El cambio climático, la biodiversidad y las personas: una mirada desde México
México se calienta más rápido que el promedio global. El cambio climático amenaza costas, comunidades y biodiversidad, con impactos sociales irreversibles.
- Redacción AN / GER

Enrique Martínez Meyer*
El cambio climático constituye hoy uno de los mayores desafíos socioambientales a escala global.
Esto no resulta sorprendente, ya que las alteraciones climáticas observadas en la actualidad tienen implicaciones profundas en múltiples ámbitos de nuestra vida cotidiana —tanto a nivel individual como colectivo— y plantean un dilema fundamental para el desarrollo de nuestra especie. Un ejemplo claro es el aumento del nivel del mar, que desde inicios del siglo XX se ha incrementado entre 15 y 25 cm a nivel mundial como consecuencia del calentamiento global.
Como la velocidad de este incremento se ha acelerado en las últimas décadas, se proyecta un aumento adicional de entre 10 y 25 cm hacia 2050. Considerando que más del 10% de la población mundial (aproximadamente 900 millones de personas) vive en zonas costeras a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, este fenómeno podría provocar el desplazamiento de millones de personas, además de impactos sociales y económicos incalculables.
En México, este escenario comienza a ser una realidad.
Debido a su ubicación geográfica, el país se está calentando más rápido que el promedio global: mientras la temperatura media mundial ha aumentado alrededor de 1.2 °C desde principios del siglo XX, en México el incremento ha sido cercano a 1.7 °C en el mismo periodo (Estrada et al. 2024). Como consecuencia, el nivel del mar ha aumentado aproximadamente 12 cm desde 1993 y podría incrementarse otros 20 cm hacia 2050.
Un caso emblemático es el de la comunidad de El Bosque, en el municipio de Centla, Tabasco, que hasta hace pocos años era un pequeño poblado pesquero y que en 2023 fue reconocida oficialmente como la primera comunidad mexicana desplazada y reubicada por efectos del cambio climático (Guillén, 2024). Lamentablemente, esta historia muy probablemente se repetirá en los próximos años, ya que aun bajo escenarios optimistas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento del nivel del mar no es reversible, y solo podría atenuarse su velocidad. Hacia 2050, amplias regiones de las costas del sur de Veracruz, Tabasco y la península de Yucatán podrían verse parcial o totalmente inundadas, obligando a numerosas comunidades a abandonar sus territorios (Figura 1).

Figura 1. Escenario plausible de aumento del nivel del mar para 2050 bajo una trayectoria tendencial de calentamiento global. En rojo se muestran las zonas que podrían quedar parcial o totalmente sumergidas en el mar. La flecha amarilla indica la ubicación de la comunidad El Bosque, Tabasco (Fuente: https://coastal.climatecentral.org/).
Más allá de los impactos directos sobre las sociedades humanas, uno de los aspectos menos visibles —y a menudo menos atendidos— del cambio climático es su efecto sobre la biodiversidad y las implicaciones que ello tiene para la humanidad. Todos los seres vivos, desde microorganismos hasta ballenas y árboles centenarios, están regulados por la dinámica climática. Cada especie ha evolucionado bajo condiciones climáticas particulares y dentro de intervalos de variación específicos; cuando estos intervalos son rebasados de forma crónica, las especies comienzan a resentir los cambios.
Esto es lo que ocurre: cuando las nuevas condiciones climáticas se tornan desfavorables para una especie, puede aumentar la mortalidad de los individuos, reducirse su éxito reproductivo o disminuir la supervivencia de las crías, lo que lleva a una reducción de sus poblaciones e incluso a su desaparición local si las condiciones persisten. En contraste, otras especies más tolerantes pueden verse favorecidas, incrementando su abundancia o expandiendo su distribución geográfica.
Estos cambios poblacionales no ocurren de manera aislada; debido a que las especies forman parte de complejas redes de interdependencia, la disminución o desaparición de una especie puede afectar indirectamente a muchas otras. Por ejemplo, la reducción de una planta por efecto del clima impacta a los animales que dependen de ella, incluso si estos son relativamente tolerantes a los cambios climáticos. Este efecto dominó altera la dinámica completa de las comunidades biológicas y de los ecosistemas, afectando procesos clave como la descomposición de la materia, el flujo de energía y nutrientes y el ciclo del agua.
