‘En México hay pocos críticos serios de arte contemporáneo’: Yoshua Okón
El artista plástico sostiene que la 4T continúa con las políticas neoliberales.
(Redacción AN).

Por Héctor González 

Para Yoshua Okón (Ciudad de México, 1970) el neoliberalismo es el origen de muchos de los males de nuestro tiempo. A través de sus piezas, el artista hace una crítica a la cultura de consumo. Con el humor y la ironía como aliados, exhibe la violencia y destrucción que hay detrás la fachada de bienestar y progreso que presume un sistema hiper mercantilizado.

Con treinta años de carrera, Okón llega a la galería Proyectos Monclova (Colima 55. Col. Roma), con Oráculo, exposición para la cual seleccionó trabajos de realizados entre 2011 y 2019. En entrevista, el artista reconoce su desencanto de la hacia las políticas culturales y ambientales de la 4T, a la vez que lamenta la ausencia de críticos de arte contemporáneo en México.

Tu obra se distingue por el diálogo con el contexto social y Oráculo no es la excepción.

Así es. Me interesa responder a mi entorno inmediato. La mayoría de mis obras tienen como punto de partida la experiencia cotidiana. Al ser mi primera exposición en Proyectos Monclova se decidió mostrar piezas nuevas junto con algunas anteriores a fin de dar al público una idea general de mi práctica. Hay obras de distintas etapas y que abarcan de 2011 a 2019. El hilo conductor es el trasfondo oscuro de la cultura de consumo, que si bien proyecta una fachada de bienestar, progreso y funcionalidad, tiene un trasfondo de violencia y destrucción que ha provocado una enorme crisis tanto medio ambiental como social. Me interesa especialmente enfocarme en los efectos cotidianos de la economía global, es decir, en cómo lo macro afecta lo micro en esta era de la globalización.

¿Cómo hacer una crítica al consumo desde el arte sin caer en la paradoja del mercado que la envuelve?

No creo que sea una paradoja. Mi crítica no es al capitalismo en sí, ni al mercado, creo que ambos pueden funcionar. Me enfocó más bien puntualmente en el modelo neoliberal de capitalismo, el cual no está funcionando ya que se basa en el mito de que los mercados se auto regulan por sí mismos, sin ningún tipo de intervención. Este no es el caso, para lograr una sociedad más equilibrada y justa, los mercados y sobre todo las grandes corporaciones transnacionales, deben ser regulados. Como consecuencia de esta ideología radical y extrema que coloca al mercado por encima del interés público, tenemos casos como el de Nestlé, un gigante más poderoso que el mismo gobierno que está entorpeciendo la importante y urgente iniciativa de prohibición de bolsas de plástico en la ciudad de México. O casos de empresas que tiran desechos tóxicos a los ríos, etc. Es decir, dentro de este sistema las grandes corporaciones transnacionales nos tienen secuestrados. Así es que el mercado en sí no es el problema, no es cualquier modelo de mercado al que hago referencia.

La violencia es otro de tus temas. ¿Cómo representarla en un contexto como el mexicano?

La enorme crisis de violencia que vivimos la entiendo sobre todo como un efecto secundario de problemas estructurales, es decir, como sintomática del capitalismo corporativo. Desde ese punto de vista, si es muy importante abordarla pero sin amarillismo. Para tratar de entender las causas de raíz de la violencia sistémica, me parece que el arte puede ser una buena plataforma.

¿Cuándo la abordas piensas en términos de una estética de la violencia?

No pienso en términos de una estética de la violencia. Mi intención es redirigir la narrativa predominante de los medio masivos, en donde la violencia se presenta exclusivamente como resultado de factores externos (es culpa de los malos), hacia una narrativa en la que la violencia también se presenta como parte integral de la estructura misma de nuestra sociedad, como violencia sistémica e institucionalizada.  

En ese sentido, la violencia se inserta como parte del mercado porque incluso por medio de las propias industrias culturales la consumimos constantemente.

Por supuesto, al abordar esos temas por medio del lenguaje simbólico claro que existe el riesgo de caer en el sensacionalismo y de volverse parte del problema, como normalmente sucede. Pero esto depende de la forma en la que se representa. En los medios masivos por ejemplo, sí hay una estética de la violencia alrededor del tema del narco que nos desensibiliza. Nos sumerge en una ilusión colectiva de que el problema es externo y nos convierte en espectadores pasivos de un espectáculo que miramos desde lejos. Yo en cambio intento presentar la violencia como un problema estructural y, en este sentido, más que ser una estética de la violencia o un espectáculo que se consume pasivamente, es una estética que nos coloca en el centro y nos estimula a reflexionar de forma crítica y activa sobre este problema. El arte tiene el potencial de abrir espacios para la reflexión en donde la violencia se represente de manera sensible y compleja, ayudándonos así a entender algunas de sus causas de raíz. Al menos eso es lo que intento.

