‘Bruma’, una película de Max Zunino que cuestiona la idea identidad
El filme protagonizado por Sofía Espinosa se filmó sin guion y bajo un esquema de improvisación.

Por Héctor González

Martina (Sofía Espinosa) viaja a Berlín en busca de su padre. Durante su viaje deberá plantearse también si desea o no tener al hijo que espera y si está dispuesta a seguir con la vida que lleva en México. A partir del uso de la improvisación como técnica de rodaje, el realizador uruguayo Max Zunino, filmó Bruma, una historia acerca de la identidad y de la forma en que asumimos los valores sin llegar a cuestionarlos.

La película parte de la búsqueda de identidad.  

Es un tema que representa a Berlín. Cuando Sofía y yo decidimos filmar algo por allá empezamos por definir qué significaba la ciudad para nosotros. Concluimos que ha sido fundamental para la definición del grupo LGTB. Ahí empezaron los Love parade. Es una ciudad muy incluyente en términos de identidad.

¿Es una película escrita en función de Berlín?

Sí, el primer germen fue Berlín. Sin proponérnoslo, los temas del rol femenino dentro de nuestra sociedad mexicana coincidieron después, pienso en el derecho de la mujer a elegir sobre su cuerpo, concretamente en el tema del aborto.

Martina viaja para buscar a su padre y termina encontrándose consigo misma.

Martina es una mujer que se atreve. De inicio tiene las posibilidades económicas para viajar, pero también de ser independiente. Tal vez hasta el momento en que se descubre embarazada es cuando asume que tiene un reloj definido para resolver si quiere tener o no al bebé. Ante la premura decide irse para emprender una búsqueda.

Entiendo que la película parte de un ejercicio de improvisación. ¿Por qué te interesó este método?

Siempre había tenido mucha curiosidad por explorar esta técnica. Ya sabía que en Alemania hay una movida de películas hechas a partir de la improvisación, como Love Steaks, ganadora del premio a la Mejor Película Alemana en 2014. Viendo todo esto nos entusiasmamos en trabajar en esta tónica. Teníamos poco tiempo para desarrollar un guión porque había que aprovechar la residencia que había conseguido para trabajar. Al final hicimos una escaleta con cincuenta enunciados o secuencias que establecían lo que debía suceder a niveles de trama y al interior del personaje. Los puntos estructuraron la historia general para no perdernos y caminar en un sentido claro.

¿El guión lo ibas desarrollando conforme pasaban los días?

Respetábamos la escaleta, pero muchas veces el lugar donde ocurría la escena lo encontrábamos en el momento. Ahí improvisábamos la situación de los personajes para que la historia siguiera avanzando.

Imagino que al hacerlo de esta manera, los actores tenían más libertad para desdoblarse.

No tanto, porque la responsabilidad caía en todos. Necesitábamos estar alertas porque era un ejercicio de reacción al entorno. Desde la dirección era necesario estar pendiente porque algunos diálogos no funcionaban a la primera y había que remarcarlos para que en la siguiente toma ya no se incluyeran. Había muchas indicaciones en cada una de las tomas porque íbamos reaccionando y construyendo en el camino. Era un ejercicio de reacción desde todos los ámbitos.

¿La intención de cuestionar una moral predominante en México por medio de los personajes de Ángel o Marina era premeditada?

Puede ser, pero sin la finalidad de cuestionar a nadie. La moral conservadora de la protagonista se replantea al llegar a un lugar con una mentalidad distinta. A partir de las posibilidades que descubre, Martina decide reconfigurarse y llevar la vida que quiere y no la que le obligan. La mayoría de las personas nos dedicamos a replicar nuestros valores y no nos cuestionamos si estamos convencidos de ellos o no.

Al final Martina se replantea también la noción de familia.

Claro, ella escoge una nueva familia porque es la gente con quien se siente más afín. Un poco como nos pasa a todos.  Al final, mientras las familias construyan sus valores en función del amor que sean como quieran, lo demás son prejuicios que no ayudan a construir o reconstruir la libertad y la fraternidad.



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