Diez urgencias para la niñez en México ante la crisis global de la infancia | Por Mario Luis Fuentes
El documento de Unicef sobre las diez emergencias prioritarias para 2026 revela una constante: la infancia está siendo colocada en el centro de múltiples crisis simultáneas, desde la violencia armada hasta la inseguridad alimentaria y la exclusión educativa.
- Mario Luis Fuentes

Por Mario Luis Fuentes.
El año 2026 ha sido definido por Unicef como un momento crítico para la infancia a escala global. Más de 200 millones de niñas y niños requerirán asistencia humanitaria, en un contexto marcado por la convergencia de conflictos armados, pobreza, desplazamientos forzados, crisis climáticas y colapso de servicios esenciales. Este diagnóstico no sólo es una alerta para los países en guerra o en crisis humanitarias abiertas; constituye también un espejo para sociedades como la mexicana, donde las violencias estructurales, la desigualdad persistente y la fragilidad institucional configuran un escenario de vulneración sistemática de los derechos de la niñez.
El documento de Unicef sobre las diez emergencias prioritarias para 2026 revela una constante: la infancia está siendo colocada en el centro de múltiples crisis simultáneas, desde la violencia armada hasta la inseguridad alimentaria y la exclusión educativa. En América Latina, casi 4 millones de niños requieren asistencia por la interacción entre migración, violencia y precariedad social. México, en este contexto regional, no es una excepción; es, en muchos sentidos, un caso paradigmático de cómo las emergencias globales se traducen en crisis nacionales crónicas.
A partir de este marco, es posible delinear diez urgencias estructurales para la niñez en México:
Primera urgencia: reducir de manera drástica la mortalidad infantil. Los avances en esta materia han sido muy lentos y desiguales; y, de hecho, en los últimos años, se han registrado retrocesos inaceptables, reflejo de la persistencia de brechas territoriales profundas. En comunidades indígenas y zonas rurales, la mortalidad infantil ha estado asociada estructuralmente a condiciones de pobreza, falta de acceso a servicios de salud y deficiencias en atención prenatal. En ese sentido, la persistencia de muertes evitables revela fallas estructurales en el sistema de salud.
Segunda urgencia: erradicar la desnutrición y la inseguridad alimentaria. Unicef ha advertido que la privación nutricional sigue siendo uno de los factores más devastadores para el desarrollo infantil. En México, la coexistencia de desnutrición crónica y obesidad infantil refleja un sistema alimentario profundamente desigual, donde millones de niñas y niños carecen de acceso a dietas adecuadas.
Tercera urgencia: eliminar la morbilidad y mortalidad por causas prevenibles. Enfermedades respiratorias, gastrointestinales y condiciones asociadas a la falta de saneamiento continúan siendo causas relevantes de enfermedad infantil. La debilidad de la atención primaria y las brechas en vacunación constituyen riesgos crecientes, particularmente en contextos de marginación, como se ha visto en los últimos meses con enfermedades que ya habían sido erradicadas, como el sarampión, la tos ferina y otros padecimientos prevenibles por vacunación.
Cuarta urgencia: erradicar la violencia homicida contra niñas, niños y adolescentes. América Latina presenta algunas de las tasas más altas de homicidio infantil en el mundo. México, atravesado por dinámicas de criminalidad organizada, enfrenta un escenario donde niñas, niños y adolescentes no sólo son víctimas colaterales, sino también objetivos directos o sujetos de reclutamiento; además de la persistencia de una cultura en que la violencia que se ejerce en su contra es múltiple y presente en prácticamente todos los espacios de la vida social.
Quinta urgencia: combatir la violencia sexual, la explotación y la trata. El incremento global de la violencia sexual contra menores es una de las preocupaciones centrales de Unicef. En México, esta problemática se agrava por la impunidad estructural y la falta de sistemas efectivos de protección, lo que perpetúa ciclos de victimización.
Sexta urgencia: garantizar el acceso efectivo a la educación de calidad. A nivel global, millones de niñas y niños quedan fuera de la escuela en contextos de crisis. En México, si bien la cobertura educativa es amplia en el nivel básico, persisten brechas y hay retrocesos en matriculación y cobertura; y en el nivel medio-superior, se mantienen déficits que urge remediar; a ello se suman las necesidades de mejorar rápidamente, la calidad, la permanencia y los aprendizajes efectivos, pues siguen siendo profundamente desiguales, especialmente en contextos rurales, indígenas y urbanos marginados.
Séptima urgencia: atender la salud mental infantil. UNICEF ha subrayado la necesidad de ampliar los servicios psicosociales ante el impacto del estrés, la violencia y el desplazamiento forzado en amplios territorios. En México, la salud mental de niñas, niños y adolescentes permanece como un campo subatendido, pese al incremento de depresión, ansiedad y conductas autolesivas.
Octava urgencia: proteger a la niñez en contextos de movilidad humana. La migración infantil es una de las emergencias regionales más visibles. Niñas y niños en tránsito enfrentan riesgos de explotación, separación familiar y violencia extrema. México, como país de origen, tránsito y destino, tiene una responsabilidad central en la protección de esta población.
Novena urgencia: garantizar acceso a agua, saneamiento y vivienda digna. Las privaciones en saneamiento y agua potable siguen siendo una de las carencias más extendidas a nivel global. En México, millones de niñas y niños viven en condiciones habitacionales precarias, lo que impacta directamente su salud y desarrollo.
Décima urgencia: reconstruir el sistema de protección integral de derechos de la niñez. Más allá de las políticas sectoriales, el gran desafío es institucional. México cuenta con un marco normativo robusto, pero con una implementación fragmentada y débil. La ausencia de articulación entre niveles de gobierno y la insuficiencia presupuestaria limitan la efectividad del sistema de protección.
Como se observa, el parangón con las emergencias globales permite una conclusión ineludible: la crisis de la infancia es estructural. Como advierte Unicef, los factores que afectan a la niñez -violencia, pobreza, colapso de servicios- “escapan a su control”, pero no al de los Estados. En el caso mexicano, la persistencia de estas diez urgencias revela no sólo déficits de política pública, sino una forma de organización social que reproduce sistemáticamente la desigualdad y la exclusión.
La cuestión de fondo es el lugar que ocupa la niñez en el proyecto de nación. Mientras continúe siendo concebida como un grupo subordinado, sin agencia política efectiva, las políticas seguirán siendo fragmentarias y reactivas. La agenda que plantea Unicef para el mundo debe ser, en México, una agenda de transformación estructural. No se trata únicamente de atender emergencias, sino de desmantelar las condiciones que las producen. Porque, en última instancia, la mayor emergencia no es sólo la precariedad en que vive la infancia, sino la normalización de esa precariedad como parte del orden social.
Investigador del PUED-UNAM


