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'Saludos y despedidas en cartas americanas: Un acercamiento a la oralidad de la vida cotidiana' | Texto de Concepción Company

Compartimos un fragmento del libro 'Hablar y vivir en América' (El Colegio Nacional-UNAM, 2023), coordinado por la lingüista Concepción Company Company. La también integrante de El Colegio Nacional iniciará el ciclo 'Lengua, lingüística histórica e historicidad' este miércoles 11 de agosto, a las 18 horas, en la sede de la institución.

  • Redacción AN / MDS
09 Aug, 2026 06:30
'Saludos y despedidas en cartas americanas: Un acercamiento a la oralidad de la vida cotidiana' | Texto de Concepción Company
Foto: Archivo Pexels

Por Concepción Company Company / Miembro de El Colegio Nacional*

 

La oralidad en la escritura. El valor excepcional de cartas y notas

Uno de los mayores retos que se enfrenta el historiador de una lengua es averiguar cómo se hablaba en etapas pasadas, particularmente en los ámbitos cercanos, coloquiales e íntimos, porque, cosa sabida, sólo perviven testimonios escritos, y esto sólo en caso de que la lengua en cuestión tenga tradición escrita, pues, como es conocido, la mayoría de las lenguas del mundo nunca ha desarrollado escritura y sólo ha vivido y vive en su oralidad, aunque para todas sea posible plasmar o graficar la oralidad mediante un alfabeto fonético internacional.

Para el caso de las lenguas con escritura, el historiador se ve obligado a inferir la oralidad de la vida cotidiana pretérita a partir de los testimonios escritos […] Además de un reto, rescatar la oralidad a partir de los testimonios escritos antiguos ha sido siempre un anhelo de todo historiador de una lengua, aunque sepa que no podrá. nunca acceder realmente a aquella, porque la oralidad de tiempos pasados es simplemente inaprehensible por inexistente. Por tanto, además de un reto, el anhelo es paradójico; pero lo cierto es que ambos, reto y paradoja, han estado estrechamente unidos y han sido una meta constante en el quehacer de la historia de las lenguas y, aún más, de dos de sus subdisciplinas, en las cuales se centra este capítulo: la gramática histórica y la filología.

El reto es aún mayor si se tiene en cuenta que la relación entre lengua hablada y lengua escrita, u oralidad y escrituralidad, dista de ser transparente y unívoca, ya que la escritura impone sus propios moldes retóricos discursivos y es heredera de tradiciones escriturales y usus scribendi previos, de manera que, más que un reflejo de la oralidad, suele ser, las más de las veces, un opacador de la lengua hablada y, sobre todo, de la espontaneidad que caracteriza a la oralidad: aprender a leer y escribir, así como la escolarización misma, van, en general, de la mano de mayor cultura y reflexividad a la hora de hablar, dos factores que inhiben la naturalidad típica de la oralidad y, en especial, el empleo de construcciones y expresiones lingüísticamente poco valoradas o mal valoradas, las cuales suelen ser una constante de la cotidianidad del habla y caracterizadoras de ésta, en particular de aquella que constituye el soporte de la vida privada.

Foto: El Colegio Nacional

Con todo, las huellas de la oralidad en la escritura existen, especialmente en ciertos tipos de textos, aunque otro problema, persistente e irresoluble, del historiador de la lengua es saber si tales huellas constituyen una reproducción del habla o si se trata de una mímesis estereotipada y mediada por una tradición retórica propia de la escritura, que dista de ser un espejo de la lengua oral real. En otras palabras, tal reproducción escrituraria estaría mediada por los conocimientos retóricos, aprendidos o heredados, del escribiente, de suerte que siempre estaríamos lejos de conocer el habla verdadera de épocas pretéritas.

[…]

A pesar de los retos, de la paradoja, de los estereotipos y de la huidiza relación entre escritura y oralidad, existe un tipo de texto, las cartas, que sí se aproxima de modo bastante fidedigno a la oralidad y la deja aflorar con sus propios rasgos. Las cartas y notas antiguas —cartas éstas sumamente breves, escritas, casi siempre de forma apresurada, en un papel de tamaño muy pequeño y de circulación íntima, restringida a dos personas—, sobre todo si se trata de correspondencia entre particulares, suelen ser textos de factura poco cuidada, realizados en su mayor parte por escribientes inhábiles, lo que los hace ideales para acercarnos a la oralidad del pasado.

Resguardadas generalmente en archivos históricos y, con menor frecuencia, en acervos privados, las cartas constituyen documentos privilegiados para rescatar la oralidad de épocas pretéritas por tres razones, al menos. La primera es que son el único tipo de texto que se atreve a escribir quien no sabe hacerlo —su equivalente actual sería la escritura de mensajes de texto en un teléfono celular por parte de personas poco escolarizadas o incluso carentes de escolarización—, ya que su autor cree que sus palabras serán leídas en privado por un destinatario muy cercano o íntimo, y, si acaso, serán difundidas en un círculo muy estrecho y amigable. La segunda es que quien las escribe es más un hablante-escribiente que un escritor en forma, una “mano inhábil”, como se conoce a este tipo de escribientes en la moderna filología. La tercera razón es que, a diferencia de la literatura, este género o tipo textual no tiene intención creativa ninguna, aunque sí tenga, sin duda, regulaciones escriturales, procedimientos y tradiciones propios. En suma, las cartas son el tipo de texto más cercano a la inmediatez comunicativa “real” entre dos hablantes-escribientes y una joya textual para aproximarnos a la oralidad de épocas pasadas.

Pero las cartas y notas íntimas son también la joya de los fondos documentales históricos porque constituyen un tipo textual muy difícil de encontrar en los archivos, ya que, las más de las veces, suelen llegar a éstos por casualidad. Este género textual se resguarda en un archivo histórico por tres causas básicas —las dos primeras sí son un verdadero azar; la tercera, no—: a) por ser un documento probatorio en una denuncia, b) por ser un documento probatorio para realizar un viaje trasatlántico y c) por ser petición de mercedes.

En el caso de los documentos probatorios en una denuncia, uno de los escribientes de la relación epistolar exhibe ante un tribunal o juzgado la carta o nota en cuestión como prueba documental de que existió algún tipo de vínculo, sea sentimental, sea comercial, entre él y otra persona […] Por su parte, los documentos probatorios para viajar son cartas de mano inhábil cronológicamente muy acotadas: pertenecen al siglo XVI, periodo en que la Corona española de los Austrias regulaba el permiso para viajar a América mediante la presentación, ante las autoridades pertinentes, de una prueba de que el viajero tenía ya un familiar en el Nuevo Mundo; la prueba era la carta escrita por el pariente indiano. Tal regulación administrativa se aplicó a lo largo del siglo XVI, de manera sistemática en su segunda mitad, a pasajeros particulares a Indias; a partir del siglo XVII desapareció de los archivos este tipo de cartas probatorias, ya que la administración de los Austrias, como es sabido, implementó otros controles para viajar a América […]

Estas cartas suelen describir con gran detalle cómo prosperó el indiano en América, en comparación con su anterior vida en España; su existencia cotidiana; los agobios y dificultades hasta llegar a la bonanza, y la conveniencia de que el familiar —esposa, madre, hijos, sobrinos— se reuniera con él. Hay cientos de cartas de este tipo porque con mucha frecuencia el indiano no encontraba eco a sus misivas, de manera que escribía una y otra vez a los parientes en España. Cuando el pariente español se animaba, finalmente, a viajar, solicitaba permiso para embarcarse presentando una o más cartas como documento.

 

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* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.

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