opinión*
Los vaivenes del juego electoral (Artículo)
por Redacción AN

Julio Moguel

I

“Vamos a ganar por blanqueada”, dijo Andrés Manuel López Obrador con un giro beisbolero antes del inicio de la campaña electoral. Lo que tiene sustento en las encuestas y en no pocas opiniones y balances de analistas, operadores profesionales de campaña –las declaraciones de Antonio Solá son una perla–, periódicos extranjeros y de análisis o estudios realizados por agencias dependientes de algunos de los núcleos económicos más importantes en el nivel internacional (The Economist, Goldman Sachs, Citi Research –del grupo financiero Citigroup–, bancos UBS, etcétera).
Pero el justificado optimismo que tiene algún sustento en estas fuentes tendría que matizarse o modularse de cara a lo que viene, pues no pocos de estos balances constituyen, más que un gesto de resignación –como lo han planteado recientemente algunos medios de prensa–, una llamada de alerta frente al triunfo calculado de López Obrador. Acaso el de Goldman Sachs sea el documento más representativo de esta particular preocupación de algunos de los poderes económicos de mayor peso en el planeta. Titulado “Mexico: Facing 100 Days of Uncertainty and Potential Drama” (“México enfrentará 100 días de incertidumbre y un drama potencial”), revela por sí mismo el sentido y los alcances de su “alarma”.

Salta a la vista, del título del documento de Goldman Sachs, su tono panfletario, no acostumbrado en las publicaciones regulares de estas asépticas y muy formales firmas financieras. ¿Qué habrán querido decir con la fórmula de “Uncertainty and Potential Drama”? “Drama potencial” remite en cualquier imaginario cultural a una circunstancia de desastre. Puesto el tema en algún twiter de Trump no habría necesidad de especular sobre el sentido del mensaje.

Dejemos entonces la frase “Vamos a ganar por blanqueada” de López Obrador en su específico contexto de pre-inicio de campaña, pensándola más en su sentido metafórico o de arenga que como una redonda convicción de que “pase lo que pase” mantendrá la diferencia porcentual que indican hasta ahora las encuestas. Porque, sabemos, los Goldman Sachs o las élites políticas más poderosas de México y de otras partes del mundo –el escándalo reciente protagonizado por el Facebook lo confirma– se encuentran al acecho y muy dispuestas a actuar.

II

En la estrategia dirigida a reducir y a eliminar la brecha porcentual de las encuestas de aquí al 1º de julio cabe prácticamente todo. El conocido periodista Jenaro Villamil, por ejemplo (en el programa “Rompeviento-TV”, del 5 de abril), habló de las sutiles y variadas formas en las que Televisa ha venido tejiendo el discurso y la presencia pública del candidato Meade con los esquemas y líneas explícitas o subliminales de manejo televisivo del Mundial de Fútbol. La maquinaria estatal para la compra del voto y para producir esas incertidumbres y miedos que inhiben el voto en uno u otro segmento poblacional –milimétricamente calculado dentro de un esquema ensayado con éxito en las últimas elecciones del Estado de México– se encuentra en marcha desde hace algún tiempo y ya afina sus nuevos modos de intervención. Y, en el extremo –Porfirio Muñoz Ledo lo hizo ver desde temprana hora–, no puede descartarse que aparezca en el proscenio el golpe rudo, “justificado” acaso en el “última instancia” a la que “obligue” alguna “causa suprema de interés nacional”.

La historia más reciente de los procesos electorales de nivel federal (desde 1988, pero muy marcadamente también en 2006 y en 2012) muestra que la proyección lineal de las encuestas sirve poco para establecer un cálculo preciso en torno al cuál será el verdadero y último resultado comicial. Porque más allá de los procesos fraudulentos capaces de alterar tales resultados, se viven escenarios extremadamente frágiles o líquidos, alterables o transmutables en semanas o en horas –por ejemplo– al ritmo o fuerza de un simple tuit del presidente estadounidense, Donald Trump.

El exceso de confianza en las encuestas ya ha demostrado ser fatal en otras realidades electorales. El propio ejemplo de las elecciones más recientes en Estados Unidos se encuentra allí para atestiguar.

Redacción AN

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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