‘No he visto una política cultural acorde a un verdadero cambio’: Juan Villoro
El escritor y miembro de El Colegio Nacional sostiene su voto de confianza al gobierno de López Obrador.
(Redacción AN).

Por Héctor González

No es difícil que una plática sobre teatro terminé en el terreno de lo político, y más cuando el interlocutor es Juan Villoro (Ciudad de México, 1956). A partir de este martes y durante los siguientes tres el escritor ofrecerá el ciclo de conferencias Cuarteto mexicano, en El Colegio Nacional (Donceles 104 Centro Histórico). En cada una abordará la teatralidad en la obra de José Emilio Pacheco, Elena Garro, Fernando del Paso y Juan José Arreola, respectivamente.

A propósito de sus pláticas, Villoro entabla un puente entre su propia relación con la dramaturgia. En entrevista, recuerda su adolescencia, cuando pensó en dedicarse a esta disciplina. Al final pudo más el cansancio y se decantó por la narrativa. Pese a todo, en los últimos años ha saldado la vieja deuda y de hecho a partir de septiembre se montarán dos obras suyas. La primera será Cremación, bajo la dirección de Luis de Tavira, poco después será el turno de La Guerra Fría, ésta bajo la tutela de Mariana Jiménez.

¿Por qué un ciclo de conferencias sobre José Emilio Pacho, Elena Garro, Fernando del Paso y Juan José Arreola?

En El Colegio Nacional tenemos la idea de darle prioridad a las expresiones culturales y científicas de los mexicanos. Me pareció interesante regresar a escritores decisivos dentro de nuestra tradición pero bajo el ángulo de la dimensión teatral. No porque fueran dramaturgos, sino para explorar la relación que todo escritor tiene con la puesta en escena y su misma representación.

 ¿Qué aporta cada uno en este sentido?

El ciclo inicia con José Emilio Pacheco quien escribió muchos textos sobre Ramón López Velarde y fue Marco Antonio Campos quien los reunió. En un texto Pacheco hace coincidir a los fantasmas de Amado Nervo y del poeta de Jerez, en la calle de Madero esquina San Juan de Letrán. Me pareció interesante hacer algo similar. Elena Garro fue una dramaturga y novelista excepcional, en la plática analizaré la condición teatral de toda su escritura. Fernando del Paso hizo algo muy curioso: en su novela Palinuro de México, el episodio decisivo está escrito como obra de teatro. Me propongo averiguar cuáles fueron los resortes que lo llevaron a tomar esa decisión. Juan José Arreola fue un hombre muy teatral, lo recordamos hablando y recitando con su capa en programas de televisión. Su obra le debe mucho a la oralidad, él le dictó a José Emilio Pacheco el libro Bestiario, en uno de los grandes momentos de la literatura mexicana. Alejandro Ricaño uno de los mejores dramaturgos, presentará un monólogo inspirado en Arreola; después Chema Arreola, Alejandro y yo haremos un debate. Son cuatro maneras de regresar a autores clásicos, so pretexto de la teatralidad. Las conferencias son muy libres porque al final lo importante es leer a estos autores.

¿Cuál es la relación de tu obra con la teatralidad?

Siempre me ha interesado el teatro, lo primero que escribí fue para ser escenificado. Durante mi adolescencia participé en un colectivo donde hacíamos una parodia de El juego que todos jugamos, de Alejandro Jodorowsky. Montamos una obra llamada Crisol, que tuvo más o menos buena fortuna. Hubo una época en la que pensé dedicarme a la dramaturgia pero es muy difícil. Para hacerlo necesitas recursos, una escenografía, un productor, hablar con los actores y un foro. Jorge Ibargüengoitia decía ‘yo tengo facilidad para el diálogo, pero no para sostenerlo con gente de teatro’. Fue dramaturgo hasta que se cansó de los problemas. Yo me acobardé antes, empecé con el cuento y la novela. Decidí aventarme tarde a la piscina. Tenía cincuenta años cuando se montó mi primera obra, Muerte parcial. Además, me interesa la teatralidad de la narración.

¿La política tiene mucho de teatralidad?

La política tiene muchísimo de teatralidad y simulacro, son dos de sus grandes zonas. No hay política sin lenguaje. En sus conferencias matutinas, López Obrador establece la agenda del día por medio del lenguaje. Te puede gustar o no, pero no hay política sin gestualidad ni palabra. En ocasiones puede ser muy atractivo al principio y después repugnante, como sucedió con Hitler. Solemos pensar en él como el villano por excelencia, pero su capacidad discursiva para encandilar a los alemanes fue extraordinaria. Se sirvió de la propaganda, el lenguaje y la retórica, para fraguar algo que luego pareció un delirio.

Hace unos días, mientras se realizaba la Bienal Mario Vargas Llosa firmaste una carta que acusaba la escasa presencia femenina en este tipo de eventos.

