Los cuentos subversivos de Socorro Venegas
La narradora mexicana explora los universos femenino e infantil en ‘La memoria donde ardía’, su nuevo libro.
(HG/Páginas de Espuma).

Por Héctor González

Los cuentos de Socorro Venegas (San Luis Potosí, 1972) cuestionan y provocan. Cada una de las historias incluidas en La memoria donde ardía (Páginas de espuma), merodean el dolor y la dudas que envuelven a los universos infantil y femenino, para finalmente subvertirlos por medio de la literatura.

En un momento donde el feminismo exhibe fortaleza y exige mayor unidad, sus relatos escapan a la militancia y se centran en dudas fundacionales como aquellas vinculadas a la maternidad y a la pérdida.

Los recuerdos regresan para decirnos quienes somos, escribe Venegas. Para efectos del libro, el dolor está asociado a la memoria. La tramoya que sostiene las historias es una paradoja: nos definen las ausencias o el vacío acumulado. Pero ojo, la escritora no necesariamente se refiere a la pérdida como sinónimo de la muerte. Se puede perder el amor, la infancia o el arraigo. La protagonista de Pertenencias, el cuento abridor, deja de ser quien era cuando su compañero y cómplice deja de estar. A partir de la ausencia se convierte en sobreviviente.

Hasta aquí todo va bien y siendo sincero no hay un discurso que sorprenda demasiado. El verdadero poder revulsivo de Socorro Venegas irrumpe sin complacencia en la condición humana.  En un relato como El hueco exhibe a una madre que no conecta con su hijo y se pregunta ¿y si no logro llamarlo hijo? Sabe que un buen manejo de la ambigüedad le permitirá implicar más al lector. Al confrontarlo, cuestiona a una sociedad aún incapaz de asumir que una mujer puede dudar acerca de la maternidad.

Varios de los relatos se mueven bajo esta línea. El resto se aproximan a otro universo que la escritora ha trabajado anteriormente: el infantil. Uno de los puntos más altos y crudos del reposa en Los aposentos del aire. Los protagonistas son un par de niños enfermos de cáncer. Ambos asumen su soledad y la muerte con una total entereza. “Nuestra enfermedad no es contagiosa (…) dicen que esto no es cosa de pequeños. No entiendo, ¿entonces ya no somos niños? Susurro al oído de Lucía: somos lo que van morir”, dice el narrador a sus once años. Sobra contar el final, pero no sobra reparar la forma en que Socorro Venegas usa a sus personajes para hablar del dolor y su poder transformador.

Es difícil atravesar La memoria donde ardía sin salir ileso. En los relatos de la escritora potosina no hay denuncia y menos aún militancia. Hay seres humanos hambrientos de salir y adelante, dispuestos a todo con tal de sobrevivir.

Socorro Venegas. La memoria donde ardía. Páginas de espuma. 106 pp.

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