‘Soy una mezcla de lo solitario y lo gregario’: Mónica Lavín
La escritora mexicana publica su antología de cuentos ‘A qué volver’.
(Redacción AN/Tusquets).

A Mónica Lavín le llegó la hora de hacer un corte de caja. Bajo el nombre de A qué volver (Tusquets), la narradora recupera algunos de sus mejores cuentos, aquellos que mejor describen sus obsesiones y mejor han resistido el paso del tiempo.

La antología más que el desarrollo cronológico de una obra da cuenta de su relación la prosa y en particular con género que, como reconoce la propia Mónica Lavín, exige precisión y concentración.

¿Por qué hacer una antología de sus cuentos?

Me parece una buena idea por parte de Tusquets. Viene en un buen momento porque en 1986 publiqué mi primer libro de relatos y desde entonces no he parado, pese a que también descubrí las virtudes de la novela. Al pensar el libro no me interesaba hacer un recorrido cronológico y sí, una cartografía para revisar de qué he escrito, qué cuentos salvo y qué lectura les puedo dar ahora. Fue interesante revisarme. Incluí, además, algunos inéditos.

¿Qué encontró al revisarse?

Encontré afinidades temáticas. Hay desencuentros, un constante interés por abordar temas como la soledad, el amor y lo insólito. Vi un interés especial por las familias y las relaciones familiares.

Al hacer la selección también habrá realizado un ejercicio de autocrítica.

Sin duda. Aquí están los cuentos que más me gustan. Pese a que se dice que los libros no tienen fecha de caducidad, la realidad es que sí la tienen porque se descatalogan. Me parecía que si quería encontrar nuevos lectores o lectores míos, pero con otra manera de leerme, tenía que mostrar mis cartas más fuertes.

Hay autores que no soportan auto leerse…

A mí sí me gustó. A veces decía ‘qué ingenua era’; en otras ocasiones me preguntaba cómo había sido posible que yo escribiera de eso. Me gustó recordarme cómo era escribiendo. Varios fueron escritos en una libreta a mano, ahora eso es imposible. Ya no entiendo mi letra. A mano sólo escribo notas y libretas personales. Ahora me gusta el ritmo del teclado.

¿Qué es la madurez en un escritor?

Quizá la conciencia de escritura y la noción de riesgo y libertad. Ahora soy más libre, diez años atrás me permitía menos cosas. El cuento es riguroso y la novela más permisiva, dentro de sus reglas me siento más libre incluso para tener humor. Al principio me inclinaba más a la tragedia. A lo mejor la madurez es eso. Ahora me interesa buscar nuevos riesgos, formas, divertirme más. Poner a prueba ciertas formas del cuento, sin dejar de tratar de que sean memorables. Cuando encuentro a un buen cuentista encuentro una gratificación superior a la que siento cuando descubro a un buen novelista.

¿Tiene alguna teoría del cuento?

El cuento es como el Alka Seltzer, parece inofensivo, acotado, redondo, pero lo que verdaderamente importa en el cuento es el burbujeo que suscita en el lector. Nunca puede leerse un cuento tras otro, cada uno pide su propio burbujeo y tiene que ver con la epifanía de Joyce, el iceberg de Hemingway. Además, como la poesía permite la relectura. Un relato necesita horas de encierro y concentración para vislumbrar el final. El cuento me sucede en la cabeza antes que en papel. Me gusta saber en qué va a acabar y lo escribo cuando se cómo va a empezar. Es un género de equilibrio y precisamente, por eso nunca queda a la primera.

¿La tendencia a buscar lecturas breves no hace de éste un momento idóneo para el cuento?

Es paradójico. Creo que la gente sigue prefiriendo las novelas de seiscientas páginas. No sé si les dan una garantía de compañía y en cambio el cuento implica una sacudida, es un género incisivo. Lo que sí creo es que los medios electrónicos son más amables para el cuento, hasta de un tuit se hacen minificciones.

¿Sus preguntas literarias siguen siendo las mismas?

Yo creo que sí. Me sigo cuestionando, ¿cuáles son los mecanismos que creamos para estar menos solos? ¿Cuáles son las estrategias con las que sobrevivimos y creamos una entidad superior a la biológica que es la relación humana? ¿Cómo hacemos una invención que permite dar sentido a nuestra existencia? Todavía me parece increíble que en encuentres a “alguien” para construir un “algo”. Ahora siento más ternura por mis personajes, comprendo sus desesperadas nostalgias y actos para ser más amable o significativo el espacio de vida. ¿Cuáles son nuestras estrategias para encontrar la felicidad? Unas son desesperadas, otras son curiosas.

¿Usted qué es más solitaria, curiosa o desesperada?

Soy una mezcla de lo solitario y lo gregario, eso es lo que me ha funcionado. Los amigos me parecen un privilegio de nuestra libertad. Me parecen sustanciales. Ya no me peleo tanto con la falta de tiempo. Siento que uno voy a encontrar la estrategia para gozar la presencia de quienes quiero y escribir. He perdido la prisa.

Además de algo hay que vivir…

De algo hay que vivir y de los libros no se vive.

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