‘Vivimos una balcanización de América Latina’, dice el historiador Rafael Rojas
El académico cubano analiza las polémicas literarias y políticas del boom latinoamericano en ‘La polis literaria’.
(Taurus).

La Revolución cubana fue el nudo del boom de la literatura latinoamericana. Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y Mario Vargas Llosa, entre otros la usaron como asidero ideológico para una época de bipolaridad política. La Guerra Fría sin embargo, propició que cada uno de los escritores tomara un rumbo diferente y en poco tiempo la unidad se rompió. En La polis literaria (Taurus), el historiador cubano Rafael Rojas revisa las polémicas y confrontaciones que marcaron el rumbo del movimiento literario más importante de la región.

¿Desde donde se escribe La polis literaria? ¿Desde la nostalgia?

En parte hay una nostalgia. Se echa de menos aquel momento glorioso y épico de las grandes novelas latinoamericanas; de los grandes debates sobre la identidad, la izquierda, el socialismo, las dictaduras. Los grandes temas que atraviesan el conflicto bipolar de la Guerra Fría en la región. Hay también, un intento por cuestionar los límites de aquellas grandes plataformas. Sin duda algunos intelectuales del boom cayeron en una sobre representación. Hubo una fusión entre el gran novelista y la voz de una nación.

Ahora es difícil que aparezcan ese tipo de intelectuales, casi totémicos.

Sí, es una crisis que observamos desde los años noventa. En el campo intelectual latinoamericano desaparecieron las figuras que acaparaban y rebasaban su rol de escritor para asumir funciones de representación desproporcionada. Supongo que esto tiene que ver con el fin de la Guerra Fría, la globalización, la revolución tecnológica y con las transiciones a la democracia. Los procesos de democratización en América Latina nos han llevado a otro lugar en términos de las relaciones entre el escritor y la sociedad. El concepto de intelectual cambió a partir de la Guerra Fría.

En el libro plantea a la Revolución Cubana como el vértice ideológico del boom.

Los grandes autores del boom: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, y los otros como José Donoso, Jorge Edwards, José Lezama Lima o Alejo Carpentier, se identificaron con la Revolución Cubana desde enero de 1959. Emir Rodríguez Monegar, el gran crítico uruguayo del boom y fundador de la revista Mundo nuevo, decía que García Márquez y Fuentes fueron los primeros en llegar. El colombiano fue corresponsal de la Agencia Prensa Latina y el mexicano fue colaborador del suplemento literario, Lunes de revolución, dirigido por Guillermo Cabrera Infante. Los conflictos comenzaron en 1965 cuando se creó el Partido Comunista de Cuba, momento en que el régimen político adoptó el formato de los países del socialismo soviético. Ahí es donde vienen los problemas.

El caso Padilla representa a principios de los setenta su primera fricción importante.

Para mí es el punto culminante de una fricción que comienza hacia 1965 o 1966, cuando toman distancia de la experiencia cubana y del tipo de régimen político que se adopta. En el 65 se registran las primeras críticas, aunque no se hacen públicas. Al año siguiente se publican algunas en la revista Mundo nuevo editada en París. En respuesta, desde Cuba surge la revista Casa de las Américas, que reacciona contra la crítica, la estética y la nómina del boom. El primer afectado de este fuego cruzado es Carlos Fuentes, quien es atacado y estigmatizado. Otro momento importante es el apoyo del gobierno cubano a la invasión soviética en Checoslovaquia en el verano de 1968. Todos los autores del boom, incluyendo a García Márquez, la rechazaron. El punto culminante, efectivamente, es en 1971 con el arresto del poeta Heberto Padilla y a su esposa, Belkis Cuza Malé, por escribir poemas disidentes y críticos. La mayoría de los escritores del boom reaccionan por medio de la revista Libre, también editada en París y sucesora de Mundo nuevo. Publican una primera carta a Fidel Castro pidiendo la liberación de Padilla, quien es excarcelado a cambio de que hacerse una autocrítica. Los autores del boom hicieron una segunda carta protestando contra los métodos calificados como estalinistas en el trato a Padilla, entonces sí viene una gran fisura. La primera carta la firman Cortázar, Vargas Llosa y Fuentes; la segunda sólo Vargas Llosa y Fuentes. García Márquez no firma ninguna.

¿Por qué García Márquez no asume una posición crítica?

García Márquez no estaba de acuerdo con el trato a Padilla, pero no se posicionó públicamente porque no quiso prestar su voz a los medios occidentales que hostilizaban a la Revolución cubana. Cortázar no firmó la segunda carta por la misma razón. En su texto ‘Policrítica a la hora de los chacales’ explica su posición. No se manifestó públicamente porque eso habría justificado el embargo comercial de Estados Unidos y la hostilidad de Washington contra las izquierdas.

Se cumplen cincuenta años del 68, año que a nivel intelectual representó un punto de quiebre para autores como Paz o Fuentes.

