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Estamos “sorprendidos y decepcionados por megaproyectos de corte neoliberal”: Benet (Artículo)
por Redacción AN / GS
Foto: Martín Zetina/ Cuartoscuro

Por Raúl Benet

Muchos de quienes peleamos por echar abajo décadas de gobiernos priístas y panistas neoliberales, corruptos y criminales, y que nos sumamos a la esperanza de un ‘Nuevo Proyecto de Nación’ desde la trinchera socio ambiental, hemos visto con sorpresa e incredulidad, cómo el nuevo gobierno ha ido tomando medidas contrarias a aquellas por las cuales luchamos.

Me incluyo entre quienes se sienten sorprendidos y decepcionados al enterarse de la instrumentación de megaproyectos de corte neoliberal, particularmente relacionados con energía fósil y la infraestructura ferroviaria y turística, la instrumentación de consultas sesgadas para la imposición de esos megaproyectos, y el maltrato y desprecio indiscriminado a las organizaciones civiles, sociales e indígenas, no sólo en lo relativo a medio ambiente, sino también a derechos humanos y cultura.

Foto: Martín Zetina/ Cuartoscuro

Por otro lado, comparto el beneplácito y la esperanza de muchos respecto a diversas medidas y acciones emprendidas por la 4T, como el nombramiento de una autoridad ambiental digna en la persona y equipo del secretario Víctor Toledo, quien ha establecido principios fundamentales y emprendido importantes acciones para enfrentar la grave crisis socio ambiental que enfrenta nuestro país, como la reciente prohibición de ingreso de miles de toneladas de agroquímicos tóxicos al país y la lucha emprendida contra los mineros devastadores y criminales como el Grupo México; sin embargo veo con preocupación que la agenda ambiental y climática no es considerada prioritaria por la 4T.

Foto: Andrea Murcia/ Cuartoscuro

El presupuesto federal destinado al medio ambiente es exiguo y decreciente; no existe una voluntad política expresa para respaldar plenamente las propuestas, señalamientos y lineamientos que provienen del sector ambiental, y con frecuencia entran en contradicción con políticas e intereses ambientalmente depredadores, que son considerados prioritarios.

Ejemplos abundan, como la promoción de la generación de energía mediante carbón en Coahuila, o la perversión de los instrumentos de financiamiento para la energía limpia en el extremo de la negación climática, el bajísimo interés que se ha mostrado hacia los acuerdos internacionales en materia climática y de biodiversidad o el empecinamiento de meter un tren a la selva en Calakmul.

De manera tal que el medio ambiente sigue siendo considerado un lujo, un adorno en el mejor de los casos y un estorbo en el peor. Sin embargo, considero muy positiva la manifiesta convicción del presidente en temas como el combate a los transgénicos y el fracking, y si bien resultó muy decepcionante el compromiso de AMLO de reconocer y respetar las concesiones mineras a cielo abierto que ya se habían emitido por gobiernos anteriores, es muy positivo el compromiso de no otorgar nuevas concesiones.

Foto: Ilse Huesca/ Cuartoscuro

En el congreso, los legisladores morenistas han presentado algunas iniciativas avanzadas en cuanto a las demandas históricas de las organizaciones ambientalistas del país, como es una iniciativa de ley contra los transgénicos, una propuesta de revisión de leyes que implica un fuerte acotamiento a la minería a cielo abierto, una ley que prohíba el fracking en todo el territorio nacional, una revisión de la Ley Forestal para privilegiar el manejo forestal comunitario y los derechos indígenas al territorio, una ley para establecer las bases, lineamientos y criterios de la consulta indígena, etc.

No obstante, también legisladores morenistas han impulsado legislación fósil, y han impuesto sus agendas e intereses personales y de corporaciones en temas como la carbo eléctrica de Coahuila, entre otros. Muchas de las iniciativas positivas se han visto nubladas no sólo por los partidos de oposición, sino incluso desde las trincheras de la propia 4T.

El papel de otras fuerzas en torno al medio ambiente en el contexto actual.

LOS PARTIDOS DE DERECHA, encabezados por el PAN y los calderonistas, y respaldados claramente por lo que queda del PRI, del PRD y de otros partidos aun menores, han desplegado una estrategia profunda y de largo plazo para golpear y socavar de todas las formas posibles a cualquier cosa que se parezca a un gobierno de izquierda, y uno de los instrumentos de ese asedio es el tema ambiental. No es que a los estrategas del PAN y el Yunque y sus aliados perredistas, o a los corruptísimos priístas de siempre, les interese en lo más mínimo el medio ambiente, o temas como la legítima consulta, y lo han demostrado durante décadas (con muy contadas y valiosas excepciones). Más bien ocurre que el tema ambiental les resulta útil para deslegitimar y golpear al gobierno del que son opositores. Su estrategia parece ser la construcción de un discurso y una base social que puedan aprovechar en una previsible política de retroceso fascistoide del corte de Bolsonaro, o de plano golpista al estilo de la usurpadora Añez en Bolivia, y cuyos apologistas e imitadores mexicanos ya se encuentran en campaña. Cualquier motivo de irritación es aprovechado por la derecha y ultraderecha, y por los exfuncionarios de gobiernos priístas y panistas, para polarizar y sacar raja política. Los diversos flancos que ha abierto el presidente en el tema ambiental están propiciando esos espacios, y cada vez más personas están cayendo en la trampa de la ultraderecha, mezclando la legítima reivindicación de temas ambientales y sociales con un discurso de odio, revancha e intolerancia, lo que desde mi punto de vista es sumamente peligroso.

