Libro revela las enfermedades en el Cerro del Tepeyac
‘Paleopatología. Evidencias óseas en los restos de la Capilla de Indios… ‘detalla los resultados de análisis hechos en siete mil 738 huesos, datados entre 1200 y 1700 d.C.
(INAH).

Apilados y revueltos, así permanecieron por siglos los restos óseos de personas que habitaron en los alrededores del Cerro del Tepeyac, hasta que antropólogos físicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emprendieron su organización para ir revelando información de su población antigua, primero fue su morfología, y hoy ofrecen datos únicos de los padecimientos que les aquejaron a lo largo de 500 años, concretamente entre 1200 y 1700 d.C., antes y después de la construcción del santuario guadalupano.

Previo al 12 de diciembre, día de la aparición de la Virgen, se publica el libro Paleopatología. Evidencias óseas en los restos de la Capilla de Indios de la Villa de Guadalupe, Ciudad de México, coedición del INAH y la Fundación Miguel Alemán, asociación civil que ha apoyado esta investigación desde sus inicios, cuando los expertos Arturo Romano Pacheco, María Teresa Jaén y Josefina Bautista abrieron la cripta de dicha capilla para exhumar los miles de huesos, labor que realizaron entre 2006 y 2008.

Una década después, con la publicación de un primer libro y el fallecimiento de Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén a cuestas, la doctora Josefina Bautista Martínez continuó con esta tarea.

En la nueva publicación se ofrecen los resultados de análisis llevados a cabo en siete mil 738 huesos, esta cantidad corresponde a cerca de 300 cajas con restos, de 589 en total, por lo que casi la mitad aguarda a ser estudiada.

José Antonio Pompa y Padilla, director de Antropología Física (DAF) del INAH, indica que hasta la promulgación de la Ley de Secularización de Cementerios —a mediados del siglo XIX—, la Iglesia tenía el control para depositar los restos de sus fieles al morir. “Esto permite suponer que los restos de los individuos colocados en la cripta de la Capilla de Indios fueron los feligreses que vivían en esa jurisdicción y que originalmente fueron inhumados ahí, fuera en su interior, en el atrio o en otro lugar designado por la autoridad eclesiástica”.

Esos entierros fueron removidos durante remodelaciones o adecuaciones de tales espacios, y en las proximidades de la pequeña parroquia, destinándose al osario donde fueron mezclados. Eso explica en parte la existencia de restos óseos que datan de antes del descubrimiento de América y la subsecuente conquista de México-Tenochtitlan por los españoles.

La investigadora de la DAF, Josefina Bautista, comenta que no ha sido fácil continuar el proyecto impulsado por Romano y Teresa Jaén, pioneros y referentes de la antropología física en México.

Tras la estabilización de los restos óseos (en la cripta había una humedad relativa de 98 por ciento), limpieza, selección, ordenamiento y tratamientos de preservación, comenzó el trabajo de laboratorio: análisis morfoscópico de cada uno de los huesos, obtención de radiografías y su interpretación.

“Para llegar a los posibles diagnósticos recurrimos a médicos traumatólogos, ortopedistas, cirujanos maxilofaciales y radiólogos especialistas en imagenología del sistema músculo-esquelético. El análisis morfoscópico —y en algunos casos el radiológico— permite apuntar la presencia de huellas de algunos padecimientos que dejaron evidencia en los huesos; entre ellos sobresalen problemas osteoarticulares, casos de displasia y algunas alteraciones del desarrollo”, manifestó Josefina Bautista.

El tipo de patologías evidenciadas en los restos óseos estudiados apuntan en su mayoría a huellas de enfermedades comunes encontradas en todas las poblaciones y que afectan por igual a hombres y mujeres en edad adulta: problemas dentales, osteoarticulares en distintas fases, metabólicos y estados infecciosos no graves, por mencionar los más frecuentes.

No obstante, también revelaron limitaciones físicas que debieron obstaculizar el desarrollo de algunos individuos, haciéndoles dependientes de otras personas o de la caridad de quienes se acercaban a orar a la Villa de Guadalupe. Destaca la presencia de anomalías congénitas: un caso de escafocefalia (alargamiento de la cabeza que se produce en bebés prematuros) y dos tipos de enanismo (hipofisiario y acondroplásico).

Los análisis también revelaron un caso de lepra, otros más de tuberculosis vertebral que debió producir en el individuo una giba pronunciada, un par con espina bífida completa, y tres casos con problemas osteoarticulares graves. En algunos huesos se observaron además fracturas en las extremidades con infección postraumática o con dislocación de hueso.

En términos generales, comentó la doctora Josefina Bautista, los resultados confirman que el grueso de la población que vivió alrededor del Cerro del Tepeyac no padeció enfermedades graves que hayan afectado mayormente su modo de vida y subsistencia, a pesar de residir en una de las zonas marginales de la Ciudad de México.

En sus poco más de 100 páginas, Paleopatología. Evidencias óseas en los restos de la Capilla de Indios de la Villa de Guadalupe, Ciudad de México “contiene ejemplos de casi todas las patologías que dejan huella en el hueso. Por eso creemos que es un libro con una temática muy poco trabajada y que debe ser de consulta obligada”, concluye la investigadora.

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