‘Las migraciones no son una fatalidad’: Amin Maalouf
El autor de ‘El naufragio de las civilizaciones’ sostiene que necesitamos reaccionar y repensar lo que debe ser el mundo,
(Redacción AN/Alianza).

Por Héctor González

Desde pequeño Amin Maalouf (Líbano, 1949), aprendió lo que es la migración. De su tierra viajó a Egipto. Años más tarde pasó por Vietnam y Etiopía, ahí fue corresponsal. Hoy, vive en París desde donde ejerce la escritura.

Ganador del Premio Goncourt (1993) por La Roca de Tanios y del Premio Príncipe de Asturias (2010), el libanés ha dedicado parte de su oficio intelectual a tender puentes entre Oriente y Occidente por medio del ensayo y la ficción. Títulos como León el africano y Las escalas de Levante, destacan entre lo mejor de su obra. 

Recientemente Maalouf publicó el ensayo El naufragio de las civilizaciones (Alianza), el premio Aujourd’hui, al mejor libro de geopolítica.

En el libro escribe que cuando el Levante se apagó comenzó la oscuridad de la época, ¿por qué?

Levante me preocupa, no solamente porque ahí nací y crecí, me preocupa porque tiene un peso simbólico a nivel mundial. Es el lugar donde nacieron las tres grandes religiones monoteístas. Si ahí se viviera en armonía seguro impactaría en de manera positiva a nivel global, pero ocurre lo contrario. Predomina el rechazo. Prefieren vivir separados y eso tiene un carácter simbólico negativo. La tragedia de Levante es de una dimensión global. 

¿Es una metáfora también de la imposibilidad de entendimiento entre Occidente y Oriente?

Creo que podemos entendernos, pero necesitamos estar abiertos. Nos falta progresar rumbo a una comprensión mutua. Juzgamos al otro a partir de nuestros prejuicios. Yo me considero del tipo de personas que buscan crear lazos y tender puentes ambos polos porque siento que pertenezco a los dos mundos, pero es verdad que a veces tengo la impresión de gritar en el desierto. 

¿Cómo nos explicamos un momento como éste donde se cierran las fronteras y predomina el temor al otro? 

No podemos ser ingenuos. No se trata de decretar que todo el mundo está hecho de seres amables y capaces de vivir en armonía. En el mundo hay tensiones reales que sólo podrán ser combatidas si partimos de un conocimiento profundo del “otro”. Estoy convencido de que todas las sociedades tenemos las mismas aspiraciones. Vea las manifestaciones en América Latina, el mundo árabe, Asia o Francia, todos aspiramos a una vida mejor. A vivir con dignidad y a que nuestros hijos y nietos tengan acceso a salud y enseñanza de calidad. Sin embargo, preferimos ver aquello que nos divide. Puede haber cien personas con una posición muy civilizada, pero al final centraremos nuestra atención en quien se comporta como un animal. 

¿Por qué nos comportamos así?

No lo sé, pero hay que aprender a vivir unos con otros. Nos hace falta tener conciencia de que la humanidad es una. No se trata de yuxtaponer el gueto, sino de convivir y conseguir que todo mundo participe de la sociedad a partir del respeto. Cuando alguien llega a un país, pienso que se tiene la obligación de explicarle la cultura, la historia y el arte local. A su vez, quien migra no debe vivir separado o independiente. No creo en las sociedades mosaicos. El mundo debe constituirse de poblaciones que conviven de forma armoniosa. Necesitamos considerarnos como personas y no como comunidades. Las personas pueden tener relaciones normales entre sí, pero si pensamos en términos de comunidades entramos en una lógica de enfrentamiento, exclusión y marginación.

Se escucha fácil, pero ¿cómo conseguirlo? 

No es sencillo y creo que ahí está el deber de nuestra época. Necesitamos hacer a un lado las miradas simplistas y buscar contratos de convivencia a partir del respeto al “otro”. Todas las culturas merecen respeto y para vivir en paz hay que hacer algún tipo de concesión. Si la incorporación plena no se consigue en la primera generación, seguramente se conseguirá en la segunda o tercera. Tanto quien migra como quien recibe, necesitan de disposición para respetarse y organizarse juntos. Tal vez esto sea lo más difícil en el mundo actual, pero no podemos renunciar a intentarlo. 

Aunque la tendencia mundial es el cierre de fronteras ahí tiene a Trump, la extrema derecha europea o el Brexit.

Pareciera que todos los extremistas están aliados. Necesitamos aprender a elegir gente razonable y con una visión del futuro. En el mundo árabe necesitamos cambiar las actitudes. No basta decir que el problema está en Occidente, hace falta ser autocríticos y erradicar a los gobiernos que rechazan los derechos elementales de la gente. Debemos buscar gobiernos ofrezcan perspectivas positivas a la población. Las migraciones son una fatalidad, hay que aceptarlas como un hecho, real y vital. Es verdad que a corto plazo el panorama no luce positivo, pero debemos empezar a sembrar un cambio para recomponer el rumbo en el largo plazo. 

En el libro plantea que, a pesar de contar con elementos para una vida más libre y plena, tendemos a lo contrario.

La vida no tendría sentido sin libertad. Si una persona no tiene la impresión de que su dignidad es respetada ni de que puede vivir como quiere, su vida pierde sentido. Todas las poblaciones aspiran a la libertad, así lo dictan todas las religiones. La aspiración más profunda del ser humano está en ser libre. Aquí soy optimista, aunque algunas sociedades reprimen esta aspiración creo que tarde o temprano, lo conseguiremos. Es verdad que hay mucho autoritarismo, pero aún así hay menos tiranía que hace 50 o 60 años, desde este punto de vista hemos progresado.

A través de sus novelas ha hablado del origen de su cultura, ¿qué claves encuentra en el pasado para hablar del presente?

Me interesa mirar al pasado para explicar el presente, asimismo no creo que las claves del futuro estén en el presente. Los elementos del saber y del conocimiento son esenciales para forjar el mundo del mañana, el problema es que no necesariamente se usan de la mejor manera. A final de cuentas las herramientas son neutras, todo depende de la manera cómo se utilicen. Podemos usar la tecnología o el saber como instrumento de liberación y progreso, pero también podemos utilizarlos para lo contrario. Todo depende de la evolución de nuestras sociedades.

A pesar de que en el libro sostiene la idea de un de naufragio, en el epílogo hay un dejo de esperanza, ¿qué lo hace mantenerlo?

Mi sentimiento real es que cierto naufragio es inevitable, pero no será el fin del mundo. Vamos a pasar por un periodo de sacudidas tremendas y probablemente estas sacudidas nos van a despertar. Fíjese en el cambio climático, apenas ahora estamos empezando a decir ‘ya basta de comportarnos como lo hemos hecho hasta ahora’. Ahora ya tenemos movilizaciones y sabemos que nos urge actuar. Necesitamos reaccionar y repensar lo que debe ser el mundo y cómo deben ser las relaciones entre las diferentes poblaciones. Confío en que despertaremos y al final nos comprometeremos con la construcción y la concepción del mundo de mañana.

¿Resurgiremos de nuestras cenizas como el Ave Fénix?

Creo que estamos en una embarcación para salvarnos. El barco ahora parece hundirse, pero enfrente tenemos una orilla aún lejana. Creo que podremos llegar a buen puerto.

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