ORGANIZACIONES SOCIALES ambientalistas que encontraron buen acomodo en el marco de los gobiernos priístas y panistas, y que han visto cuestionado su modus vivendi, o su modus operandi, se han sumado y fundido en esas campañas del prianismo, muchas veces incluyendo legítimos reclamos; sin embargo se ha caído en extremos discursivos que resultan instrumentales para los intereses de la derecha y la derecha extrema. Así ocurre con organizaciones auspiciadas por la Confederación de Organizaciones Patronales de la República Mexicana, que de la noche a la mañana deciden levantar banderas ambientalistas y emprender acciones legales contra mediadas del gobierno que contradicen sus intereses lucrativos, no siempre legítimos.

También abundan empresas consultoras con fachada de organizaciones sociales, que habían fincado su modelo de negocio en la operación de proyectos clientelares y asistencialistas, y en la ejecución de estudios justificativos, y que se han visto desplazadas. Algunos de estos grupos consultores se han subido también al carro de la denostación contra el cambio, añorando y promoviendo el retorno del prianismo, aunque otros han encontrado acomodo en los proyectos del nuevo régimen, como Dos Bocas o el Tren Maya.

Es interesante reflexionar sobre los vínculos ideológicos y los intereses económicos entre algunas organizaciones conservacionistas tradicionales y los partidos de derecha, incluidos temas como el acotamiento de los derechos comunitarios e indígenas al uso de sus territorios, y el desprecio paternalista, e incluso racista, hacia las capacidades, derechos y costumbres de las comunidades, todo lo cual históricamente se ha expresado en asuntos como la imposición de esquemas prohibicionistas en áreas naturales protegidas de propiedad indígena o campesina, y por supuesto en el estampado de la etiqueta ‘sustentable’ o ‘verde’ para la imposición de modelos y proyectos agroindustriales, inmobiliarios, energéticos y de infraestructura en territorios indígenas y áreas naturales sensibles.

Por supuesto existen también organizaciones no gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil muy legítimas, que conjuntamente con grupos de académicos de incuestionable trayectoria e intenciones, juegan un papel central en el análisis y el entendimiento de los grandes problemas nacionales, particularmente en los relativos al medio ambiente, y en la construcción de políticas públicas, instrumentos y mecanismos para su atención. La 4T ha sido en gran medida incapaz de distinguir las legítimas organizaciones de aquellas que han medrado y se han aprovechado de los recursos y los presupuestos públicos.

LA IZQUIERDA ANTISISTÉMICA también se ha sumado a la asonada contra la 4T, ondeando la bandera ambiental, con frecuencia coincidiendo y convergiendo con la derecha, en el sentido de rechazar a priori, por consigna y por principio, absolutamente todo lo que provenga del gobierno pejista. Es común encontrar en redes sociales, y en algunos dirigentes e intelectuales proclives a esas corrientes, argumentos y artículos completos escritos por priístas o panistas bajo la óptica del rechazo total, mezclados con argumentos legítimos, cuestionando muchas de las políticas instrumentadas por la 4T. Considero que estos cuestionamientos tendrían mucha mayor legitimidad, y efectividad, si se hiciera un esfuerzo por priorizar la crítica reflexiva por encima de la descalificación a ultranza.

EL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA. Recientemente leí un posicionamiento nuevo, que me pareció serio y que considero interesante en este contexto, proveniente del Congreso Nacional Indígena, en voz de un integrante de su Comisión Nacional, Carlos González García, referido a las nuevas formas de resistencia de ese espacio y sus aliados ante los megaproyectos agro industriales, ferroviarios y energéticos principalmente en el Istmo de Tehuantepec, en la Península de Yucatán y en el corredor industrial Morelos. Me pareció novedoso y valioso el planteamiento que proviene de esa cada vez más importante fuerza de izquierda radical, porque reconoce y parece respetar diferencias profundas en su seno en cuanto a la caracterización del Estado, y en consecuencia en cuanto a las formas de enfrentar las políticas y proyectos del gobierno.

