‘Vivimos tiempos contrarrevolucionarios’: Joaquín Estefanía
El periodista español sostiene que los conceptos de democracia y crisis van permanentemente unidos.
(Galaxia Gutenberg/Redacción AN).

Por Héctor González

Hace cincuenta años una atmósfera revolucionaria recorría Occidente. Praga, París, México, Nueva York, Montevideo, fueron ciudades donde se gestaron cambios sociales y políticos. Gracias a aquellas revueltas se dieron cambios importantes que apuntalaron sistemas democráticos y más libres. No obstante, en pleno 2019 aquel ambiente parece no solo diluido, sino también rebasado por líderes conservadores y reaccionarios. Acerca de esto, habla el periodista e intelectual español Joaquín Estefanía en Revoluciones (Galaxia Gutenberg), su nuevo libro.

El columnista y directivo del diario El país, habla en entrevista y advierte “no estamos viviendo un momento de democracias plenas, sino de democracias de baja intensidad y calidad”.

¿Estamos en tiempos revolucionarios o contrarrevolucionarios?

Sin duda, contrarrevolucionarios. Estamos viendo una oleada reaccionaria muy significativa que se manifiesta con la presidencia de Donald Trump en la nación más poderosa del planeta, pero que se ha extendido a muchos otros países. Lo acabamos de ver en Brasil con la elección de Jair Bolsonaro. En Europa del Este predominan gobiernos que difícilmente podemos calificar de demócratas. En otros lugares tenemos partidos e instituciones políticas contagiadas de ideas reaccionarias y conservadoras.

Hace cincuenta años, explica en su libro estábamos en la dinámica contraria, se respiraban aires revolucionarios.

En los últimos cincuenta años hemos traído al mundo de las ciencias sociales una ley de la física. La tercera ley de Newton establece que a cada acción corresponde una reacción a veces más fuerte incluso. Después de los acontecimientos de 1968 llegó la revolución conservadora de Reagan y Thatcher que ocupó a todo el mundo y se hizo hegemónica durante mucho tiempo. Años más tarde tuvimos el movimiento antiglobalización de finales del siglo XX y principios del XXI. Siguieron los neoconservadores que acompañaron a Bush y de ahí pasamos a 2011, el año de las revueltas juveniles y los indignados. La reacción a esta última es la que podríamos resumir como la época Trump, caracterizada por líderes que tratan de volver al statu quo anterior. Lo que hace diferente a esta etapa es que viene con una fuerza impresionante.

A pesar de que se supone que ahora vivimos tiempos de democracias más plenas y consolidadas.

Ese es un error. Actualmente se comienza a usar de manera provisional el término “democracias iliberales”.  Antes, cuando los grupos radicales de una sociedad conseguían el poder lo hacían por medio de golpes de Estado o revoluciones, ahora lo consiguen a través de los votos. Muchos personajes detestables ganan las elecciones y sin embargo aplican políticas reaccionarias. En mi opinión no estamos viviendo un momento de democracias plenas, sino de democracias de baja intensidad y de baja calidad.

¿Hoy qué es la democracia?

La democracia fundamentalmente es algo muy parecido al concepto de ciudadanía. Para que un país tenga democracia sus ciudadanos deben tener tres tipos de derechos: los políticos, es decir a votar y ser votado; los civiles, donde incluyo a la libertad de expresión, religiosa y de pensamiento; y los sociales y económicos, que implican tener unos estándares mínimos de vida por el simple hecho de ser ciudadano. Cuando falta alguna de estas tres patas tenemos una democracia de baja intensidad y eso es lo que estamos viendo ahora.

Pero ¿cómo conviven estos tres tipos de derechos con expresiones como el racismo o clasismo presentes incluso en democracias consolidadas?

Cuando ocurren esos fenómenos de racismo es porque los derechos civiles son precarios. En momentos de extremos pobreza y desigualdad los derechos sociales y económicos no funcionan. Además, vivimos en el momento más coherente de la globalización, el marco de referencia de nuestra era. Los problemas de migración que enfrenta México son los mismos que enfrenta España. Es decir, ahora tenemos que mirar cómo ustedes resuelven este conflicto y ustedes deben mirar cómo lo enfrentamos nosotros.

Aunque el discurso del miedo ante el “otro”, prende y funciona en términos electorales. Así sucedió en Inglaterra, Estados Unidos o Brasil.

Es verdad que nuestras sociedades enfrentan miedos a que venga el “otro” a quitarnos nuestro estado de bienestar y a que nuestros problemas no puedan ser resueltos debido a que las soluciones se alejan cada vez de nuestros representantes políticos. En ese contexto es donde se engloba lo que ahora nos ocurre. El miedo está potenciando sin duda a la xenofobia y el racismo.

En el caso de los musulmanes que llegan a Europa, ¿cuál es su postura?, ¿se deben integrar culturalmente o se les debe respetar sus creencias?

