En el PRI, estrategia contraproducente; Anaya carga una losa; y AMLO advierte del “tigre”: #MesaPolítica
El historiador Lorenzo Meyer consideró la posibilidad de que el PRI esté preparando un golpe mucho más duro contra López Obrador. "Bajan a Anaya y viene el siguiente, al estilo del 2006".

La campaña que el PRI ha emprendido contra el candidato de Por México Al Frente, Ricardo Anaya, es contraproducente y poco clara, pues “las encuestas indican que el golpeteo le ha dado votos a Andrés Manuel López Obrador“, observó la politóloga Denise Dresser.

En Mesa Política, afirmó que no entiende la lógica de la estrategia de golpear al candidato que se encuentra en segundo lugar “para favorecer al primero en la contienda, sin favorecerse a sí mismo”.

“Es una estrategia de boomerang, en la cual lo lanzan al vuelo, regresa y se les incrusta en la frente. Es una estrategia totalmente contraproducente desde el punto de lógica política“, añadió.

Al respecto, el historiador Lorenzo Meyer consideró la posibilidad de que el PRI esté preparando un golpe mucho más duro contra López Obrador. “Bajan a Anaya y viene el siguiente, al estilo del 2006… Pudiera ser algo más o menos parecido, que el PRI ya dejara atrás la idea de que hay algo positivo en él, pero poner algo terrible contra Andrés Manuel en el último momento”.

Otra posibilidad, mencionó, es que el presidente Enrique Peña Nieto vea a Anaya como el enemigo y quiera deshacerse de él.

“En la medida en que Peña controla esta campaña desde la esquina del PRI, sus intereses personales requieren que este candidato joven, lleno de fuego y de ira, que dice una y otra vez que va a meter a la cárcel al mundo priista, peñista, sea desbancado”, dijo.

Sobre el tema de corrupción, que los tres candidatos abordaron la semana pasada en la Convención Bancaria,  Dresser señaló que la postura del PRI es irrisoria y contradictoria, pues dicen que llevarán el caso de Anaya hasta la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuando por años “ha despreciado, ignorado y pateado” a los organismos internacionales.

En el caso de Anaya, la politóloga sostuvo que el panista carga con “un pecado de origen”, que es hacer negocios estando en la política. “Ese es el origen del conflicto de interés, del tráfico de influencias y la corrupción que corroe al país”.

“Es un hombre que ha negociado la relación entre PRI y PAN, es señalado de haber recibido moches, de haber apoyado el pacto por México y las reformas estructurales, y ahora se presenta como enemigo acérrimo del gobierno… Anaya trae cargando como una losa el pasado de un partido panista que cuando tuvo la oportunidad de luchar contra impunidad ha terminado siendo parte de ella”, agregó.

En tanto, dijo, el mensaje de Andrés Manuel, es “que le bajen, porque si van a medir con ese rasero a toda la clase política por ese tipo de transacciones pues cientos de priistas deberían estar ahí”.

En este sentido, el académico Sergio Aguayo señaló que “en el tema de la estrategia y la práctica de combate a la corrupción los tres candidatos son impresentables”, ya que todos guardan silencio sobre los personajes cercanos a ellos que han estado involucrados en desvíos millonarios.

Se requiere “una estrategia más elaborada, más puntual de lo que deben de hacer, porque lo que uno escucha es impresentable”, reiteró.

Para Meyer, la historia de México muestra que la corrupción es endémica, existe desde hace al menos 500 años, se institucionalizó en el porfiriato y actualmente favorece a los más ricos, con la anuencia del gobierno. “El grueso de la corrupción mexicana está en sus grandes capitales”.

Respecto a la frase de López Obrador de que “quien suelte al tigre, que lo amarre”, la politóloga consideró que “el tigre es la posibilidad de fraude”.

“La responsabilidad de impedir que salga reside en las instituciones electorales, porque hemos visto a un INE capturado por el priismo, que ha logrado imponer sus preferencias en instituciones electorales que deben ser imparciales”, señaló.

Meyer comentó que “el tigre” son las consecuencias que podría traer otro fraude, ya que en en 1988 fue Cuauhtémoc Cárdenas quien lo amarró, al no aceptar convocar a un movimiento para hacer frente a la imposición de Carlos Salinas, y en el de 2006, López Obrador hizo lo propio con el plantón de Reforma.

“Fue una manera de hacer que la presión se dirigiera a un área donde no afectó las instituciones, mostró las posibilidades de la oposición, pero no afectó las instituciones”, añadió el historiador.

A continuación la mesa completa:






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