Hay muchas profesiones que históricamente no han tenido participación de las mujeres. Si buscas grandes escritoras del siglo XVIII no encontrarás muchas porque simplemente no se podían expresar. Lo que sí me parece inaceptable es que en pleno siglo XXI, cuando tenemos muchas escritoras maravillosas en América Latina y España, no haya una inclusión mayor de sus voces en una Bienal como la Mario Vargas Llosa. De dieciséis paneles trece fueron conducidos por hombres, es una desproporción casi grosera. De los cinco candidatos al premio, cuatro eran hombres y una mujer. De los cinco jurados, cuatro hombres y una mujer. Me parece una desproporción inaceptable. Tenemos grandes nombres como: Samanta Schweblin, Mariana Enriquez, Rosa Beltrán, Valeria Luiselli, Guadalupe Nettel, Vivian Abenshushan, Liliana Meruane, Sara Mesa. Hay una cantidad enorme de escritoras de primerísimo nivel. No puede ser que hoy en día estas cosas sean tan inequitativas, aunque también estoy en contra de las equidades meramente aritméticas.

Te refieres a las cuotas de género.

Sí, porque entonces el número es lo que decide el contenido. Estoy perfectamente a favor de que haya un libro donde con doce escritoras y ocho escritores; o un panel con dos y tres. No tiene porqué haber una paridad determinada por la aritmética. Pero en el conjunto de todas las actividades culturales deberíamos llegar a un nivel más equitativo sobretodo donde tienen cabida los autores contemporáneos.

No hace mucho el propio Colegio Nacional estuvo metido en una polémica por la inequidad de género.

Históricamente El Colegio Nacional ha respondido a la actitud heteropatriarcal machista de México. Se funda sin mujeres, y se refunda y reamplía en 1971, en las mismas condiciones. En los últimos años, quienes formamos parte de las nuevas generaciones en el Colegio, sentimos la responsabilidad de ampliar la participación femenina. Cuando entré había dos, ahora hay cinco, entiendo que sigue siendo una cantidad exigua pero vamos avanzando. Para el próximo ingreso hay tres candidatas. Por otro lado, esto no es algo propio esta institución. Me da gusto que medios de información propiedad de hombres y dirigidos por hombres, y que usan a la mujer como simple objeto sensual, descubran y critiquen a El Colegio Nacional por su machismo. Esto se da en varios ámbitos. Sigo esperando que haya una rectora de la UNAM.

 ¿Qué piensas de los recortes a instituciones académicas? El Colegio Nacional perdió una cantidad importante de recursos.

Es importantísimo el combate a la corrupción. Me parece relevante la política de austeridad, pero hay zonas donde no se puede regatear como son la educación básica, la ciencia y la cultura. El Colegio Nacional forma parte de una institución de privilegio. Nosotros podemos recibir recortes, de hecho ya lo hemos hecho. Propusimos un recorte del treinta por ciento y recibimos uno de casi el sesenta. Nuestra propuesta fue rebasada con creces. No cuestiono la situación, pero sí que la ciencia, la educación básica y muchos otros estímulos culturales pierdan presupuesto. Quiero pensar que quizá esto se trata de una reorganización producto del combate a la corrupción y de una política de austeridad que en el futuro próximo encontrará otras fuentes de financiamiento.

¿Percibes impaciencia a la 4T?

El sistema político mexicano llevaba un siglo establecido y desmontarlo supone un desafío muy grande. El principal logro de la 4ta. Transformación podría ser la separación de los intereses económicos privados de la política pública. Sería un acierto equivalente a cuando durante la Reforma, se separaron los bienes de la Iglesia de los del Estado. Esto es muy importante porque en México la mayoría de las fortunas se han amasado gracias a favores gubernamentales. En ese sentido, considero importante que ahora se critique a las exenciones tributarias de grandes empresarios; a la corrupción sindical; Odebrecht; y la corrupción de PEMEX. En lo personal le doy un voto de confianza a López Obrador para ver si lo consigue. Al mismo tiempo me parece necesario el apoyo a la ciencia, la educación y la cultura. No podemos convertirnos en un país ajeno a estos valores que son los que fraguan nuestra identidad y posibilidad de futuro.

El sector cultural del gobierno precisamente ha brillado más escándalos que por aciertos: el Fonca, los premios, el concierto en bellas artes.

Desgraciadamente no hemos visto una política cultural acorde a una transformación y a un verdadero cambio. No ha habido especial atención al tema de la cultura y muchas veces esto no tiene que ver con una persona sino con la circunstancia en donde no se apoya lo suficiente al sector.

Pero los escándalos que hemos visto en las últimas semanas no se deben a los recursos.  

No, obedecen cuestión de ejercer criterio. Sin embargo, me parece positivo que en los casos del Fonca y los premios, haya habido cambios inmediatos.

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