tierra Caliente, están a punto de perderse debido a la desaparición de esta actividad económica en la región y al poco interés de los jóvenes por mantener esta tradición sonora.

En Los santos de valor. Huellas del pensamiento ganadero en la lírica de Tierra Caliente, libro de Juan José Atilano Flores, investigador y profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), se aborda el papel que la ganadería ha jugado en la cosmovisión mestiza en esta zona del país.

La obra obtuvo mención honorífica en el Premio Fray Bernardino de Sahagún como Mejor Tesis de Maestría en Etnología y Antropología Social en los Premios INAH 2013. Tiene sus antecedentes en el Coloquio de Música de Guerrero de 2010, donde el autor escuchó por primera vez el Son de San Agustín Victorioso, interpretado por el Grupo Regional de Ajuchitlán.

La música y la lírica popular son referentes históricos y contemporáneos de la cultura ganadera que ha caracterizado la identidad calentana de los pueblos asentados a lo largo de la ribera del río Balsas. En el volumen editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se afirma que los versos de San Agustín Victorioso evidencian el cambio ontológico en la Tierra Caliente, producto del proceso de evangelización agustino en la región.

Para el investigador de la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, el discurso de los agustinos era diametralmente opuesto a la cosmovisión de los nativos, quienes se relacionaban con la naturaleza de forma horizontal, por ser el sujeto con el que interactuaban. Con la evangelización, la ganadería cambió por completo este trato: la naturaleza como sujeto se convirtió en propiedad, transformando el orden de lo existente en el mundo”.

Los versos de San Agustín narran el arreo de ganado del monte hacia los ranchos donde será ordeñado y herrada la manada. La particularidad consiste en que los personajes que arrean y el ganado arreado se representan con insectos y animales. Los primeros son ponzoñosos: el alacrán, el jején y el mayate rodador; los segundos son guajolotes, cerdos y gatos, entre otros; en tanto que los protagonistas son los santos (San Vicente, Joaquín, Nicolás, entre otros), quienes a su vez representan también a los hacendados.

Esta música se interpretaba en contextos de fandangos de herraderos, pero tras la debacle de la industria ganadera en esa región calentana en los años setenta, se volvió parte del repertorio tradicional de la lírica popular.

Los santos de valor. Huellas del pensamiento ganadero en la lírica de Tierra Caliente puede adquirirse en las tiendas de los museos del INAH y en las librerías Educal. Se incluye un disco que contiene diez distintas versiones de estos versos y un anexo con las letras.

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