‘Luces y sombras en el proceso de transición de López Obrador’: Bernardo Barranco (Audio)
El analista coordina la publicación del libro ‘AMLO y la tierra prometida’.
(Grijalbo).

Por Héctor González

Andrés Manuel López Obrador llegará a la presidencia en medio de un contexto de polarización social. Ejercicios como la consulta por el aeropuerto alertaron sobre el que puede ser su estilo de gobernar. El analista Bernardo Barranco sostiene que la sociedad deberá acompañar al próximo presidente si en verdad aspira a un cambio social.

Coordinador del libro AMLO y la tierra prometida (Grijalbo), Barranco convocó para este volumen a Carmen Aristegui, Francisco Abundis, María Amparo Casar, Juana Inés Dehesa, Rogelio Gómez Hermosillo, Julio Hernández, Daniel Moreno, Ricardo Raphael, Ana Saiz y Jenaro Villamil.

El resultado es un análisis crítico de las expectativas y riesgos que enfrentará quien llegará a la presidencia el 1 de diciembre.

En el libro plantea si la llegada de AMLO representa un edén o infierno, ¿es válido poner las cosas en esos términos de polarización?

Lo acabamos de ver con el aeropuerto. Mientras algunos se rasgaban las vestiduras exigiendo mayor precisión en los términos de la consulta y congruencia; otros defendían su aplicación por ser una promesa de campaña. Si estamos en escenarios tan polarizados no es porque haya humores encontrados o porque los mexicanos tengamos mal gusto o incapacidad, sino porque hay intereses confrontados. Andrés Manuel López Obrador sabe que si quiere cambios necesita tomar decisiones complejas y que estarán bajo el tamiz de la erosión, el desgaste y las consecuencias políticas. El aeropuerto fue un test de lo que puede suceder. Vienen temas más agudos todavía, como las reformas educativa y energética. El riesgo de la polarización está latente en una propuesta de cambio y transformación que ofrece cubrir las expectativas de los mexicanos que votaron por Morena. Dependerá ahora de la habilidad de todos los actores que esto no se desborde.

¿Percibe realmente una nueva forma de gobernar y de ejercer el poder político?

No podemos olvidar que estamos ante una promesa de transformación de régimen y para eso hay que hacer un poquito de historia. La alternancia de Fox decepcionó porque se terminó subordinando a los poderes fácticos. Calderón llegó a la presidencia debilitado y fue arropado por esos mismos poderes, mientras que Enrique Peña Nieto negoció directamente con ellos. En los últimos sexenios hemos visto a un Ejecutivo que ha tenido como interlocutor fundamental al poder económico y a las élites de poder. Andrés Manuel López Obrador propone un nuevo esquema triangular donde emerge la presencia de la sociedad, de tal suerte que la oferta de una democracia participativa está presente. Antes de tomar posesión ofrece una nueva ruta de conducción del poder del Estado. No sé si lo logrará, pero habrá que ver en qué sentido cambiará el artículo 35 constitucional que precisamente habla de las consultas.

Aunque la consulta fue muy discutida. Sus críticos cuestionaron que no hiciera lo mismo con el Tren Maya por ejemplo.

Ya declaró que hará una consulta sobre el Tren Maya y además planteará la revocación de mandato. Toda democracia madura se sustenta a raíz de contrapesos, lo acabamos de ver en Estados Unidos. En las elecciones intermedias Trump no perdió totalmente, pero la sociedad decidió plantearle un poderoso contrapeso por medio del Congreso. En México, desde el gobierno de Zedillo nos acostumbramos a esto. Sin embargo, esto quedó borrado con las elecciones del 1 de julio. Ahora López Obrador tiene todas las canicas: los senadores; diputados federales y locales; varias gubernaturas; esto se traduce en un temor de que frente a este panorama pueda existir autoritarismo. A esta preocupación le veo asegunes porque durante la discusión del aeropuerto surgieron contrapesos fácticos, aquellos que están con la minoría que tiene el poder económico. En ese sentido, la transformación se puede tornar ríspida, pero a la vez nos da garantía de que López Obrador no tendrá un cheque en blanco, sino que de hecho va a tener que convivir con ellos. La pregunta ahora es ¿hasta dónde va a tener la capacidad de negociar con las élites minoritarias?

Un contrapeso poderoso es el crimen organizado, así lo apunta Jenaro Villamil en su ensayo.

