Álvaro Uribe, el escritor que se define como “un cuentista renegado”
El narrador presentará su libro ‘Historia de historias’, el viernes 12 de octubre a las 17:00 horas en el Foro Juan José Arreola de la Feria del Libro del Zócalo.
(Redacción AN/Malpaso).

Cuando Álvaro Uribe estuvo frente a Jorge Luis Borges no supo que decir. Gracias a aquel episodio pudo escribir un cuento. Cuarenta años después del encuentro, el mexicano todavía tiene una foto del autor de El Aleph sobre su escritorio, a la cual cada tanto le hace una reverencia y le pide permiso para escribir.

Y es que, aunque hace años que Uribe no publica un libro de cuentos inéditos, se considera un cuentista. Si alguien lo duda, que se acerque a Historia de historias (Malpaso), su primera antología de relatos.

Como buen heredero de Borges, el narrador se decanta por los pliegues que escapan al realismo y aterrizan en lo fantástico. “No entiendo la distinción, cuando la literatura fantástica es primigenia al realismo. Los textos antiguos se cargan de este lado, piensa en La Iliada, La Odisea y la Biblia, la aparición del realismo es más tardía”, advierte.

¿Cómo fue su recuentro con los cuentos de Historia de historias?

Fue extraño porque tenía décadas que no publicaba un libro de cuentos. Por otro lado, tengo la impresión de que nunca he dejado de ser cuentista. Incluso a mis seis novelas, yo les llamo mosaicos porque siempre uso técnicas del relato corto. A lo mejor soy un cuentista renegado.  Es más, mi libro anterior, Caracteres, está conformado por textos que bien podrían ser considerarse cuentos.

¿Cómo llevó la relectura de su trabajo?

Cuando te relees y no tienes la costumbre de hacerlo, puedes pensar dos cosas: que bruto era entonces o que bruto soy ahora.  Me debatí entre los dos extremos para no hundirme. Fue una experiencia aleccionadora y opté por no pensar que soy mejor, sino que soy distinto.

¿En qué sentido?

Ahora tengo más mañas gracias a que llevo cincuenta años en esto. Más que una teoría estética soy mañoso. Ya aprendí que si mueves un adjetivo puedes cambiar el sentido de una frase. A fuerza de fracasar sé hacer algunas cosas. De joven era más atrevido. A partir de mi ignorancia me metía con Homero y la Biblia con una desfachatez bárbara. Ahora para echarme una de esas necesito seis meses de investigación. La frescura y la espontaneidad se tienen una vez en la vida. Actualmente tiendo a escribir de lo que realmente conozco, empezando por mi propia vida o por la sociedad en que vivo.

Aunque en sus libros siempre hay un diálogo con los clásicos…

A veces se me elogia y en otras se me critica porque tiendo a ser autobiográfico. Lo admito, me defino como un autobiógrafo serial. Ahora tengo más experiencia vital, de la buena y de la mala, esto influye en el punto de vista. En mis primeros libros escribí más de lo leído que de lo vivido. No obstante, ahora que lo pienso, en uno mis primeros cuentos hay una referencia vital referida a Jorge Luis Borges, quien aparece como personaje. En 1978, estando en París hice fila para verlo en la embajada argentina y no me atreví a decirle nada. Hoy me felicito porque gracias a eso pude hacer el cuento.

¿Sigue leyendo a Borges?

Procuro evitarlo, pero cuando estoy en medio de una sequía creativa leo alguna paginita para recuperar la esperanza en la literatura. El problema es que lo leí, estudié y plagié tanto, que ya prefiero tomar distancia.

Hoy con María Kodama es imposible plagiarlo…

Sí, ahora es imposible. Basta con tomar un renglón para que te demanden. Lo que sí tengo es una fotografía suya en mi estudio. Suelo mirarla constantemente para pedirle permiso. Cuando tienes un maestro provechoso superas la angustia de la influencia porque en realidad es algo muy sano. Ya no me preocupa sacudirme su sombra, hay influencias peores en este mundo.

Otro de sus referentes es Cortázar…

Claro. De hecho, me animé a escribir no tanto por Borges sino por Cortázar. A los 18 años tuve la fortuna de pasar unos meses en París y conocí a una muchacha mexicana, era una devota de Cortázar y ella fue quien me incitó a leer Rayuela, libro que me transformó y que me impulsó a escribir.  En varios de los cuentos incluidos en Historia de historias, está la influencia de Cortázar… es más, en el relato ‘El séptimo arcano’, aparece con otro nombre y la anécdota es la transfiguración de la relación que tuve con él, a quien sí me atreví a hablarle, aunque el resultado fue desastroso.

¿Qué le dijo?

Cortázar fumaba con boquilla y le comenté que me sorprendía que lo hiciera dado que sus personajes fumaban sin ese instrumento. Recuerdo que se desconcertó porque sintió que le estaba recriminando la presencia del cigarro en sus libros. En otra ocasión, durante su época sandinista, me atreví a cuestionarle sobre si no era una pérdida de tiempo andar en tanto congreso político. Entonces me dio una lección al decirme, no todos tienen la fortuna que tú o yo, de vivir en París.

Resiste mejor al tiempo Borges que Cortázar, ¿no?

Probablemente sí. Aunque hace unos meses me regalaron el disco de Voz Viva donde Cortázar lee fragmentos de Rayuela. Desde hacía años no había releído por lo que mencionas, pero al escucharlo de nuevo me convencí de que tiene una gran prosa. A su lado los demás somos principiantes. Muchos de sus cuentos son impresionantes.

Algunos críticos lo definen como un estilista, ¿le gusta?

Si es con buena intención sí. El problema es que los críticos son mal intencionados y a veces cuando te dicen estilista es una porque creen que no tienes nada que decir. Este calificativo me ha llevado a discutir con algunas personas, porque es verdad que me importa el estilo, pero no sobre la historia.

¿Y del lenguaje?

En una ocasión sometí a una prueba de fuego mi capacidad para generar voces distintas. Dos de mis primeros cuentos, ‘Así es esto’ y ‘Manuscrito hallado donde tal vez hubo un cadáver’, los cuales trabajé en el taller de Tito Monterroso, decidí mandarlos al concurso Punto de Partida con pseudónimos distintos. No había ninguna regla que lo impidiera. Y gané el primero y el tercer lugar. Por supuesto ellos se sorprendieron. Yo por mi parte, engañé al jurado y fue una experiencia muy grata.

¿Tiene alguna teoría o definición del cuento?

La diferencia entre el cuento y la novela, además de la extensión, está en las reglas. A la novela no acabo de encontrárselas. En cambio, el cuento que sí tiene una serie de normas y la mayoría tienen que ver con la economía: menor cantidad de personajes o frases posibles. Pero parte del encanto del cuento es que siempre habrá quien intenta romperlas. Mi norma personal es que todo lo que sea breve es cuento.

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