¿Cuáles son tus parámetros en ese sentido?

No tengo parámetros morales. Me enfoco en ser efectivo y conseguir que quien se confronte con mi obra amplíe su perspectiva sobre este complejo y terrible problema.

En el marco de tu crítica al neoliberalismo y vivimos un momento en dónde el presidente sostiene su proyecto en erradicarlo.

Al principio apoyé mucho a este gobierno entre otras cosas precisamente por su crítica al neoliberalismo. Tengo que admitir sin embargo, que estoy algo desilusionado aunque no del todo. En las políticas reales no veo los cambios estructurales que estaba esperando. Quizá sea demasiado temprano, pero por dar unos ejemplos de áreas que conozco y me interesan en particular como la medioambiental y cultural, me parece que la 4T está continuando con las políticas neoliberales. Espero que esto cambie.

¿A qué te refieres concretamente? Las críticas a la política cultural han ido por el lado del énfasis en el sentido comunitario de la cultura y en descuidar a las bellas artes.

Aplaudo la inclusión de las culturas comunitarias, pero esto debería de sumar a lo que ya funciona y no reemplazar. Vivimos en un país grande, diverso y culturalmente muy rico y complejo que requiere de instituciones culturales que atiendan a múltiples definiciones de cultura. No es cuestión de reemplazar una cosa con otra. Desafortunadamente, sin suficiente diagnóstico se han hecho recortes y se está debilitando a mucho de lo que ya existe y funciona, y se está dejando a los artistas y a las instituciones a merced del mercado. Un ejemplo es el intento de desmantelar el FONCA, que afortunadamente la comunidad logró frenar, un programa que ha sido increíblemente efectivo y fundamental sobre todo para artistas jóvenes y de bajos recursos. Por otro lado, a los museos los tienen en terribles condiciones, a la vez que se anuncian mega proyectos centralistas como el de Chapultepec para el cual se quieren gastar más de mil ochocientos millones de pesos, proyectos faraónicos que no necesitamos. La gota que derrama el vaso, es la intención de traer una sede del Museo Pompidou de París a México, tan sólo la franquicia ya es carísima y aquí no se necesita, y ni hablar de la dimensión postcolonial de algo así. Es muy confuso y contradictorio. No me gusta pensar en términos de blanco y negro, creo que hay cosas buenas, pero en muchos sentidos las políticas culturales no están siendo las más atinadas.

A partir de lo ocurrido con Avelina Lésper y la pieza de Gabriel Rico, creo que es necesario hablar de la interlocución entre los artistas contemporáneos y los críticos. ¿Cómo evalúas esta relación?

En México tenemos una crisis de crítica. Hay muchísimos artistas y de gran nivel, pero hay pocos críticos serios. Desafortunadamente no tenemos ni el mínimo indispensable de los críticos necesarios.

¿No se está leyendo bien el arte contemporáneo?

Así es, y esto no es un problema exclusivo de México. En general, la idea que se tiene del arte no corresponde al paradigma del arte contemporáneo. Mucha gente asume que el arte trata solo de sensaciones, forma y emociones, pero al menos desde los años sesenta el discurso y el concepto en el arte son tan importantes como la forma. Esto crea predisposiciones que dificultan la lectura. En ese sentido necesitamos más educación y más crítica que ayude a tender puentes. El arte contemporáneo no es necesariamente hermético, puede ser muy accesible, pero como todo lenguaje, requiere de atención y de ciertas herramientas básicas para ser entendido.

¿Zona Maco y las ferias de arte funcionan para esto?

No funcionan, inclusive tienen el efecto contrario. Las ferias de arte funcionan para los especialistas, pero para el público en general no aportan herramientas. En las ferias el arte está descontextualizado y fragmentado. El tiempo promedio de atención es literalmente de dos segundos, entonces queda todo en una experiencia superficial que confunde y no ayuda a entender el lenguaje del arte contemporáneo. Recomiendo al público interesado mejor ir a los museos, donde el arte se contextualiza y donde suele haber textos breves y concisos. Son una mejor forma de aprender los códigos.

libros



Temas relacionados:
Arte
Bellas Artes
Cultura
Libros





Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.