‘Una verdadera estrategia de lectura pasa por crear buenas bibliotecas’: Tomás Granados
El autor de ‘Sin justificar. Apuntes de un editor’, asegura que en 30 años Vientos del pueblo no va a ocupar un lugar en la memoria editorial del país.
(Redacción AN).

Por Héctor González

Después de más de veinte años como editor, Tomás Granados Salinas (Ciudad de México, 1970), hace un primer corte de caja con Sin justifica. Apuntes de un editor (Trama), un volumen donde reúne textos personales, semblanzas y reflexiones acerca de la realidad de la industria del libro.

Crítico y dispuesto a sumarse al debate público, el director del sello Grano de sal y en otro momento integrante del Fondo de Cultura Económica, revisa y analiza la gestión de Paco Ignacio Taibo II y la política pública vinculada al libro.

Ya te habías tardado en hacer un corte de caja como editor, ¿no?

No me considero un editor maduro, este es un oficio en permanente aprendizaje. Siempre me ha interesado poner por escrito las enseñanzas de los demás. Escribir sobre mis colegas es muy ilustrativo y una especie de pedagogía.

Además, en México los editores no suelen publicar sus reflexiones.

Quizá se debe a que muchos editores en México son empresarios antes que hombres de letras. No demerito su labor, pero es otra cosa. Habría que hacer una terapia con Marcelo Uribe (Editorial Era) para que deje de ser tan tímido profesionalmente, él tiene mucho por enseñarnos. En México hay editores con mucha capacidad como René Solís, Jesús Anaya, Ariel Rosales o Rogelio Carbajal. Sería muy interesante leer sus anécdotas, pero también su metodología profesional.

Aparte de las disertaciones personales, haces reflexiones sobre la política pública.

Hay muchos tipos de editores. Yo me asumo entre quienes creen que las reglas del juego no están bien. Me interesa proponer acciones concretas y leyes que encuentren su cauce en las instancias. No a todos los editores les gusta participar en la esfera pública porque consume tiempo, produce sinsabores e implica recursos.

En los últimos veinte años el oficio de editor ha cambiado mucho, ¿no?

Claro, en estos veinte años hemos visto al menos dos cambios radicales: el libro electrónico y las redes sociales. Hoy, ambas son esenciales. El libro electrónico fue un gran hallazgo y no hay que combatirlo, todo lo contrario. La función del editor es dar un servicio al lector.

La realidad es que el libro electrónico no desplazó al papel. Incluso ya se estancó su consumo.

Así es. En el mundo avanzado el libro electrónico dejó de crecer. Para títulos técnicos o de consumo instantáneo es ideal. No obstante, hay otros modelos de lectura con los que no puede. Un problema real es la circulación. Hay mucha lectura digital pero la mayoría es ilegal.

Donde sí hay un cambio radical es en la forma en que nos acercamos al libro. Si alguien la está pasando mal son las librerías que han sido desplazadas por la compra en línea.

El gran cambio está en el uso del tiempo libre de las personas. Gabriel Zaid tiene una tesis fundamental: más caro que el libro, es el tiempo que le vas a invertir. La lucha por nuestros espacios de ocio es despiadada y estamos en desventaja ante estímulos como las series o los videojuegos. Esto ha abierto brecha a los audiolibros, la gente los escucha en el auto, caminando, etc.

Aunque la comprensión es otra.

Claro, esto algo que a mí sí me preocupa, pero a mucha gente le parece una trivialidad. No quiero ser melancólico o catastrofista, pero sin duda corremos el riesgo de tener lectores superficiales.

Conoces bien el Fondo de Cultura Económica, ¿cómo evalúas el periodo de Taibo II en la editorial?

El Fondo ha tenido muchas vocaciones. La primera fue económica, luego incorporó a la literatura, la divulgación. La esencia se ha construido por acumulación. Sin duda será un logro que se dejen de publicar libros por compromiso, pero tampoco veo prudente dejar de editar títulos exigentes para el lector. Casi apostaría a que en 30 años Vientos del pueblo no va a ocupar un lugar en la memoria editorial del país.

¿Por qué?

