‘Mis opiniones políticas las expreso en mi literatura’: Leonardo Padura
El escritor estuvo en la CDMX para recibir un doctorado Honoris Causa de la UNAM.
(Redacción AN).

Un café expreso, de preferencia cubano, pone en funcionamiento al escritor cubano Leonardo Padura. El creador de Mario Conde, protagonista de una de las sagas policiacas emblemáticas de Latinoamérica, sueña con tener una entrevista donde los temas sean: beisbol, cine y literatura. Sin dudar confiesa que está cansado de que lo obliguen a habla de los Castro o de Donald Trump.

Incluso previendo una avalancha de preguntas sobre Fidel Castro, el año pasado canceló su visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Más de 300 días después el autor de El hombre que amaba a los perros y ganador del Premio Princesa de Asturias de las letras 2015 regresó a México sin poder decir que no: la UNAM le entregó el doctorado Honoris Causa, en reconocimiento a una trayectoria que incluye más de diez títulos.

Adelanta, además, que en febrero regresará a nuestro país para presentar su próxima novela, título donde leeremos el regreso a las andadas del detective Conde.

¿A qué hora empieza a escribir?

Escribo todas las mañanas. Trabajo de 7:30 a una de la tarde. Después me voy a la otra parte de la casa para ver el noticiero y almorzar, al terminar, Lucía se va al estudio a hacer sus cosas y yo hago una siesta. Una temporada tuvimos dos mesas con dos computadoras, pero no tenía sentido porque la otra no la usábamos. Una vez que ella termina y yo hice otras cosas como ver un partido de beisbol, futbol o leer, regreso para revisar los correos electrónicos que llegaron durante el día.

No me imaginaba que le gustara el futbol…

El beisbol es mi pasión, pero en Cuba se transmite mucho futbol. Vemos partidos de la Liga Premier, la española y la Bundesliga, las tres mejores del mundo. Pero el beisbol es otra cosa. Hace unos días vi un partido espectacular de la Serie Mundial entre Houston y Dodgers. Yo tenía mi corazón dividido porque cada equipo tenía un cubano y suelo irle al equipo con más cubanos. El juego terminó en extra innings 13-12. Comentaba con un amigo también beisbolero, que un partido de futbol puede terminar en el minuto 93, pero lo más emocionante para mí, es un buen partido de beisbol. El gol puede caer casi por casualidad, en cambio en el beisbol hay que construirlo todo.

Sucede igual en literatura…

La literatura es construcción. El cuento de la inspiración… no sé, tal vez los poetas. Para contar una historia tienes que conocer las maneras, es decir la estructura. Milan Kundera lo dice muy claro en El telón: sin estructura no hay novela. Gracias a la estructura colocas a los personajes, le das una característica al lenguaje y usas recursos narrativos.

¿Siempre es así? En El hombre que amaba a los perros hay una historia que pesa por sí misma, en cambio sus novelas policíacas siguen los códigos narrativos propios del género.

Hay una diferencia entre la novela que trabaja con personajes históricos y la que es totalmente ficción. Los personajes reales te comprometen con la realidad. Y la realidad tiene unas reglas que no siempre funcionan cuando las trasladas a la literatura. En cambio, la novela de ficción tiene códigos esenciales como la verosimilitud, incluso cuando se juega con la mentira. En El hombre que amaba a los perros, aunque hay tres historias cruzadas, era muy importante encontrar la estructura precisa. En esa novela los personajes históricos implicaban el develamiento del acontecimiento climático que es el asesinato de Trotsky.  Antes de empezar a leerla tú sabes que Mercader mató a Trotsky, incluso puedes saber que lo mató en agosto de 1940. ¿Cómo lograr que una historia conocida pueda resultar atractiva de lectura? Ahí entra la estructura, el suspense y algo que descubrí sobre la marcha, el manejo de distintos tempos. Conforme se acerca el crimen voy haciendo más lento el tempo narrativo y eso crea una expectativa que funciona. Después del asesinato aún quedan cien páginas y el lector se pregunta qué me va a contar ahora. El resto es pura estructura y recurso narrativo. Para mí, es muy importante la comunicación con el lector, esto lo aprendí desde mi época de periodista, cuando escribía largos reportajes donde contaba historias que me permitieron ensayar estructuras, personajes y enfoques de la realidad. La obra literaria se completa cuando la lee el lector. Es una satisfacción terminar una gran obra, pero la satisfacción está incompleta si no te comunicas con el lector.

Tengo la impresión de que con la serie de Mario Conde se ganó un lugar en la novela policíaca, pero con El hombre que amaba a los perros, los académicos y críticos que menosprecian al género negro, lo comenzaron a ver como un escritor notable.

Sin duda El hombre que amaba a los perros, fue decisivo para la mirada de los académicos y críticos. De todas maneras, ya había obtenido satisfacciones con mis novelas policíacas. Sin embargo, le confieso una insatisfacción que todavía conservo. Para mí, mi mejor libro es La novela de mi vida, porque es donde más cerca he estado entre lo que quería y logré decir. Y no me refiero a cuestiones de censura, sino de proceso estético. Sin embargo, es considerablemente un libro menos leído menos.

A propósito del Honoris Causa que recibió en la UNAM, ¿cómo define su relación con la academia?

