‘En los últimos años el INAH se ha sobreburocratizado’: Lourdes Arizpe
La antropóloga mexicana sostiene que la institución necesita libertad de acción.
(INAH).

A 80 años de su creación, el Instituto Nacional de Antropología e Historia enfrenta el reto de desarrollar investigación y teorías acordes a la actualidad. Sin escatimar su importancia, como pilar de la cultura mexicana, la antropóloga Lourdes Arizpe, reconoce que la dependencia enfrenta problemas de sobreburocratización y presiones de índole mercantil

En entrevista, quien entre 1994 y 1998, fuera directora adjunta de la UNESCO en el área de cultura, precisa, “el INAH una institución en movimiento que a veces se enfrenta a grupos políticos que quieren detener su acción y por eso insisto, necesita mantener su libertad para investigar y desarrollar las ideas nuevas que requiere nuestra época”.

¿Cómo llega el INAH a sus ochenta años?

El INAH es el pilar del extraordinario trabajo antropológico en México; es la institución que impulsa la empatía de los mexicanos y el sitio de contienda de su sentir histórico, por eso es fundamental. Su creación y los programas que ha desarrollado han puesto a México en el mapa mundial, esto lo pude constatar mientras trabajé en la UNESCO como directora adjunta de cultura. Me pedían que expertos mexicanos asesoraran proyectos culturales y antropológicos a nivel mundial: construcción de museos, políticas públicas hacia poblaciones minoritarias y atención al patrimonio cultural intangible o inmaterial. El INAH sostuvo las iniciativas más originales de México en el área de cultura. La creación del Museo Nacional de Antropología revolucionó la manera en que los objetos y los datos históricos se presentaban en los museos.

¿Esta vocación cómo ha cambiado a lo largo del tiempo?

El sentido de historia desarrollado por el INAH es importante, tanto en relación con el propio devenir de nuestro pasado, como en base a la cascada de ideas que han surgido de la arqueología, la historia, etnología, lingüística, antropología física y social, para afrontar cuestiones fundamentales como el cambio climático, el reto de la sobrevivencia como especie y el antropoceno. Hoy me parece necesario que el INAH se renueve en la investigación y el diseño de teorías de cómo los seres humanos creamos, producimos e intercambiamos.

¿Cuándo habla de cambios a qué se refiere?

En la historia de México el INAH ha respondido con distintos programas para distintos momentos. En los cincuenta creó un programa de recuperación etnográfica. Por primera vez se hicieron estudios sistemáticos de cada grupo indígena del país, lo cual propició que en los años ochenta cambiara la visión política acerca de la sociedad mexicana y por fin se reconociera que México es un país multicultural. Hoy asumimos nuestra multiculturalidad, pero con una historia unitaria de contienda y una base de pertenencia en transformación constante. Muchas veces se critica al INAH porque parece caótico, pero de hecho de estos enfrentamientos surge lo nuevo y lo creativo para hacer frente a los retos que tenemos ahora. Es una institución en movimiento que a veces se enfrenta a grupos políticos que quieren detener su acción y por eso insisto, necesita mantener su libertad para investigar y desarrollar las ideas nuevas que requiere nuestra época.

El INAH es la institución cultural con más cobertura a nivel nacional, ¿qué la hace tan poderosa para tener este alcance?

La antropología analiza desde lo más grande hasta lo más pequeño; trata la evolución de las sociedades. La antropología fue la primera ciencia global. Mientras que las otras ciencias sociales se crearon para las sociedades occidentales europeas, la antropología se creó para entender a todos los pueblos del mundo. Además, estudiamos lo más pequeño como son las artesanías, las danzas y rituales. El INAH se sitúa en todo el territorio nacional porque en todos lados hay esto. Apenas ahora se está construyendo un mapa más verdadero de las inmensas riquezas de las grandes civilizaciones asentadas en nuestro territorio. Ahora se analizan las culturas de la costa, el golfo o huasteca, que fueron tan importantes en su tiempo como los nahuas o mayas. Además, tenemos poblaciones que siguen creando culturas con las herencias y el patrimonio recibido de sus ancestros; poblaciones que crean nuevas danzas, artesanías y formas de vestir. Esto provoca una evolución cultural que está en la base de la gran creatividad de los mexicanos y que creo, viene de una ritualidad que probablemente nos conecta con este de Asia, el ritual en la sociedad china es el eje vertebral. Todas estas cuestiones están en todo el territorio y tienen que ser cuidadosamente revisadas, registradas, analizadas y puestas en disposición, todo esto corresponde al INAH.

¿Las leyes o la normatividad vinculada al INAH necesitan renovarse?

Sobre la normatividad sabemos que por el desarrollo neoliberal hay una gran presión por hacer a un lado todo lo parezca vestigio histórico para construir algo nuevo. Sin embargo, lo nuevo muchas veces está vacío de contenido y de sentido. Supongo que la normatividad arqueológica necesita cambiar, pero no puede ser para relegarla o subordinarla y pienso concretamente en su relación con proyectos específicos de desarrollo territorial, apertura de carreteras o lanzamiento de nuevas vías de trenes. En mi área, las culturas vivas hay un campo normativo conectado con el INAH, pero también con la Dirección General de Culturas Populares de la Secretaría de Cultura, en este renglón se necesitamos poner al día para conectar mejor al INAH con instituciones nacionales e internacionales.

¿Cómo insertar al INAH en la reingeniería de las instituciones culturales?

La normatividad institucional de México es muy complicada. Una de las prioridades de la UNESCO es evitar la burocratización y lo que hemos vivido en los últimos años es una sobreburocratización en el INAH. Ahora, con la Secretaría de Cultura estamos viendo mucha duplicación de funciones. La propia UNESCO ya no impulsa la creación de las secretarías de cultura, porque crearon más burocracia y gastos innecesarios. Hay mucho que cambiar, pero para eso se necesita saber cuáles son las prioridades inmediatas para un país que enfrenta cuestiones como la sustentabilidad y el cambio climático. Se tiene que repensar en ese sentido. Entre menos se acote la acción de una institución como el INAH y se resista a las presiones de la mercantilización, será mejor.

¿Ve una vocación por trabajar en este sentido en las autoridades actuales?

Veo noticias encontradas sobre lo que quiere hacer este gobierno. Lo primero es saber cuál será la línea que prevalecerá acerca de las cuestiones culturales en relación con las políticas de desarrollo. Sí veo en las autoridades un gran interés en las culturas populares y la cultura que emana de los grupos campesinos e indígenas. No obstante, me preocupa que se desagregue la sociedad a partir de pequeñas reivindicaciones culturales o históricas que, en vez de fortalecer la posibilidad de un desarrollo racional, propicie la desagregación de la sociedad y el Estado mexicano.

¿Cuál debe ser la posición del INAH ante el Tren Maya?

Debe respetar los objetivos del desarrollo, siempre y cuando el trazo no afecte ninguna de las regiones de reserva natural. Nos quedan muy pocas y no deben ser tocadas y si lo son, tiene que hacerse de manera que no destruya su integralidad. Algo que sí reconozco en este gobierno es la capacidad de escuchar y dado el caso de corregir, por lo mismo se necesitan debates cívicos serios.

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