“En México a las librerías no se les ve como parte del patrimonio cultural”: Alberto Achar
El director comercial de la cadena Gandhi advierte que países como España o Argentina, tienen más librerías pese a que cuentan con menos habitantes.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Fue en junio de 1971 cuando abrió sus puertas la primera librería Gandhi. Motivado por su amor por la lectura, Mauricio Achar abrió en un espacio de 150 metros cuadrados ubicado en la avenida Miguel Ángel de Quevedo, de la Ciudad de México, la primera de lo que hoy es una cadena de cincuenta tiendas distribuidas en 18 estados del país.
Cincuenta y cinco años después, la industria editorial ha cambiado mucho y la empresa ha tenido que adaptarse a las necesidades de un mercado cada vez más exigente, reconoce su director comercial Alberto Achar, quien además, analiza la situación que enfrentan las librerías en México.
¿Cómo llega librerías Gandhi a su aniversario 55?
Es maravilloso poder festejar esa edad en un país que tiene muchos problemas con el tema de la lectura. Este año todavía tenemos en la mira abrir tres sucursales más, una en Pachuca, tal vez en Oaxaca y quizá una más en la zona de la Condesa-Roma, en la Ciudad de México. Hoy en día estamos en 18 estados.
A lo largo del tiempo han tenido que adaptarse a las necesidades del mercado…
Es verdad. Durante la pandemia, por ejemplo, restructuramos un montón de cosas. Nos adaptamos a los nuevos hábitos de compra y formatos. Sin embargo, seguimos fieles al objetivo de nuestro fundador, Mauricio Achar, que era acercar la cultura a través de la lectura y poder transformar a la sociedad en la que vivimos. Buscamos llevar el libro a todos los rincones del país, por eso hoy tenemos 50 librerías distribuidas en casi toda la república, además hemos conseguido llevar el libro a tiendas departamentales y reforzar la venta a través de nuestra página de internet. Hemos sido muy tercos en hacer una experiencia de compra distinta y especial ofreciendo más de 12 servicios y valores agregados, incluyendo una amplia oferta de eventos culturales.
¿Qué han detectado en el comprador que los llevó a determinar que hoy vender libros no es suficiente?
El área de accesorios, es decir, artículos adicionales al libro, representa casi 10 por ciento de la nuestra venta. Nuestros grandes departamentos siguen siendo la parte de no ficción con títulos de desarrollo personal, política o economía, los libros de texto; por supuesto la literatura. No obstante, hemos detectado un crecimiento muy interesante en la parte de libros para los jóvenes. En todas nuestras librerías se ha modificado para mejor, la sección dedicada a niños. Tenemos que adaptarnos a lo que demanda el lector.
¿Cuáles son las particularidades o sesgos del lector mexicano?
Tenemos bien ubicados tres segmentos y tipos de clientes. El 18 por ciento, son intelectuales, analistas, filósofos, literatos, líderes de opinión, gente que vive realmente de los libros o cuya profesión gira alrededor del conocimiento, este tipo de cliente tiene un nivel de compra bastante alto y representa 30% de nuestra venta. Otro segmento abarca el 56% de nuestros clientes y son quienes ven a nuestras librerías como un pasatiempo. Les gusta estar enterados y cercanos a la cultura, ellos compran muchos libros para regalar. Luego tenemos un 26% que nos visita básicamente por obligaciones escolares o laborales, es decir, van por un título muy específico. Un dato interesante es que 58% de la gente que nos visita ya tiene un libro en mente, mientras que el 42% restante está abierta a recomendaciones por eso hemos adaptado nuestros espacios para que el visitante encuentre distintos tipos de sugerencias de lectura.
¿Cuál es el género que más se vende en las librerías?
No ficción, todo lo que tiene que ver con desarrollo humano representa la parte más importante.
¿A la literatura infantil qué tal le va?
