'Los mapas son un lenguaje del poder': Mendoza Vargas sobre el cambio en la representación del mundo
El investigador de la UNAM consideró que la resolución representa una señal para los sistemas educativos, incluido el mexicano, para revisar la manera en que los atlas y mapas son utilizados para enseñar a las nuevas generaciones.
- Redacción AN / MDS

Los mapas no son representaciones neutrales del mundo, sino construcciones visuales vinculadas con el poder político, económico y cultural, afirmó Héctor Mendoza Vargas, investigador del Departamento de Geografía Social del Instituto de Geografía de la UNAM, al analizar la resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU para promover el uso de mapas que representen con mayor precisión el tamaño relativo de los continentes.
Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, señaló que la decisión de la ONU coloca a la cartografía en el centro de una discusión que rebasa el ámbito técnico, al reconocer que los mapas transmiten determinadas formas de interpretar y organizar el mundo.
“Es posicionar el mapa en la primera plana de las noticias a nivel mundial”, afirmó el investigador, quien consideró relevante que la ONU esté mostrando a los mapas “como un discurso visual” y como imágenes que no carecen de valor político, económico o cultural.
A su juicio, la resolución representa una forma de “alfabetización cartográfica” dirigida particularmente a los sistemas educativos, con el propósito de modificar la manera en que las nuevas generaciones aprenden a observar e interpretar el mundo a través de los mapas.
La Asamblea General de la ONU aprobó el pasado viernes una resolución respaldada por 164 países para promover el uso de proyecciones cartográficas de áreas equivalentes cuando el tamaño relativo de los territorios sea relevante. Estados Unidos fue el único país que votó en contra, mientras que Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania se abstuvieron.
La resolución no prohíbe el uso de la proyección de Mercator ni establece una alternativa obligatoria, sino que alienta a gobiernos, escuelas, organizaciones internacionales y empresas tecnológicas a utilizar mapas de áreas equivalentes y a enseñar las limitaciones de representar una superficie esférica en un plano.
Mendoza Vargas explicó que las diferencias entre los tamaños que tradicionalmente se observan en los mapas y las dimensiones reales de los territorios derivan de las características matemáticas de las distintas proyecciones cartográficas.
“Las proporciones en las proyecciones cartográficas, que es la base matemática de los mapas, se ha transformado, ha cambiado”, indicó.
Recordó que desde el siglo XVI, con la proyección desarrollada por Gerardus Mercator, esta forma de representar el planeta se mantuvo durante siglos y adquirió una amplia difusión, particularmente con la reproducción de mapas del mundo por parte de empresas cartográficas comerciales durante los siglos XIX y XX.
De acuerdo con el investigador, esa proyección modifica de manera importante la representación de las extensiones territoriales, especialmente en las regiones ubicadas en latitudes elevadas. Como consecuencia, territorios del norte aparecen visualmente mucho más grandes de lo que son en realidad.
“Entonces, altera o distorsiona completamente los tamaños físicos de los continentes”, señaló Mendoza Vargas.
Uno de los ejemplos más conocidos es Groenlandia, cuya superficie puede parecer comparable o incluso mayor que la de África en un mapa basado en Mercator, pese a que el continente africano tiene una superficie considerablemente mayor. El mismo efecto se observa en otros territorios ubicados en latitudes altas, como Canadá, Alaska y, en menor medida, Estados Unidos.
Explicó que la distorsión no significa necesariamente que la proyección de Mercator sea incorrecta, pues fue desarrollada para responder a necesidades concretas de navegación. “Era para un propósito”, sostuvo.
Dijo que durante el Renacimiento europeo existía la necesidad de trasladar la representación de una Tierra esférica a una superficie plana, en un contexto de expansión de la navegación y de elaboración de nuevos mapas y atlas geográficos.
Mercator transformó las dimensiones esféricas de la Tierra en un sistema de planos basado en latitud y longitud. Esa representación resultó especialmente útil para la navegación marítima, ya que permitía establecer rumbos y ángulos de dirección para los barcos.
“Entonces, esa modificación sirvió para que la Europa del renacimiento pudiera enviar sus barcos por el Atlántico para seguir rumbos y ángulos de dirección de los barcos con completa seguridad para hacer el traslado de los barcos a América”, explicó.
El problema, añadió, aparece cuando una proyección diseñada con determinados objetivos se utiliza para comparar visualmente las dimensiones de los continentes. En ese ámbito, las extensiones territoriales resultan alteradas.
Por ello, el investigador rechazó abordar la proyección de Mercator exclusivamente en términos de si es verdadera o falsa. En su lugar, planteó entender los mapas como productos culturales que contienen símbolos, colores, tamaños y disposiciones espaciales que transmiten determinadas lecturas del territorio.
Desde esta perspectiva, la resolución de la ONU representa un cambio en la manera de aproximarse a la cartografía y en la forma de interpretar el significado de las representaciones del mundo.
