Alianza Alimentaria | Alimentación sostenible: clave para la salud de las personas y del planeta
Cada año, millones de personas desarrollan enfermedades que podrían prevenirse con cambios en su dieta, afirma Alianza Alimentaria.
- Redacción AN / ES

Alianza Alimentaria
En el contexto del Día Mundial de la Salud, especialistas en salud pública subrayan que la forma en que nos alimentamos no solo impacta nuestro bienestar individual, sino también el equilibrio del planeta. Adoptar una alimentación más sostenible se alinea con el enfoque de “Una Salud”, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, que reconoce la interdependencia entre la salud humana, la de los animales y la de los ecosistemas.
Este enfoque plantea que no es posible mejorar la salud de las personas sin considerar factores como el sistema alimentario, el medio ambiente y la forma en que producimos y consumimos recursos. En ese sentido, la alimentación se posiciona como un punto de conexión clave entre estos elementos.
Cada año, millones de personas desarrollan enfermedades que podrían prevenirse con cambios en su dieta. La hipertensión arterial es uno de los ejemplos más relevantes: más de 1,280 millones de adultos viven con esta condición en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. En México, cerca del 30% de la población adulta la padece, muchas veces sin diagnóstico.
La evidencia científica ha demostrado que el consumo elevado de sodio, grasas saturadas y alimentos ultraprocesados —especialmente carnes procesadas— está asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Estos patrones alimentarios reflejan un entorno que impacta tanto la salud humana como la sostenibilidad del planeta.
Frente a este panorama, diversos estudios coinciden en que los patrones de alimentación basados en plantas —ricos en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y semillas— pueden contribuir a la prevención y manejo de enfermedades crónicas, al tiempo que reducen la presión sobre los recursos naturales.
“Las legumbres —como frijoles, lentejas y chícharos— son una opción accesible, nutritiva y profundamente arraigada en nuestra cultura alimentaria; además de aportar proteína vegetal y no contener colesterol, pueden ser una de las formas más efectivas de avanzar hacia una alimentación más saludable y sostenible”, destacó Sofía Ruiz Oldenbourg, gerente de Políticas Alimentarias de Alianza Alimentaria y Acción Climática.
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Más allá de la salud individual, la forma en que nos alimentamos también influye directamente en el cambio climático. De acuerdo con la Comisión EAT-Lancet, el sistema alimentario global es responsable de más del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. En particular, la producción de alimentos de origen animal requiere mayores cantidades de agua, suelo y energía.
“Avanzar hacia una alimentación con más alimentos de origen vegetal es una de las decisiones más simples y poderosas que podemos tomar: no solo ayuda a reducir la huella ambiental, también mejora la salud cardiovascular y previene enfermedades. Lo que elegimos comer todos los días tiene un impacto directo tanto en nuestro bienestar como en el del planeta”, informó Sofía Ruiz.
El enfoque de “Una Salud” destaca precisamente esta interconexión: lo que comemos influye en la salud de los ecosistemas, y a su vez, un entorno saludable es fundamental para garantizar sistemas alimentarios seguros y sostenibles.
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Pequeños cambios en la vida diaria —como incorporar más legumbres, reducir el consumo de ultraprocesados o moderar la ingesta de sodio— pueden generar beneficios significativos a lo largo del tiempo.
Hablar de alimentación sostenible es, en esencia, hablar de una forma de cuidado integral: hacia nuestro cuerpo, nuestras comunidades y el planeta.