Creo que me ven como un escritor de novela policíaca que escribe otras historias y esta es una satisfacción adicional. Vázquez Montalbán, Paco Ignacio Taibo, Rubem Fonseca o Henning Mankell, hemos demostrado que la literatura policíaca no es un género menor y al contrario, refleja una posición ante la literatura, la sociedad y la ética. Los novelistas de policíaco somos los cronistas más fiables de las sociedades modernas.

El éxito de El hombre que amaba a los perros, por encima de La novela de mi vida, obedece al tema de fondo: la revolución rusa. Acontecimiento que aún sigue dando como objeto de análisis y emblema de la utopía inalcanzada.

Hay pasajes bíblicos en los que se habla de alcanzar el mundo mejor. Los griegos hablaron de Arcadia. Los medievales de La ciudad del sol. El sueño utópico nos ha acompañado siempre. Durante el siglo XIX el Hombre alcanzó un desarrollo altísimo, incluso con el reconocimiento de los obreros. Pero llegó el siglo XX con la gran crisis de “el sistema del Estado de bienestar” y surge la Revolución Rusa, así como el gran Estado soviético, que suponía el grado máximo de democracia e igualdad. Desgraciadamente el sueño se pervirtió muy pronto. Stalin, un hombre enfermo de poder, se encargó de convertir a la Unión Soviética en un infierno durante los años treinta y la inercia pervirtió a las sucesivas tradiciones socialistas. Se olvida que el ascenso de Hitler en Alemania estuvo condicionado por la posición que él indujo para la izquierda alemana de ese momento; o que el Pacto Ribbentrop-Molotov era de colaboración y amistad. Incluso en otros países como España o México, donde hubo una presencia nefasta del estalinismo.

¿Por qué decidió trabajar acerca del asesinato de Trotsky?

Me parece que es el punto donde el proceso utópico llega a una imposibilidad de retorno y reconstrucción. Mirando los sucesos con perspectiva histórica, te puedo decir que el mundo que ha venido después de la desaparición de la Unión Soviética no es mucho mejor, incluso con todas las barbaridades y los crímenes de Stalin. Este mundo de fanatismos, fundamentalismos, nacionalismos exacerbados y manipulados, corrupción y decadencia de la clase política, nos obligan a pensar en refundar otra utopía. ¿Cómo conseguirlo? No tengo ni la más puta idea. Sólo creo que nos merecemos un mundo mejor.

Con la caída de la URSS, Francis Fukuyama dijo que llegamos al fin de la historia.

No es el fin de la Historia, fue el fin de una historia. En la novela que acabo de terminar y que se publicará en enero próximo, hago una reflexión sobre la relación del individuo y la Historia. Aunque estemos escondidos en unas grutas, la Historia siempre nos toca.

¿Cómo es su lector ideal?

He tenido la suerte de tener lectores profesionales y casi ideales. Cuando escribo un libro me imagino a un lector al que quiero convencer. Mi relación con Tusquets editores empezó en 1993, cuando estaba Beatriz de Moura, una institución en el mundo editorial en lengua española. Sus lecturas me ayudaron mucho. Antes, en Cuba, el crítico y teórico, Ambrosio Fornet, leyó mis primeras obras y me ayudó mucho. Para La novela de mi vida, me acerqué a un especialista en el siglo XIX, a quien necesitaba convencer. Ellos son grandes lectores, pero específicos. Al lector ideal me lo encuentro con frecuencia. Hace una semana estaba en un restaurante de Guadalajara y un mesero se acercó a la chica de la editorial para preguntarle si se podía acercar a decirme algo. El joven me comentó que El hombre que amaba a los perros le cambió la vida. Cuando alguien sin ningún tipo de compromiso te dice algo así, has encontrado a tu lector ideal.

La pregunta iba relacionada a su ensayo ‘Yo quisiera ser Paul Auster’…

Es un asunto de complicado. Vi una entrevista donde a Paul Auster le preguntaron sobre beisbol, cine y literatura. ¡Coño! Ojalá a mí me preguntaran de eso que es de lo que me gusta hablar. Junto con mi mujer son mis pasiones en la vida. Constantemente a los escritores cubanos nos marcan con una intencionalidad política que muchas veces funciona con clichés establecidos. Si eres cubano tienes que hablar de Fidel Castro o de lo que pasa en Cuba. Y yo lo hago, pero me niego y me molesta mucho que me obliguen. El otro día me levanté a las 5:40 de la mañana para estar a las 7:00 en Televisa, y me preguntaron sobre los Castro y Trump. Yo soy un escritor y vine a México a recibir un Doctorado Honoris Causa de la UNAM de la universidad más importante de América Latina. ¿Qué sentido tiene que yo diga la respuesta que esperas? Me cansa. Mis opiniones políticas las expreso en mi literatura. En mi próxima novela, Mario Conde se arrastra por el piso del desencanto. No puedo hacer juicios políticos porque no soy un político.

 ¿Le gusta la serie de Mario Conde?

Sí, no te puedo decir que no porque escribí el guión con mi mujer; el director Félix Viscarret hizo un gran trabajo. Los actores en el noventa por ciento están bien. Jorge Perugorria está espléndido.

Perdón, pero me parece que endulzaron al detective…

Cuando escribes literatura tienes la potestad del tiempo y el tiempo se expresa en páginas. Cuando escribes guiones el tiempo se expresa en minutos. Las películas necesitaban durar noventa minutos y creo que les faltaron otros diez para profundizar en el mundo de Conde y en sus conflictos con el sistema y la vida.

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