El Congreso Nacional Indígena sostiene que estas diferencias se expresan, por un lado, por el Ejército Zapatista y sus simpatizantes más cercanos, quienes consideran que no existen vías para la participación en ninguna instancia del Estado y su gobierno, y por lo tanto rechazan cualquier instrumento legal, legislativo o de cualquier otra índole que implique tal reconocimiento. Por otro lado, continúa explicando el CNI, algunos de sus aliados sí consideran pertinente participar en la lucha judicial y legal, e incluso electoral, como mostró la candidatura de su representante Marichuy en las pasadas elecciones presidenciales.

Foto: Isabel Mateos/ Cuartoscuro

Desde mi punto de vista, posiciones como la de los comandantes zapatistas han resultado excluyentes y poco efectivas tanto a nivel nacional como internacional para construir acuerdos e instrumentos para mejores políticas ambientales y sociales. No obstante, considero que los proyectos instrumentados por el zapatismo a nivel local, en sus áreas de influencia comunitaria, (Caracoles y moluscos diversos), así como por comunidades como Cherán en Michoacán, parecen haber funcionado muy bien, mucho mejor que lo que hemos intentado por décadas desde diversas organizaciones de la sociedad civil, y arrojan enseñanzas muy importantes respecto a modelos de gestión autónoma del territorio, con cuidado ambiental, con un fuerte liderazgo de mujeres, y con relativamente poca participación de instancias gubernamentales.

A partir de la construcción y consolidación de formas de gestión autónoma exitosas para el manejo del territorio, el zapatismo sí parece tener un modelo alternativo de bienestar qué oponer a los mega proyectos más allá del discurso antisistémico tradicional, que en muchos casos se ha vaciado de significado. En ese sentido el planteamiento zapatista o un modelo que retome sus enseñanzas en lo relativo a la organización comunitaria, realmente parece una forma efectiva de resistencia, en la medida en que ofrece opciones de bienestar de manera activa y propositiva, basadas en el conocimiento tradicional, en el cuidado ambiental, en la organización autónoma para la producción, y en una vida comunitaria respetuosa de los derechos y los anhelos de las comunidades.

La parte que no me convence de la propuesta zapatista, aparte del discurso antisistémico absoluto, sectario y gastado y el rechazo a la vía democrática e incluyente, son los temas de la defensa armada y la jerarquía y disciplina militar, porque no creo que el sectarismo, las armas y la autoridad vertical sean una forma aceptable de construir comunidad o democracia.

El EZLN ha anunciado que ejercerá una resistencia activa para oponerse a los megaproyectos de López Obrador en las regiones donde tiene presencia, y ha llamado a una marcha en la Ciudad de México para el mes de febrero como parte de esta resistencia. Considero que tanto las demandas como las movilizaciones son válidas e incuestionables, pero es importante que encuentren la manera de instrumentarse en el seno de la legítima defensa del territorio, de los derechos y de las ideas, sin anteponer o imponer su disciplina y su estructura militar, y cuidando de no hacer el caldo a las intenciones de la derecha golpista, como ha ocurrido en el pasado.

Regresando a lo señalado por el dirigente del Congreso Nacional Indígena, hay organizaciones cercanas a ese Congreso que sí se plantean incidir en los espacios legales, y menciona concretamente que el CNI apoyará, por acuerdo de su última asamblea nacional, la vía del amparo y otros instrumentos legales para defender el territorio y para enfrentar y echar abajo las consultas de López Obrador, que considera violatorias a derechos indígenas, constitucionales y convencionales. El CNI respalda a aquellas organizaciones de su base que reconocen a las instituciones y a sus mecanismos, y deja abierta la puerta para el establecimiento de amparos y otros procesos judiciales y políticos en la defensa del territorio.

Me parece que ahí están muchos de los elementos que se requieren para una verdadera transformación de raíz que sea ambiental y socialmente justa y efectiva: dejar de lado el discurso de odio y rechazo a ultranza contra el gobierno de la Cuarta Transformación, discurso que tanto auspicia la ultra derecha. Deslindar ese discurso de la legítima crítica sobre los planteamientos de la 4T que así lo requieran, (que no son pocos), y tal vez lo más importante, anteponer la organización comunitaria autónoma y la gestión territorial efectiva por parte de las comunidades y con un fuerte liderazgo de mujeres, a los megaproyectos neoliberales, sin dejar de lado el uso de instrumentos legales de defensa del territorio, como amparos, evaluaciones ambientales estratégicas y otros, así como la incidencia en los procesos legislativos para procurar un marco legal sólido y efectivo.

Considero que requerimos enfrentar de manera urgente el riesgo muy concreto de un retorno del prianismo en un posible efecto de péndulo, como el brasileño y tantos otros, pero no es sumándonos de manera acrítica al pejismo y a la 4T, ni tampoco manteniéndonos en su denostación absoluta, sino construyendo y fortaleciendo posiciones críticas con propuestas viables, sin excluir la denuncia nacional e internacional, la movilización y la resistencia social, la acción política y las vías legales y legislativas, e incluso electorales, ante todo aquello que nos resulte inaceptable.

Redacción AN / GS

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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