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El cambio climático también se manifiesta en la alteración de las estaciones del año. Los inviernos son cada vez más cortos y los patrones de precipitación han cambiado en su inicio, duración e intensidad. Estas modificaciones afectan las señales climáticas que desencadenan procesos biológicos fundamentales, como las migraciones de larga distancia de aves, mamíferos marinos e insectos, así como los periodos de
floración y fructificación de las plantas, alterando su sincronía con los polinizadores y los ciclos reproductivos de numerosas especies.
Todas estas alteraciones están ocurriendo de manera simultánea en múltiples regiones del planeta y en todos los tipos de ecosistemas —terrestres, de agua dulce, costeros y marinos—, con repercusiones directas e indirectas para las sociedades humanas. Actividades productivas como la agricultura y la pesca son particularmente vulnerables. En el caso de la agricultura, la menor previsibilidad de las lluvias, la reducción en los rendimientos y la mayor exposición a eventos extremos como sequías o tormentas intensas incrementan la vulnerabilidad de los sistemas productivos y favorecen la proliferación de plagas. En las pesquerías, muchas especies de interés comercial están modificando sus distribuciones geográficas o sus ciclos reproductivos en respuesta al cambio climático, afectando la productividad.
A ello se suman impactos indirectos derivados de la disminución de poblaciones silvestres que proveen servicios esenciales, como la polinización, la regulación de la calidad del agua, el aire y los suelos, entre otros.
Desde una perspectiva evolutiva, los cambios climáticos no son nuevos para la vida en la Tierra. En los últimos 2.5 millones de años han ocurrido numerosos ciclos de enfriamiento y calentamiento global con diferencias de temperatura comparables a las actuales, y nuestra propia especie ha vivido al menos dos de estos ciclos. Sin embargo, el episodio actual presenta dos diferencias fundamentales: la velocidad sin precedentes a la que está ocurriendo el calentamiento y su interacción sinérgica con otros factores de degradación ambiental, como la deforestación, la contaminación, la sobreexplotación de especies y la introducción de especies invasoras, por mencionar algunos.
Este conjunto de presiones está provocando cambios acelerados y profundos en la biodiversidad global, reduciendo de manera significativa su capacidad de adaptación. Además, aunque muchas especies responden al cambio climático desplazando sus distribuciones geográficas, la fragmentación y degradación de los ecosistemas naturales constituyen barreras frecuentemente insuperables, aumentando el riesgo de extinción.
En México, el conocimiento sobre los impactos del cambio climático en la biodiversidad ha crecido de manera importante, aunque sigue siendo fragmentado debido a la enorme diversidad biológica y de ecosistemas del país. El estudio sistemático de estos impactos es relativamente reciente, con los primeros trabajos realizados a finales de los 1990s. No obstante, en la última década ha habido un crecimiento notable de investigadoras e investigadores jóvenes dedicados a la biología del cambio climático.
Con el objetivo de articular esfuerzos, acelerar la generación de conocimiento y aportar información científica clave para la conservación de la biodiversidad, en 2022 un grupo de especialistas nos organizamos para crear un colectivo de investigación que, en 2024, fue reconocido por el entonces CONAHCyT (hoy la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación) como el Laboratorio Nacional de Biología del Cambio Climático (LANBioCC).
Este laboratorio sin muros cuenta actualmente con 37 integrantes de 15 instituciones, distribuidas en 10 estados del país. Su misión es generar y difundir conocimiento científico sobre los efectos del cambio climático en la biodiversidad y los procesos naturales —desde los genes hasta los ecosistemas, en ambientes terrestres, continentales, costeros y marinos—, así como sus repercusiones para las comunidades humanas, con el fin de contribuir al diseño de estrategias de adaptación frente al cambio climático contemporáneo.
A partir de hoy, quienes integramos el LANBioCC realizaremos entregas quincenales en Aristegui Naturaleza, abordando distintos aspectos de la biología del cambio climático en México, con la intención de ofrecer información científica rigurosa que fomente el interés y la conciencia social sobre uno de los mayores retos de nuestro tiempo.
*Investigador del Instituto de Biología, UNAM y Responsable Técnico del Laboratorio Nacional de Biología del Cambio Climático








