“La búsqueda de lo oscuro en la psique humana me parece importantísima”: Alma Mancilla
La escritora mexicana publica ‘Los seguidores’, una novela que retoma la tragedia de Jonestown para hacernos pensar sobre los alcances del fanatismo.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
El 18 de noviembre de 1978 más de 900 personas murieron en una comunidad en Guyana establecida por el pastor evangélico estadounidense Jim Jones. Se trató de uno de los suicidios colectivos más controvertidos de la segunda mitad del siglo XX.
¿Cómo es posible que algo así ocurra?, se preguntó Alma Mancilla (Toluca, 1974), poco antes comenzar a escribir Los seguidores (Hachette), una novela que nos invita a pensar en los fanatismos, la fe y sus alcances.
¿Qué te lleva a acercarte al tema de Jownstone?
Fue por curiosidad. La primera vez que escuché sobre el tema era una adolescente y fue de una manera fortuita. Me impresionó la magnitud del evento, pero habría quedado como algo anecdótico de no ser porque antes de dedicarme a la escritura fui antropóloga especializada en los fenómenos religiosos. Así fue como me volví a topar con textos relacionados con el tema y mi interés volvió surgir. Mi pregunta inicial fue la más obvia, ¿cómo es posible que algo así ocurra?
¿Y hacia dónde se desplazó tu hipótesis en este sentido?
Empecé una novela que era muy fiel a los eventos reales. Pero en un momento elegí tomar distancia del hecho real porque necesitaba más libertad narrativa y sentía que solo podía conseguirla fabulando. Conservé algunos nombres reales, pero finalmente inventé personajes que convenían a ciertos temas de los que quería hablar y que venían más acorde con lo que tenía en mente. La decisión más importante a nivel personal fue la toma de distancia respecto al hecho real. Hay mucha información sobre Jonestown, pero a mi me interesaba la ficción. Quien busca fidelidad al suceso real puede encontrar mejores trabajos en la sociología, pero la ficción va por otro lado.
Ahí es donde marcas las licencias que tomas para la novela.
Sí, esa es una decisión complicada para quien escribe una ficción basada en hechos reales o histórica. Lo llamamos rigor histórico es una limitante.
En cuanto a la estructura y la voz de los personajes, hay un tono muy angustiante.
Me interesaba un narrador que se aproxima a lo que llamamos el flujo de conciencia o monólogo interior. Es un narrador omnisciente que conoce el pasado, el presente y el futuro, y que es capaz de entrar y salir de la mente de cada uno de los personajes. Gracias a este recurso pude abarcar las conciencias individuales sin olvidar que hay un yo colectivo que se manifiesta en la comunidad. Este tipo de narrador me permitió también conseguir una estructura cercana a lo onírico, como si los personajes estuvieran atrapados en una pesadilla recurrente que no es enteramente circular, pero que va y viene en torno a ciertos motivos y a la noche del evento.
¿Qué nos dice ahora lo sucedido en Jonestown?
Me gusta decir que el libro es sobre una utopía fallida. Incluso estas tragedias tienen o pueden tener un fin loable que se pierde en el camino. A medida que las circunstancias empujan a los líderes de estos movimientos y a quienes los siguen a situaciones extremas, los fines más loables pueden convertirse en tragedias. Me parece que estos liderazgos carismáticos no solo están presentes en lo religioso, también los vemos en lo político. En ocasiones solemos pensar que eso no nos va a ocurrir, pero estos eventos nos enseñan que dadas ciertas circunstancias uno podría terminar reaccionando así.
¿Estas circunstancias tienen que ver con vacíos de poder?
Claro, proporcionan algo donde la familia o el Estado fracasan. La gente se une a ellos no solo porque buscan pertenencia. Al menos en el caso particular de Jonestown, el colectivo ofrecía soluciones de índole práctico como instruir a los niños en la escuela o encontrar un sitio para vivir. El colectivo ayudaba a los individuos a resolver cosas y eso es importante porque realmente no suplen el rol de otras instituciones que no llegan a circuitos vulnerables.
Uno de los temas de tu literatura es la vulnerabilidad. ¿Por qué?
La búsqueda de lo oscuro en la psique humana me parece importantísima. Desde la ficción el acercamiento a lo oscuro nos permite revelar cosas que podríamos no decir abiertamente, o cuestiones a las que nos da miedo acercarnos porque tocan fibras sensibles en lo individual y en colectivo.
¿Cómo cambió tu forma de pensar sobre lo sucedido en Jonestown a partir de la novela?
La ficción más que responder preguntas, las plantea, en todo caso lo que uno intenta es formularlas mejor. Algo que cambió durante la escritura fue el enfoque. Al principio me interesaba más un texto centrado en la figura del líder y durante la escritura me desplacé hacia otras voces porque comprendí que no se podía entender el suceso sin esta pluralidad. No tenía ganas de un texto donde predominara una sola voz. Otra cosa que me parecía importante era no hacer del libro un juicio sumario contra Jim Jones. Hay muchos materiales que lo demonizan, pero para mí era una figura compleja que quería hacer el bien y terminó haciendo el mal, esa complejidad se terminó rebelando durante la escritura. Dejó de ser un personaje maniqueo para convertirse en individuo atrapado por las circunstancias.