Claro, Villamil plantea que no podemos conformarnos con decir que la violencia del crimen organizado alcanzó las elecciones. Necesitamos preguntarnos, ¿quiénes los reemplazaron?, ¿a qué intereses responden? No fueron accidente, había una intencionalidad electoral. No podemos olvidarlo porque esa violencia es una forma de expresión del crimen organizado.

¿Qué percibe en la política de seguridad que comienza a esbozar a Andrés Manuel López Obrador?

Hay varios reacomodos. Los altos mandos de las fuerzas armadas parece que no están muy conformes con lo que ha planteado López Obrador. Esta el tema de una amnistía selectiva, es decir para aquellos delincuentes que son consecuencia de un proceso más amplio de descomposición y está también, la capacidad que pueda mostrar un Estado fuerte para negociar e imponer condiciones a un crimen organizado que está absolutamente descontrolado. Estamos prácticamente en los niveles de Honduras. Por eso se requiere de una estrategia que vaya más allá de la famosa inteligencia prometida por Peña Nieto. En sus discursos Andrés Manuel plantea que para disminuir a la delincuencia, hay que combatir la pobreza, crear empleos y dar oportunidades a los jóvenes, para muchos esto parece simplista. En lo personal creo que debemos esperar la fórmula concreta, pero hasta ahora la fuerza y el uso de una fuerza de inteligencia selectiva no solamente ha fracasado, ha incrementado la eficacia del crimen organizado. Hay ciertos esbozos que nos hacen pensar que la política de seguridad irá por otro lado.

En su ensayo reflexiona acerca de Andrés Manuel López Obrador pero desde una perspectiva ética y moral, donde parece tener un lugar dentro de la izquierda conservadora. 

Sí, a Andrés Manuel hay que ubicarlo dentro de las grandes corrientes que predominan en el mundo. Son candidatos de corte conservador y que buscan regresar a ciertos orígenes nacionalistas y muchos de ellos religiosos. Tenemos el caso de Trump o de Bolsonaro, pero también la ola de izquierda latinoamericana de hace diez años y protagonizada por gente como Lula o Correa, políticos que abrazaban las propuestas morales del catolicismo y el cristianismo. López Obrador utiliza lo religioso para hablar de su ética social y contraponerla con la crisis de valores de la clase política y en cuyo centro está la corrupción. Por eso plantea una constitución moral. Ahí el riesgo es transpolar conceptos de ética religiosa a la práctica política. Se puede hacer de la política un ejercicio de verdades absolutas cuando debe ser todo lo contrario. Incluso el concepto de una constitución moral es ambiguo, toda constitución política conlleva valores sociales y cívicos. Este sí es un peligro sobretodo en un país como México, que tiene muy definido el rol laico del Estado. Andrés Manuel López Obrador tiene que poner mucha atención en que al menos por ahora no hay un voto religioso en México y la prueba es el PES: los evangélicos votaron por Andrés Manuel, pero no por Encuentro Social y por eso perdió el registro.

¿Después de lo visto en este proceso de transición qué temores y esperanzas le causa Andrés Manuel López Obrador?

Es un proceso de luces y sombras. El espejo brasileño es muy importante. Lula arribó al poder después de dos o tres intentos por llegar a la presidencia. Dio un giro de 180º a la manera de hacer política en Brasil: fortaleció a la democracia, impulsó programas de vivienda y salud importantes. Pero el drama que lo llevó a la cárcel es el de la mimetización política porque su partido se convirtió en una estructura de corrupción. A veces aunque exista una enorme voluntad por hacer cambios, el problema es no contar con un grupo homogéneo porque Morena no es un partido político, es un movimiento. Otro riesgo, es su capacidad para discusión. Al tener todo el poder político podría caer en la tentación de atentar a libertades indispensables como la de expresión, es una tentación que incluso está latente en los sectores que lo acompañan. Por otro lado, el nivel de votación fue tan amplio que Andrés Manuel desató una gran esperanza de cambio como alguien que viene de afuera para sacudir a una clase política podrida, gandaya y excluyente. En ese sentido, la gran esperanza podría estar acompañada con una gran decepción. Por eso hay que estar muy atentos. No se puede dejar solo a un gobierno porque ningún mesías o tlatoani cambiará todo, si no va acompañado por la ciudadanía. De ahí la pertinencia del ensayo de Ricardo Raphael, quien plantea la participación ciudadana en los diferentes niveles de las tomas de decisiones. Sin una participación real veremos cambios cosméticos y hoy estamos en la oportunidad de cambios de fondo.

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