José Luis Martínez S. revive la relación entre Renato Leduc y Leonora Carrington
El periodista mexicano tuvo a su cargo la nueva edición de ‘XV Fabulillas de animales, niños y espantos’.

José Luis Martínez S. conoció a Renato Leduc una de las tardes en las que el poeta visitó a su amigo Vicente Ortega Colunga, en su oficina de la revista Su Otro Yo. “Sólo lo había visto en los retratos que acompañaban sus columnas. Cuando lo conocí me quedé sorprendido, era mi ídolo. Durante cinco años los acompañé con frecuencia; era una delicia escuchar sus anécdotas e ideas. Para mí fue el descubrimiento de un personaje y una época”, recuerda.

Leduc visitaba a su amigo casi todos los días. Cuando tenían sed de la mala, el destino era la cantina La Reforma, donde todavía cuelga un retrato del poeta. Cuando no, solían ir al Café La Habana. Ahí se sentaban en una de las mesas que dan al ventanal con vista a Bucareli. Justo en una de esas mesas, es donde entrevisto a José Luis Martínez a propósito de la edición a su cargo, de XV Fabulillas de animales, niños y espantos (Vaso roto), título donde colaboraron el propio Renato Leduc y quien durante poco tiempo fuera su esposa, Leonora Carrington.

La primera edición de las Fabulillas data de 1957, para entonces, Leduc y Carrington ya se habían divorciado y eran grandes amigos. Se tiraron trescientos ejemplares probablemente pagados por él mismo autor. “Yo creo que Renato le pidió las viñetas a Leonora”, especula Martínez y añade que fue hace seis o siete años cuando vio por primera vez el título original. “Me lo enseñó Patricia Leduc, su hija. Al ver el colofón le pregunté si se había reeditado y me dijo: ‘con las viñetas de Leonora, no’”.

“Todo comenzó en París”, escribe el José Luis Martínez en el prólogo de la nueva edición.  Leduc llegó a la Ciudad Luz en 1935 y de inmediato fue seducido por la bohemia, el ambiente y el ritmo de la ciudad francesa. Se hizo amigo de André Breton y del resto de la comitiva surrealista. El mexicano acompañó a Picasso a una reunión y ahí estaba Leonora del brazo de Max Ernst, su entonces pareja. La amistad entre ambos surgió de manera casual y poco a poco se hizo más profunda. Una vez que ella se separó de Ernst, se reencontró con Leduc en Madrid y accedió a acompañarlo por Lisboa, Nueva York y México. Se casaron en 1941 y se divorciaron en 1944, en la ciudad de México.

A pesar de la separación, nunca dejaron de ser amigos. “Cuando se refería a Leonora Carrington, lo hacía con mucho cariño. Fueron dos personajes extraordinarios. Su relación sentimental fue muy breve, pero su amistad se mantuvo todo el tiempo”.

Con el objetivo de reeditar las Fabulillas, José Luis Martínez buscó hacerse de los derechos de las viñetas y tras un proceso largo lo consiguió. “Me pareció interesante recuperarlo porque lo considero un libro casi inédito. Si bien están incluidas en volúmenes como Obra literaria de Renato Leduc, editado por el Fondo de Cultura Económica, no se habían vuelto a publicar con las ilustraciones”.

En su momento Octavio Paz llamó a Leduc “poeta de arrabal”, no en tono despectivo sino al contrario, con respeto. “Está considerado como uno de los grandes poetas de este país. En las Fabulillas encontramos un enorme sentido del ritmo y la música. Tenía una gran capacidad para transgredir e ironizar. Por la misma época en la que fueron escritos, es verdad que tienen una misoginia literaria superior a la que él sentía. El libro muestra una época y ayuda a conocer a un escritor que fue capaz de concitar la admiración de sus colegas, pero sobre todo de la gente que en la calle”.

Leduc, el personaje

José Luis Martínez seguía a quien define como uno de sus maestros, desde que publicaba en Siempre!, Excélsior y Órbita, ésta última cambiaría su nombre a Escándalo. “Ahí leía a Flavio Zavala Millet, José Ramón Garmabella, pero sobre todo la columna ‘Semana escocesa’, de Renato Leduc”.

Alrededor del poeta y periodista existe un aura casi mítica. De adolescente se enroló en la División del Norte de Pancho Villa. Conoció a John Reed y Ambrose Bierce. A su regresó de la aventura revolucionaria ingresó a la preparatoria, para entonces ya tenía más kilómetros de vuelo que cualquiera de sus compañeros. Fue condiscípulo de López Mateos; estuvo en la lucha por la autonomía universitaria con uno de sus grandes amigos, Alejandro Gómez Arias, quien tiempo después le bajó a la novia.

“Cuando estabas con él, no había necesidad de hablar. Una anécdota desencadenaba otra y otra. Alguna vez le pregunté de sus andanzas en la Revolución y cuestionó que el cine promoviera una idea musical de la revolución, cuando en realidad fue un proceso donde hubo miles de muertos. Era un hombre simpático, amable, dicharachero, con un enorme sentido del humor y con una memoria prodigiosa. Nunca se tomó en serio, siempre bromeaba sobre los demás y sobre sí mismo. Nunca noté la impostura del gran escritor cuando convivía con él”.

Para José Luis Martínez es lamentable que Renato Leduc cayera en el olvido de los más jóvenes. “Tuvo la valentía para enfrentar a los poderosos sin abandonar la amistad de muchos de ellos. Miguel Alemán fue su compañero en la universidad y sin embargo lo criticó, igual que a López Mateos. Fue un periodista progresista, liberal y demócrata que supo separar sus afectos de su trabajo. Nunca esperó nada del poder. Alguna gente le ofreció cosas y algunas las aceptó. Jorge Díaz Serrano lo ayudó a comprar un aparato enorme para poder ver porque al final de sus días estaba casi ciego. Carlos Hank González le dio un auto viejo Renault, creo, para que pudiera desplazarse con facilidad. Era alguien profundamente orgulloso de su oficio, y protagonista de la generación más brillante del periodismo mexicano”.

Con el fin de recuperar su legado y figura, José Luis Martínez trabaja en un texto que amplíe el prólogo escrito para las Fabulillas. Su trabajo, seguramente seguirá la misma ruta que sus títulos anteriores La vieja guardia, donde desarrolla la biografía de algunos periodistas mexicanos del siglo XX; y El día que cambió la noche, donde recuerda la vida nocturna que sepultó el terremoto de 1985.  “A mí me gusta la memoria, no la nostalgia, la nostalgia te detiene. Me gusta reportear la memoria como decía Kapuscinski; acercarme a ciertos sucesos y personajes que me interesan. Nunca he pretendido ser un escritor de ficción, no me interesa”.

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