El hecho de que una persona quiera emigrar de donde nació es un derecho humano. Recibir a esos inmigrantes no es un derecho, sino potestad de una sociedad a la que se le tienen que poner condiciones. Uno puede recibir a tal cantidad de gente, pero en determinadas circunstancias que impliquen su capacidad para adaptarse a tal o cual cultura o civilización. De la combinación de ese derecho y esa exigencia, tiene que salir el pacto social para resolver los problemas de migración. Es una situación disímil porque una de las partes tiene el derecho a salir y la otra, el derecho resistirse y poner condiciones.

¿Existe una decepción sobre la democracia?

Estamos decepcionados de los partidos, del sistema de justicia y para colmo lo que eran las claves para sobrevivir ya no funcionan. Hace muchos años el mundo se dotó de un contrato social que establecía más o menos que los poderosos seguirían llevándose la parte más importante de los beneficios, pero el resto, a cambio de dejar que eso ocurra, tendríamos seguridad social y laboral. Con la crisis económica de los últimos diez años, esa convención se rompió. Ahora la parte de arriba se sigue quedando con lo mismo, mientras que el resto perdió toda certeza. Hoy necesitamos un pacto intergeneracional, porque quienes más están padeciendo son los jóvenes: tienen menos opciones laborales y con sueldos precarios. A mi generación todavía nos tocó el esquema de a mayor nivel de estudios, mejores ingresos y condiciones de vida. En estos momentos ningún joven cree esto. De no resolver este dilema, éste junto con el del cambio climático, serán los mayores problemas del futuro inmediato.

De 1968 a la fecha los valores de la derecha son más o menos los mismos, pero los de la izquierda hoy son más difusos, ¿no?

La gran crisis de la izquierda durante los últimos años radica en que su modernización ha pasado por lo que en su momento se denominó tercera vía y que consistía en una especie de conservadurismo compasivo.  Es decir, abandonaron los fines para los que se había constituido.

En México mismo acaba de ganar una izquierda un tanto conservadora.

No quiero entrar en ese terreno, pero hay que darle una oportunidad para ver qué hace.

¿Entre la izquierda de Pedro Sánchez y la de Podemos con cuál se queda?

No es una cuestión de gustos. El hecho es que ahora está gobernando la izquierda de Pedro Sánchez en circunstancias muy difíciles, después de varios años en los que gobernó la derecha con unas políticas de austeridad que cambiaron al país para mal. En estos momentos España vive con las cicatrices de una crisis muy profunda.

¿De qué tamaño es la crisis de la democracia?

Los conceptos de democracia y de crisis están permanentemente unidos. El problema es que la crisis democrática actual es mayor y se manifiesta en las cosas que mencionamos al principio.

Para colmo los medios de comunicación están en crisis.

Los medios de comunicación han perdido el monopolio de su intermediación informativa con los ciudadanos. En el futuro las redes sociales pasarán por una crisis de credibilidad, pero mientras eso sucede en todo momento compiten manifiestamente con los medios tradicionales. Por lo pronto los comunicadores y periodistas estamos confundidos sobre nuestro lugar en el mundo.

¿Cómo encontrar el esquema para sobrevivir?

Hay dos tipos de problemas. El modelo de negocio para sobrevivir y la situación del periodismo.

Pero van pegados…

Evidentemente, pero tengo la sensación de que los periodistas discutimos cada vez más de cosas que no nos corresponden como el modelo de negocio y no de los retos del periodismo. Nosotros tenemos que hacer un ejercicio de autocrítica. No podemos atribuir todos los problemas a la crisis económica o a que los propietarios son empresarios que buscan el beneficio a corto plazo. ¿Qué sucedería si estos problemas se arreglasen y nosotros todavía no supiéramos a competir con las redes sociales?

¿Ve un escenario donde se arregle las crisis de los medios?

En estos momentos lo veo muy difícil. Por ahora no hay un solo modelo en el mundo que pueda ser aplicable a los demás. Todos estamos buscando salir del agujero donde estamos. ¿Quién nos va a pagar? ¿Cuánto nos van a pagar? ¿Cómo podemos sobrevivir dignamente y ser independientes para proporcionar la información? Estamos en un momento donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Es un periodo de incertidumbre total.

¿Dentro de los problemas del periodismo qué le inquieta?

Me inquieta el problema de trabajar bien en los medios de comunicación. ¿Cómo tener la suficiente formación para analizar lo que ocurre? En nuestro sector invertimos poco en nuestra propia preparación y encima de esto se cobra una miseria. En este contexto es muy difícil pedirle al periodista que sea héroe e independiente, sin embargo, hay que pedírselo.

¿Cree en la independencia periodística?

Creo en la tendencia a la independencia, pero es una tendencia imperfecta. Hay momentos en los que se puede ser más independiente, pero la autonomía plena y absoluta no existe.

libros



Temas relacionados:
Cultura
Libros



Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.