opinión*
“El florero”: entre la democracia, el democratismo y la oligarquía (Artículo)
por Heinz Dieterich
Foto: Saúl López/ Cuartoscuro

Por Heinz Dieterich

Hay que notificarles a algunos…que ya es otro México y que yo no voy a ser florero…yo traigo un mandato de los mexicanos. Andrés M. López Obrador, Presidente electo de México

  1. La Naturaleza del Florero   

El florero es, por definición, un ente delicado. Por su misma fragilidad, su prioridad de sobrevivencia es el equilibrio. Para tal fin debe cumplir con dos condiciones: la individual, que exige mantener el sentido del equilibrio (equilibriocepción), para no caerse; y la sistémica, cuando las condiciones objetivas, su base, se sacuden cual placas telúricas. Si “el florero” conduce relaciones de importancia, debe mantener el equilibrio dinámico del sistema. Esto requiere el Arte de la Política: hacer alianzas que logran la anulación mutua de las fuerzas contrarias que actúan sobre él. El currículum de sus asesores no puede prescindir, por lo tanto, del estudio obligatorio de la ciencia de los equilibrios: mecánicos, químicos, de la termodinámica y de Nash, entre otros. Influencias sectaristas o amarillistas serían fatales para manejar los inevitables cambios de vectores de poder que sufrirá su proyecto histórico.

  1. Equilibrista en un mundo bipolar

De la misma manera, la educación en política de los cuadros y ciudadanos ha de girar inevitablemente en torno a ese concepto. Cuando se trata del temible intento de dirigir una transición democrática-social en un contexto antidemocrático y dependiente, como Lula, el proyecto centrista de transformación se debatirá a priori entre la vida y la muerte, es decir, entre la democracia y la clase dominante. El campo de actuación nacional y global es binario o bipolar y limitado en el tiempo (por el sistema electoral). La nación hoy día es un subsistema sometido al más brutal socialdarwinismo global. Cualquier otra idea sobre el campo de lucha de las ideas, las clases y la política, es ilusionista; una patraña de los  profesores de las universidades burguesas. En el mundo real sólo decide el poder, que se manifiesta en cuatro modalidades básicas: el político, el militar, el económico y el cultural. La evidencia forense de esa propiedad socialdarwinista-criminal del capitalismo global es abrumadora: desde Lula en las mazmorras brasileñas, hasta el encadenamiento prometéico ad calendas grecas (eternamente) de la cuna de la democracia participativa en Grecia, a los usureros del capital financiero global, y la impune destrucción de Estados soberanos (Siria, Yemen, Irán) por el imperialismo occidental.

  1. El Democratismo  

El democratismo es la actitud que pretende actuar democráticamente en un entorno que es antidemocrático y decidir todo asunto de Estado por votación formalizada. Esta actitud, cuando no es populismo o interés caciquil, se basa en la buena voluntad y el romanticismo de la inmediatez, que no acepta que los grados de libertad (opciones) de cualquier subsistema son determinados por el sistema superior (macrosistema). Los milenaristas cristianos, que querían el reino de dios de inmediato; la ultraizquierda, los sectaristas y los anarcoides, que pretenden instalar la sociedad democrática en un salto cualitativo, independientemente de las condiciones objetivas; los maestros que entran a su primera clase con sus sueños antroposóficos de Rousseau y Steiner y el discurso de la comunicación simétrica de Habermas, son víctimas de esa falacia. La exitosa praxis libertadora es hija tanto de la voluntad ética propia como de las condiciones antidemocráticas imperantes. No mediar ambos aspectos de manera realista, garantiza el fracaso. Un nuevo gobierno, por ejemplo, no es, como piensa la ultraizquierda, el “dueño del poder”, sino simplemente un subsistema del Estado existente y su clase dominante. No es un Dios omnipotente, que puede sustituir por decreto una ortodoxia establecida por otra rebelde, sino una agencia co-participadora en la administración del poder nacional y global. Si se quiere, es una franquicia de libertad condicionada, válida para cuatro a seis años. En este sentido, por ejemplo, las fuerzas transicionales tienen que ponderar muy bien, si un “mandato revocatorio”, como el que introdujo Hugo Chávez mediante la Constitución Bolivariana, es un instrumento democratizador real o desestabilizante.

  1. Fractales y democracia

Nosotros somos hijos del universo y desde que Benoit Mandelbroit desarrolló la teoría de los fractales (1975), entendemos matemáticamente que la organización de macrosistemas requiere funcionalmente de la verticalidad. O, para expresarlo en un lenguaje más preciso, la auto-similaridad de sus elementos básicos a toda escala. Esta ley universal es uno de los dos obstáculos fundamentales para la construcción de una sociedad democrática participativa. La imprescindible verticalidad funcionalidad de nuestras gigantescas sociedades y macro-Estados jerarquizados, excluye, que todos los niveles del sistema tengan el mismo poder de decisión. Un grupo de vecinos no puede tener la misma jerarquía fáctica que un municipio, y éste no puede igualar en capacidad de decisión y autonomía a un estado o al Estado nacional. Se trata, de hecho, de una función dependiente de las leyes de escala del universo (laws of scale), con la cual se pueden hacer compromisos, pero que no se puede anular sin destruir el macro-sistema mismo. La decisión sobre un megaproyecto de impacto nacional, por ejemplo, no puede ser decidido sólo sobre la opinión de los que están involucrados directamente, porque la decisión trasciende el ámbito local. La decisión sobre cada caso, dentro del respeto a las leyes fractales, tiene que ser casuística, porque se basa finalmente en un juicio de valor que tiene que equilibrar ética y pragmatismo.

  1. Ejecutivo, Legislativo y Vanguardia

Y aquí entra el concepto de la “prerrogativa” de John Locke. La separación constitucional de poderes (Montesquieu), argumentó Locke, no significa que toda decisión del Ejecutivo tiene que ser avalada por el poder legislativo, cuando es por el bien de la sociedad. Hay situaciones de emergencia que justifican una decisión autónoma anticipada del Ejecutivo. Y lo mismo, como vimos en lo referente a la ley organizativa universal de los fractales y las leyes de escala, es válido, cuando la trascendencia del acto ejecutivo público trasciende el ámbito local.

  1. Bismarck y el Arte de la Política

El canciller alemán Otto von Bismarck definió a la política como “el arte de lo posible”, es decir, el arte de las alianzas. Al construirse un muy meritorio proyecto de reforma transicional, como el de Andrés Manuel López Obrador, es fundamental que no se desvíe de este sabio axioma en la América Latina monroeista, oligárquica, despolitizada, desorganizada y antidemocrática de hoy. Localismos indebidos, ataques sensacionalistas, soluciones utópicas desde el escritorio, son un peligro para la nación, como reflejan los  destinos de Salvador Allende y Lula da Silva.

¡Toda persona seria y ética, sea de izquierda o derecha, debería participar en esa gran construcción del futuro para lo que el presidente uruguayo José Mujica alguna vez llamó con toda razón: “El maravilloso pueblo de México”!

Heinz Dieterich

Sociólogo, analista político, teórico marxista, asesor de Hugo Chávez, autor del “Socialismo del Siglo XXI” y más de 30 libros sobre la conflictos latinoamericanos. Nacido en Rotemburgo del Wumme, Alemania, y actualmente investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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