Mendoza Vargas sostuvo que históricamente los mapas han estado relacionados con distintas estructuras de poder. “Los mapas son un lenguaje del poder”, afirmó, al explicar que su elaboración y utilización han estado vinculadas con el Estado, la Iglesia y los imperios coloniales.
En ese sentido, consideró que la resolución de la ONU resulta relevante porque, una representación distinta puede permitir que movimientos sociales y gobiernos locales se reconozcan de otra manera dentro del mapa mundial, al modificar la jerarquía visual con la que tradicionalmente se han presentado los territorios.
El caso de Estados Unidos también forma parte de esta dimensión simbólica de los mapas. El investigador consideró significativo que ese país haya sido el único que votó en contra de la resolución de la ONU. “Estados Unidos nos está dando una lección de alfabetización cartográfica”, sostuvo.
Explicó que los mapas utilizados por las autoridades estadounidenses no solo describen el espacio, sino que también pueden utilizarse para interpretarlo y reordenarlo simbólicamente. En este contexto mencionó las representaciones de Norteamérica asociadas con la bandera estadounidense y la utilización de símbolos, colores y formas para establecer determinadas jerarquías visuales.
Para Mendoza Vargas, las representaciones cartográficas impulsadas desde el ámbito político pueden tener una carga simbólica y transmitir una determinada interpretación del espacio.
Al referirse al mapa de Norteamérica difundido por el presidente Donald Trump, en las que se utiliza la bandera de Estados Unidos sobre territorios como México y Canadá, el investigador sostuvo que se trata de una utilización del poder simbólico de los mapas.
“Él está jugando con un poder simbólico que tienen los mapas, una carga visual, que utiliza los colores, las formas, en este caso de la bandera”, explicó.
Añadió que mediante esos recursos se pone en juego una interpretación del territorio y una “jerarquía visual” sobre la manera de observar Norteamérica.
También precisó que los efectos de la proyección de Mercator no son iguales en todos los países. En el caso de México, explicó, la representación territorial cambia relativamente poco debido a su ubicación geográfica. El país se encuentra, dijo, aproximadamente entre los 19 y los 32 grados de latitud, por lo que la distorsión asociada con Mercator tiene efectos mucho menores que en regiones situadas a latitudes más altas.
El investigador ubicó un incremento significativo de la distorsión a partir de los 40 y 50 grados de latitud, particularmente en regiones situadas por encima de las latitudes de ciudades como Berlín o Londres. En las zonas de entre 50 y 60 grados, añadió, las proporciones comienzan a alterarse de manera más significativa.
Uno de los ejemplos más visibles es Alaska, cuya superficie aparece ampliamente distorsionada en la parte norte de los mapas elaborados con la proyección de Mercator. En representaciones de este tipo, Alaska puede parecer mucho más extensa que Estados Unidos, cuando su superficie es considerablemente menor.
El investigador insistió en que la lectura de los mapas debe ir más allá de identificar elementos geográficos básicos como ríos, ciudades y fronteras. “Hay que estar muy atentos, muy alertas, y siempre estar viendo nuestros atlas y nuestros mapas con una mirada más cultural, como una imagen visual que podemos leer, interpretar”, apuntó.
La resolución de la ONU, dijo, plantea precisamente la necesidad de avanzar hacia esa lectura más amplia y de enseñar a las nuevas generaciones a identificar el componente simbólico de las representaciones cartográficas.
Descartó que el cambio promovido por la ONU tenga efectos directos sobre los conflictos fronterizos internacionales, ya que la delimitación de fronteras se realiza mediante procedimientos técnicos específicos y que existen organismos y mecanismos especializados para atender esas controversias.
Los conflictos limítrofes se resuelven mediante trabajos técnicos realizados directamente en el terreno y con tecnologías geodésicas, mientras que el uso simbólico de los mapas pertenece a un ámbito diferente de representación.
Por ello, la votación de la Asamblea General de la ONU no modifica por sí misma las fronteras internacionales ni los mecanismos mediante los cuales se resuelven las disputas territoriales entre países. En materia educativa, sin embargo, Mendoza consideró que la resolución abre una tarea para los gobiernos de los países que la respaldaron.
En México, señaló, corresponde al sistema educativo valorar cómo incorporar esta nueva perspectiva en los materiales utilizados por los estudiantes. Consideró que la Secretaría de Educación Pública tendría que tomar en consideración este planteamiento, particularmente por el uso de atlas en la educación primaria.
Para el investigador, el principal desafío consiste en aprovechar esta discusión para replantear la forma en que se enseña a observar el territorio. “Es una gran tarea la que nos abre la ONU a la forma de educar la mirada de las nuevas generaciones”, concluyó. “Hay que considerar bastante bien esto, cómo educar la mirada de los jóvenes a través de nuevos mapas y que comprendan el mundo de otra forma”.


