El arte de hacer libros para niños invidentes y con discapacidad
La editora Georgina Constantine advierte que en México faltan bibliotecas inclusivas.
(Constantine Editores).

La historia empieza con un diploma, el primero. Hace treinta años Georgina Constantine vivía de hacerlos. Después siguieron más servicios editoriales, libros para gobiernos como el de Tamaulipas; más tarde títulos propios y por encargo, materiales religiosos, multimedia y para la Secretaría de Educación Pública.

La especialización llevó a Constantine trabajar con el Área de Integración Educativa de la SEP. “Fue entonces cuando me cuestioné en sobre el trato a las personas con discapacidad y me propuse trabajar en esto”, recuerda la editora en entrevista.

El proyecto de Constantine Editores tomó un nuevo enfoque. “No encontré sellos en que trabajaran el tema de la inclusión o discapacidad”.

Georgina es cuidadosa con las palabras. Antes que llamarlos discapacitados o personas con capacidades diferentes, prefiere decir, “son personas extraordinarias porque a partir de una limitación desarrollan otra actividad”.

Hoy, la firma es pionera a nivel nacional, en la publicación de materiales para niños con alguna discapacidad e invidentes. Su catálogo incluye las colecciones: ‘La Pandilla del conocimiento’, ‘Tinta y braille’ y ‘Yo puedo, tú puedes’, todas estarán disponibles en el stand de la casa dentro de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, que se desarrollará del 10 al 20 de noviembre en el Parque Bicentenario.

Georgina Constantine explica que sus títulos buscan ser divertidos e informativos. “Cuidamos que tanto los autores como los ilustradores tengan sentido del humor porque no queremos algo tan rígido”.

Reconoce, sin embargo, que uno de los problemas que se ha encontrado para difundir sus libros, es la ausencia de bibliotecas habilitadas para para los materiales. “Abogamos en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, por su derecho al acceso a la información. Las bibliotecas convencionales son inútiles para personas ciegas por eso nuestra intención es promoverlas”.

Añade que, si bien han encontrado buena aceptación a su propuesta dentro del sector público, a la hora de invertir la respuesta no trasciende por cuestiones de presupuesto.

“Nos dicen que los materiales les gustan, pero no tienen presupuesto en el área de inclusión o discapacidad. Es una pena porque se podrían habilitar bibliotecas para que lo tengan a la mano maestros y niños. Queríamos diseñar los centros de atención múltiple para los maestros, pero nos dijeron que usarían los recursos para baños. Me sorprendió mucho el giro cuando ya estaba todo un proyecto para llevarse a cabo”.

Hacer conciencia

Una librería para un lector con alguna discapacidad o invidente requiere condiciones particulares. Se necesita un espacio abierto y estanterías que permitan que el usuario lea las portadas en braille. “No todas las librerías están dispuestas a habilitar sus espacios. El año pasado hicimos una invitación en el foro de libreros de la FIL de Guadalajara y la primera en levantar la mano fue la Librería Elena Garro, hoy ya tiene una sección donde están exhibidos los treinta libros y varios más; además Miguel Ángel Porrúa ha abierto cinco librerías inclusivas”.

Según el último censo elaborado por la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, en México existen mil niños ciegos y mil 500 con baja visión. Gracias al estudio la dependencia adquirió ocho títulos que son distribuidos en las escuelas durante el presente ciclo escolar.

Con el fin de promover la interacción entre los padres y los menores, las publicaciones combinan el texto con la ilustración. La producción de un libro para chicos invidentes duplica el costo de uno tradicional, comenta Georgina Constantine. “Nosotros primero desarrollamos el texto en tinta normal y después hacemos la adaptación. Cuando les preguntamos a los chicos que les gustaría leer nos hablan de Harry Potter, pero hacerlo sería inmenso, tanto adaptar al braille, Drácula, de Bram Stoker, llevaría cinco o seis tomos”.

En el marco de la FILIJ, la casa presentará Puntos con tacto, escrito por Diana Guacamaya, con ilustraciones de Enrique Torralba, “es un libro para lectores tradicionales que quiere promover a partir de pequeñas historias, la comprensión del braille”. Adelanta que en breve publicarán su versión en braille, así como un título sobre diversidad sexual, en este lenguaje.

Constantine alerta sobre la importancia de hacer conciencia sobre el tema. “Nuestro principal obstáculo lo encontramos en la difusión porque se habla poco de estos temas. En México aún falta mucho por hacer a pesar de que nuestro país ratificó el Tratado de Marrakech. Las personas invidentes tienen derecho a leer y no los atendemos”.

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