Fin a la guerra del petróleo | Columnas Financieras 10/04/2020
No solo no hay programa alguno para impedir la pérdida de empleos, sino que no hubo tampoco ningún apoyo para posponer o prorratear el pago de impuestos, escribe Macario Schettino en El Financiero.

Los diarios de circulación nacional presentan opiniones y editoriales con información y trascendidos relevantes en materia económica.

Dinero, de Enrique Galván, en La Jornada:

Acuerda la OPEP poner fin a la guerra del petróleo // México no aceptó bajar producción

Los países de la OPEP llegaron a un acuerdo después de muchas horas de teledebates: reducirán la producción de petróleo en forma escalonada. En abril y mayo, 10.2 millones de barriles al día, y de junio a julio, 8 millones. Participaron en la telereunión 23 países. El gran logro fue que Rusia y Arabia Saudita acercaran sus posiciones, pues habían llegado a un punto de desacuerdo que parecía imposible salvar.

México asistió representado por la secretaria de Energía, Rocío Nahle. Quisieron que aceptara que Pemex redujera su producción en 400 mil barriles diarios. No aceptó. Le dieron la opción de que su decisión quedara pendiente, que apareciera en blanco la cuota de México, y rehusó. Las presiones vinieron principalmente de Rusia y Arabia Saudita. No la convencieron. El acuerdo de la OPEP tiene un costo y un beneficio. El beneficio consiste en que subirá el precio del petróleo y los ingresos del gobierno mexicano. El costo es que los consumidores verán que el precio de la gasolina, que ha bajado en las semanas recientes de 20 a 13 pesos el litro, tenderá a subir nuevamente. ¿Cuánto? Es algo difícil de predecir. 

Fuera de la caja, de Macario Schettino, en El Financiero:

Destrucción sin límite

En México, de acuerdo con los datos presentados hace unos días en una mañanera, que es la única fuente de información que tenemos más o menos oportuna, se han perdido 346 mil empleos en un lapso similar (del 13 de marzo al 6 de abril). Se trata de un fenómeno global, producto de la necesidad de frenar la actividad económica para impedir un mayor contagio del coronavirus. Sin embargo, la Secretaría del Trabajo lo que hizo fue listar empresas que habían despedido personal, culpándolas por esa decisión que, como es evidente, no es por voluntad propia, sino resultado de un mercado que se derrumba.

En todos los países del mundo se están implementando programas para impedir que la caída productiva sea tan grande que no pueda después remontarse. Acá no. No solo no hay programa alguno para impedir la pérdida de empleos, sino que no hubo tampoco ningún apoyo para posponer o prorratear el pago de impuestos y cuotas de seguridad social, que le diesen margen a las empresas para cuidar a su personal. El gobierno mexicano desea destruir al sector privado, según la ya famosa frase con que se refirió López Obrador a la crisis: “como anillo al dedo” le viene la oportunidad de destruir todo.

Cuenta corriente, de Alicia Salgado, en Excélsior:

Subrogación, la opción público-privada

La Comisión de Salud del CCE y el Consejo de Salubridad Genaral continúan trabajos conjuntos. Esto ha permitido identificar 1,732 camas certificadas con capacidad para atender pacientes graves de COVID-19 en 146 hospitales privados. El compromiso de la Asociación Nacional de Hospitales Privados, a cargo del Consorcio Mexicano de Hospitales, dirigido, a su vez, por Javier Potes, participa con 390 camas en 44 unidades hospitalarias y la Asociación Nacional de Hospitales, que encabeza Roberto Simón Sauma, con 1,342 camas instaladas en 102 hospitales en el país.

El único tema pendiente, según entiendo, es definir con claridad el esquema bajo el cual se pagaría el servicio si es solicitado desde entidades públicas y la figura de la subrogación se coloca como una buena alternativa para ello. Se espera que el lunes o martes próximos finalicen el convenio y las condiciones de pago, pero de entrada se sabe que la subrogación permitirá que enfermos de otro tipo de endemias, no solo COVID-19, puedan ser atendidos en la capacidad hospitalaria privada, para que se desahogue la demanda de atención por problemas renales, otro tipo de neumonías, diabetes, hipertensión, etc., en un proceso que permita desahogar la sobredemanda en el caso de los hospitales de especialidades del sector salud.








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