La mitad de sus títulos se consiguen gratis en internet. No están mal las ilustraciones, pero me parece que conciben a un lector muy simplista.

Aunque es una colección dirigida precisamente a formar lectores y busca llegar a la gente de escasos recursos.

En su gran mayoría quienes conocen el Fondo de Cultura Económica tienen acceso a internet. La auténtica estrategia para lograr más lectores pasa por las bibliotecas. Predomina la confusión de que para ser lector tienes que ser propietario de tus libros. Se necesita privilegiar la construcción de bibliotecas bien surtidas.

¿El precio influye?

Sin duda el precio influye, pero no como herramienta principal. Libros baratos siempre ha habido. En una librería de viejo puedes encontrar títulos buenísimos a cinco pesos. Me parece más efectivo transformar la percepción del valor del libro.

Tus argumentos cuestionan directamente a la Estrategia Nacional de Lectura.

Me parece buenísimo que estructuralmente esté vinculada con Presidencia y que coordine lo que hacen los estados. El problema es que no tiene un presupuesto para dotar a las bibliotecas ni para generar acciones de lectura en las escuelas o producir libros. Me parece un error que el gobierno se asuma como un actor principal, cuando su papel debería ser el de un regulador o promotor.

¿Te parece lento el desarrollo de la política pública en esta materia?

Hay muchos indicios de lentitud. Un ejemplo es la decisión del Fondo de no ir a la Feria de Frankfurt. Taibo tuvo tiempo suficiente para preparar una política de exportación de autores.

Esa decisión también se debe a las políticas de austeridad.

Hay alternativas. El director de la filial en Madrid pudo haber asistido. Publicar libros no es solo invertir en el objeto. Hay una serie de actividades vinculadas a relaciones públicas o difusión, cuyo objetivo es dar a conocer los títulos o tejer relaciones. Buena parte de estas cosas ocurren en las ferias o encuentros. Estoy de acuerdo en que las fiestas o cocteles pueden trivializarse, pero la red de trabajo no debe reducirse.

Ahora estás en una faceta de editor independiente y además en un sello no masivo. ¿Qué políticas podría haber para estimular a sellos como el tuyo?

Hace falta hacerle entender al Estado, sea del partido que sea, que parte de su rol es estimular la diversidad del editorial. El modelo de Paco Taibo se parece al de Planeta. Si tuviera en mente la realidad de editoriales que publican quinientos ejemplares por título y sacan cuatro novedades al año, podría desarrollar un modelo para estimular a estos pequeños editores.

Apenas se anunció que la Ley del Libro volverá a discutirse en el Legislativo. ¿Esta no es una ley irrelevante en tanto que no tiene capacidad de sancionar?

Ese es un tema crucial. Ahora se busca ampliar el plazo del precio único y yo no estoy de acuerdo. Además, se propone que el tiempo se mida a partir de la fecha del colofón no de reimpresión. Bajo esta lógica, cualquier libro podría estar constantemente. Para mí es más importante encontrar un mecanismo para forzar a que se respete el Precio Fijo.

Aquí aún no nos alcanza, pero Amazon tiene en jaque a las librerías europeas.

Amazon es transparente, cualquiera puede observar cuando viola la ley, pero nadie puede actuar. Más o menos respetan a los grupos muy grandes, pero a los sellos pequeños no. Pueden bajar el precio de un libro de Grano de Sal y el esfuerzo que para mí representa levantar una denuncia es muy costoso. La ley debería prestarle atención al comercio electrónico, no sólo constreñirse a las librerías físicas.

Europa no ha podido controlar a Amazon.

No ha podido, aunque en Europa se ha intentado promover la conciencia de la librería de barrio. La apuesta es compleja porque requiere capacitación e innovación, pero hay que hacerla. Otro camino es la organización gremial. En Alemania los editores y los libreros trabajan juntos y por eso son fuertes, en México no es así.

Algo que están haciendo bien las editoriales independientes en mirar al nicho.

Sí, esto es una maravilla. Ahora los editores nos la pasamos buscando a las comunidades organizadas de lectores. A ellos son a quienes trato de llegar. La facilidad con que ahora se crea una editorial es genial porque aumenta la bibliodiversidad y esto es una meta en sí misma.

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