‘En nuestros pueblos veneramos a quien burla la justicia’: Evelio Rosero
El novelista colombiano publica ‘Toño Ciruelo’, donde cuenta la historia de un asesino serial.
(Redacción AN/Tusquets).

Si hay algo que distingue al asesino es su entorno, quienes le rodean. Eric Salgado, un joven escritor sigue los rastros de Toño Ciruelo, un asesino serial. Con olfato detectivesco indaga en su infancia y juventud, el trabajo, todo lo necesario para configurar el rostro del monstruo. Con el claro objetivo de indagar en el origen del “mal”, el colombiano Evelio Rosero publica Toño Ciruelo (Tusquets), una novela franca y sin contemplaciones.

Toño Ciruelo es quizá su novela más psicológica…

Sí. Siempre trato que cada novela sea diferente sin embargo, aquí hablo de la maldad, un tema que ya he abordado en libros anteriores.

¿Por qué ahora hacerlo a partir de un asesino en serie?

Los asesinos en serie reflejan las obsesiones de una sociedad. En Latinoamérica ha habido monstruos criminales. En Colombia un caso histórico es el de Garavito “El monstruo de los Andes”. Viajó de mi país a Ecuador, Venezuela y regresó a Colombia. Asesinó a 172 niños. La justicia jamás quiso seguirlo porque la impunidad era tremenda. Por fin fue capturado en 1999. Este tipo de personajes me inspiraron para la novela.

Aunque también apunta a una crítica social más abierta porque Toño Ciruelo viene de una familia adinerada.

Sí, es de una clase media alta colombiana. Estudió en un colegio de sacerdotes agustinos; su padre es senador. Ser un niño lector lo convierte en un asesino peculiar, pero con una capacidad extraordinaria para la muerte y la maldad.

¿Qué tipo de experiencia le supuso meterse en la mente de un asesino en serie?

Fue una experiencia sui generis. Quise sumergirme en la mente del asesino para desdoblarme en su personalidad. Gracias a este ejercicio el escritor dota a sus personajes de carne y hueso.

¿Después trabajar acerca de un asesino qué conclusión tiene del “mal”? ¿Es innato al ser humano?

Hay muchas posibles respuestas, lo cierto es que el mal es más atractivo para el lector. Pensemos en Dante Alighieri. A todos nos fascina más el infierno que el paraíso. Por eso Toño Ciruelo me acaparó por completo. Me tomó casi tres años escribir la novela… soñaba con él. La historia nace de los monstruos de los que hablamos al principio, pero también de experiencias mías en el colegio.

¿Estudió en escuela religiosa?

Sí, estuve en varios colegios pero todos religiosos. Uno de mis amigos de escuela apareció tiempo después, en los periódicos como asesino. Aquella imagen fue determinante. Ahí está el germen real de la novela.

En la educación religiosa una de las primeras ideas que inculcan es la del “mal” como lo opuesto al deber ser.

Sí, a nosotros nos hacían rezar cada mañana antes de iniciar las clases. Al lado de ese misticismo estaba la crueldad característica de los niños, por eso hablo de ella en los primeros capítulos. La aparente inocencia de los infantes, jóvenes o preadolescentes ya está marcada por una maldad frente al otro. Creo que esto genera una desolación en quienes miran esto pasivamente y quienes la causan, como es el caso de Toño Ciruelo.

Este conflicto lo leemos en el diario de su protagonista, quizá la parte más caótica del libro.

Sin duda. Yo trabajo por intuición y me es difícil definir con certeza la estructura de mis novelas. A veces siguen derroteros imprevisibles. Lo bueno de la escritura es que las cosas cambian conforme se desarrolla la narración. El mismo diario donde reflexiona sobre sus crímenes asombra al otro protagonista, Eric Salgado un escritor joven y en potencia. Este antagonismo alimenta a la novela.

 Pone también sobre la mesa la mitificación de los criminales, algo que vemos en Colombia o México con los narcotraficantes.

El asesino causa admiración y en nuestros pueblos veneración. Pablo Escobar cometió asesinatos directamente, pero también ordenó bombazos. Ahora vas a su tumba en Medellín y encuentras a gente que le reza, incluso aseguran que hace milagros. Como él hay muchos otros.

¿Por qué se da este fenómeno?

Creo que tiene relación la cultura y el manejo de los medios. En Colombia se han hecho cuatro telenovelas sobre la vida de Pablo Escobar y todas son apológicas. Para cientos de jóvenes sin preparación es un ideal. Además, en nuestros pueblos idealizamos a quien burla a la justicia, a quien amasa fortunas de cualquier manera. Confío en que la literatura plantee una perspectiva más crítica.

¿La narcoliteratura puede llegar a hacer apología del crimen organizado?

Depende de la obra. Habría que hablar de casos particulares. En Colombia existe el subgénero de los sicarios. Fernando Vallejo entre otros lo han abordado, es una constante. La literatura y el arte indudablemente dialogarán con su realidad, si es buena la cuestionara y la pondrá en tela de juicio.

¿Un asesino es producto de su sociedad?

Es difícil de responder. Sin duda hay algo patológico, pero creo que la miseria, el hambre y la desolación son los detonantes. En Colombia muchos asesinos eran jóvenes que vieron cómo los paramilitares entraban a sus casas y violaban a su madre o a sus hermanas. Ellos salieron a repetir lo mismo. Son criminales por deseo de venganza.

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