Muy bien, primero tenemos la no ficción que contempla desarrollo humano, política, economía, libros de texto, esto representa 38 por ciento de la venta. Después viene la literatura de ficción y poesía que se ubica en 34%; poco más abajo, la literatura infantil y juvenil que supone 20 por ciento de nuestra venta.
En los últimos años han surgido librerías más pequeñas y que son más de nicho. Buscan atender a lectores específicos y ofertando a sellos de calidad pero que no están en Gandhi. ¿Cómo llevan este tipo de competencia?
Ante todo, buscamos que haya lectores. Nuestro trabajo consiste en conseguir que esos lectores se conviertan en clientes. Para nosotros, el hecho de que surjan estas librerías nos parece perfecto porque significa que una mayor demanda por ciertos temas. Nosotros trabajamos con más de 500 editoriales de distintas partes del mundo y siempre hemos apoyado a las editoriales independientes.
Sin embargo, hay sellos pequeños y de calidad que dicen que Gandhi les pide un descuento incosteable, además de que la rotación de sus mesas novedades es muy rápida.
Siempre existen esas cuestiones, independientemente de trabajar con las editoriales más importantes, hoy en día se lanzan más de mil 100 novedades al mes. Si nosotros trabajamos con 500 editoriales, de las cuales alrededor de 230 son nacionales, esto quiere decir que tenemos 500 proveedores. Siempre van a existir sellos que a lo mejor no tienen que ver con nuestro perfil. Nos encantaría ofrecer todos los libros, pero nuestros espacios son finitos. Estamos trabajando para ampliar nuestro servicio a través de nuestra página. Sobre los porcentajes que se piden, son de los más bajos que puede pedir una librería. Uno de los problemas que tenemos en México es que no existen librerías, en parte porque no se les ve como parte del patrimonio cultural. Llevamos años solicitando tasa cero para las librerías, pero no lo hemos conseguido. No podemos deducir el IVA de los gastos en que incurrimos y eso dificulta la viabilidad financiera de las librerías. A lo largo del tiempo hemos apoyado a muchas editoriales independientes y ahora estamos diseñando esquemas de marketplaces que nos permitan ofrecer todos los títulos.
¿Por qué no se ha conseguido que las librerías puedan deducir el IVA de sus gastos?, ¿qué otras medidas podrían estimular la creación de estos espacios?
Hemos tratado de empujar el tema, intentamos acercarnos a la Secretaría de Cultura para exponer la situación. En Francia hay estímulos fiscales interesantes para las librerías porque se les ve como parte del patrimonio cultural y como espacios de vinculación y crecimiento para la propia sociedad. Aquí, en su momento se publicó la Ley del Precio Único y Fomento para la Lectura y el Libro, y se consiguió que los títulos con un lanzamiento no mayor a 36 meses tengan el mismo precio. Esto permite que una librería grande y una chica trasladen su competencia a la experiencia de compra, eso de alguna manera propicia tener librerías más profesionales. Al gobierno le falta entender la importancia de las librerías en nuestra sociedad. Argentina tiene 46 millones de habitantes y cuenta con más de 2 mil librerías; España tiene casi 50 millones de habitantes y tiene más de cuatro mil. En México con 130 millones de habitantes hablamos de 2 mil, pero de las cuales apenas 700 son librerías tradicionales. Si en verdad queremos librerías necesitamos que sean financieramente viables y construir los lectores desde otro lado.
¿Por qué crees que falta esta sensibilidad?
Es complejo, en la dirección de nuestro país hay gente que no necesariamente tiene la sensibilidad para entender la importancia de la cultural y dimensionar los cambios que se pueden generar a través de la educación y los libros. Somos un país con más de 6 mil 400 bibliotecas públicas, tenemos la segunda biblioteca pública más grande de Latinoamérica, que es la Vasconcelos, y se cree que por si solos estos espacios generan lectores, pero la realidad es que no, se necesita una visión más integral.






