‘La posverdad demuestra el poco cacumen que existe actualmente’: Óscar de la Borbolla
El escritor y filósofo mexicano nos incita a cuestionar a la época y a nosotros mismos en su nuevo libro ‘El arte de dudar’.
(Redacción AN/Grijalbo).

Vivimos días donde todos exigimos certezas y pocos son quienes se atreven a dudar. Quizá por ello la posverdad se ha instaurado como uno de los rasgos que definen nuestra época. Ante ello, el filósofo y narrador mexicano Óscar de la Borbolla es contundente: “Hoy la duda es casi una obligación”.

Crítico con el discurso que se mantiene en las redes sociales, el autor de El arte de dudar (Grijalbo) plantea en entrevista “el nivel de criterio en las redes sociales está extraordinariamente bajo. Cuando sale una falsedad del tamaño de una cuadra se duplica y extiende, y el auge de esto lo que demuestra es el grado de ingenuidad, desinformación y la falta de juicio”.

 Mire que dedicar un libro a la importancia de durar en una época donde se exige certezas…

Cierto, vivimos en una sociedad que exige reacciones rápidas y seguridad de uno mismo. Si se te viene un camión encima no hay que dudar sino brincar. Pero muchas de las cosas que suceden tienen un calado más profundo y si uno no tiene el hábito de detenerse a darles un par de vueltas, las elecciones no necesariamente son las acertadas. La duda no es un camino hacia el éxito garantizado, pero sí hacia algo mejor. Hoy la duda es casi una obligación. Antes la ciencia y la filosofía te daban versiones que pretendían ser definitivas, hoy, con la posmodernidad vemos cómo conviven muchas verdades excluyentes. Si te casas con el primer planteamiento difícilmente tendrás la actitud para penetrar en la diversidad. No hay un camino definitivo y todos tienen un cacho de validez. Además, la duda nos ejercita en la flexibilidad que nos permite vivir en sociedad.

¿Usted duda mucho?

Dudo de todo, me dedico a la filosofía. Cuando era joven primero leí a Platón; después Aristóteles lo desbancó y así sucesivamente hasta llegar Cioran y su frase: “la historia de la filosofía es el desfile de los absolutos fallidos”. Si en lugar de haberme enamorado de los argumentos de los filósofos, hubiera dudado de ellos me habría ahorrado mucho camino para levantar mi visión de las cosas, de la cual naturalmente habría dudado más adelante.  La duda nos salva de estancarnos en el escalón de la verdad; es el elemento que descongestiona la historia. La búsqueda tiene como su origen la duda.

Pero la duda se contrapone con la necesidad de certezas que todos tenemos…

Claro, uno quiere encontrar su zona de confort. Pero en el mundo de hoy cuando ya tienes las respuestas te cambian las preguntas. Las cosas cambian tan aceleradamente que si te quedas convencido de algo no te das cuenta de la transformación que pasa en todos los órdenes. Los momentos de certeza son necesarios, pero hay que asumir que no son definitivos y siempre hay algo más por venir.

Cierto, lo que creíamos seguro ha cambiado, empezando por la democracia.

Todo está en crisis porque hemos recibido el impacto de muchos descubrimientos que han afectado la vida. Ya no hay manera de explicarse el mundo. En lugar de tener un montón de contenidos informativos bien vale la pena aprender a aprender. El apetito de conocimiento nos debe llevar a certezas transitorias. La geometría fue uno de los terrenos donde hubo una verdad más duradera. Los postulados de Euclides duraron milenios, pero hasta esos cayeron. Un día se les ocurrió revisar porqué no había convertido la proposición de las paralelas en un axioma y en el intento de responder la pregunta se descubrió que bien podrían mantenerse equidistantes y correr indefinidamente, pero tocarse al dar la vuelta, como una vía del tren. Ahí la piedra más firme de la invención humana se fue al demonio. Después vino Nietzsche a decirnos que Dios había muerto, y ahora estamos en franca posmodernidad con un relativismo asqueroso.

¿Usted piensa que Dios ha muerto, vive o nunca vivió?

Depende de la longitud y la latitud. Hay dioses que gozan de buena salud y otros que pasan al panteón de la mitología. Puede ser que lo permanente sea el sentimiento de religiosidad, pero puede ser también que algún día desaparezca. Ahora que conviven y se dan a conocer tantos puntos de vista, tenemos desde las posturas más fundamentalistas hasta aquellas en las que respecto de Dios se marca una indiferencia.

Pero para usted…

Dios es la respuesta a la estructura con que pensamos. Buscamos relaciones de causalidad para entender un fenómeno. La cadena de las causas no puede ser infinita por eso postulamos por necesidad racional un primer causante. Y la misma forma de funcionamiento de la razón lleva a creer que hay un Dios, por eso es un invento de la razón humana. Pero hay muchas veces en que la realidad no tiene que ser como la pensamos. Te diré como decía Nietzsche: Dios es una respuesta demasiado vulgar, es una explicación muy sencilla para las cosas.

¿En la era de la posverdad qué lugar tiene la duda?

La posverdad se ha puesto de moda y la verdad es que yo soy el inventor de esta desgracia. Hace veinticinco años empecé una columna en el Excélsior donde publicaba noticias falsas. Como era una golondrina sin verano provocaba estragos simpáticos. La gente se consternaba pensando en que esas notas eran ciertas y yo me divertía mucho, estaban escritas con sentido del humor. Quienes le agarraron el gusto se divertían y no hacía daño. Ahora en cambio, el nivel de criterio en las redes sociales está extraordinariamente bajo. Cuando sale una falsedad del tamaño de una cuadra se duplica y extiende, y el auge de esto lo que demuestra es el grado de ingenuidad, desinformación y la falta de juicio. Es un fenómeno tristísimo que podríamos representar con un montón de chimpancés usando aparatos de gran sofisticación tecnológica.

Habla mal de nuestra especie…

La posverdad demuestra el poco cacumen que existe actualmente. Si muchas cosas se razonaran un poco o leyéramos con atención, podríamos entender que no son posibles. La gente lee solo cabezas y admite unas aberraciones terribles. Todo por no dudar.

Somos responsables de todo lo que nos quejamos…

Claro que sí. En lugar de construir una idea y fomentar el conocimiento, nos atenemos al primer dato que arroja la web y lo damos por válido.

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