Era un momento en el que ambos estaban en posiciones muy similares. En México el 68 es clave, mientras que en Cuba representa una dualidad porque mientras se acogía al marxismo soviético, veía con recelo corrientes como las representadas por Marcuse o Roland Barthes. Mundo nuevo, era una revista típica del espíritu del 68; y Libre fue la tribuna para los defensores de la nueva izquierda, para quienes se posicionaron contra el autoritarismo cubano y su represión a los homosexuales. En el libro defino el posicionamiento político del boom dentro de los parámetros de la nueva izquierda.

Sin ser propiamente del boom tanto Paz como Borges ejercieron una figura tutelar para sus autores.

Esto que mencionas es interesante. Quizá añadiría a Neruda. Los autores del boom admiraban a los tres. Borges es fundamental para Fuentes. No obstante, Paz es probablemente el intelectual más respetado y reconocido por los autores del boom, incluso puede ser considerado uno del grupo. A pesar de que no escribió novela y de que su poesía no tiene que ver con los intereses del boom, a través de la correspondencia te das cuenta como está presente. Es un intelectual con un valor enorme porque desarrolla un concepto propio de revolución y socialismo.

 Aunque después se aleja de ellos…

Mi libro no llega hasta esos años, pero creo que su distanciamiento se debe al cambio que se produce en América Latina. Cuando comienzan las transiciones a la democracia en los años ochenta, el pensamiento de Paz pasa de un socialismo democrático al liberalismo, no al neoliberalismo porque incluso en sus últimos ensayos es muy crítico del imperio del mercado. Sucede lo mismo con Vargas Llosa.

El protagonismo de Fuentes o Vargas Llosa hace a un lado a autores importantes como Julio Ramón Ribeyro, David Viñas, o al propio Edwards.

El libro está organizado por figuras, pero también por polémicas. Una controversia que atraviesa la obra es la sostenida entre Ángel Rama y Rodríguez Monegal. Ambos críticos uruguayos y con una visión distinta del boom. Rama defendía un realismo social y era más hospitalario con la literatura regional de José María Arguedas. Pero es verdad, el proyecto boom produce un canon excluyente de la literatura latinoamericana, muy bien visto por José Donoso en su Memoria personal del boom, donde reconoce una periferia del boom donde quedaban Manuel Puig, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas y varias escritoras.

Quizá la única mujer incluida en su momento fue Elena Garro…

Sí, Elena Garro y Julieta Campos marginalmente; algunos relacionan a Rosario Castellanos, pero ella es pre boom. En otro libro llamado La vanguardia peregrina estudio el caso de Julieta Campos y Nivaria Tejera, autoras con elementos muy parecidos a las plataformas estéticas del boom.

Los últimos ensayos los dedica a autores cubanos periféricos del boom: José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante y Severo Sarduy…

No se entiende la ubicación de los tres en el territorio del boom sin la Guerra Fría. Sus proyectos estéticos son incómodos al poder cubano. Lezama Lima escritor homosexual, católico del periodo republicano. Cabrera Infante y Severo Sarduy estuvieron exiliados en Inglaterra y en París.

¿Las opiniones políticas de Paz, Fuentes y Vargas Llosa empañan su obra literaria entre los lectores más jóvenes?

La etapa de Octavio Paz y Mario Vargas Llosa que aparece en libro es la socialista, hay que decirlo tal cual. Son de los más elocuentes porque tienen una gran capacidad para deslizarse entre la literatura y el pensamiento. Su giro tiene que ver con la Guerra Fría. El liberalismo es un campo muy estrecho en América Latina, la gran confrontación se da entre la revolución y las dictaduras. Para mí el boom es una parte de la izquierda latinoamericana, pero ligado a las ideas de la nueva izquierda occidental confrontadas con el bloque soviético. Es ahí donde está el choque.

Es decir, hay varias izquierdas. No es igual la de Bachelet a la de Hugo Chávez…

Es buena la observación. Son muchas izquierdas. Hay una tendencia en algunas de las izquierdas a hegemonizar todo el campo y eso es imposible. Fuentes evidentemente es un intelectual de izquierda, pero con una visión de la revolución diferente a la que prevalece en Cuba.

¿Mario Vargas Llosa?

Fue de izquierda, pero ya no lo es. Ahora se define como liberal, aunque teóricamente puede haber un liberal de izquierda. Sin duda en América Latina hay grandes intelectuales de izquierda como Roger Bartra o Beatriz Zarlo en Argentina.

Pero son locales y no continentales…

Cierto y esto tiene que ver con que estamos en otro lugar. Se ha desestabilizado la idea de América Latina como campo intelectual integrado. Desde los noventa vivimos una balcanización de América Latina. Hoy estamos en el punto más bajo del latinoamericanismo. Ni siquiera existe un foro de integración regional que funcione realmente y que creo que obedece a la globalización. Durante la Guerra Fría la tensión bipolar obligaba a una integración del campo, pero ahora es otra cosa. La transición a la democracia ha contribuido a la fragmentación y al predominio de lógicas domésticas.

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