Informe sobre ciegos | Por Ari Volovich
Ari Volovich, integrante del equipo de comunicación del Festival Cultura UNAM, analiza la adaptación de 'Informe sobre ciegos', protagonizada por John Malkovich y acompañada por la OFUNAM y la pianista Anastasya Terenkova, como una experiencia escénica que explora la identidad, la paranoia y los límites entre la lucidez y la locura.
- Redacción AN / MDS

Por Ari Volovich*
“Me llamo Fernando Vidal Olmos, y esas tres palabras son como un sello, una garantía de mi existencia. Siempre me ha parecido asombroso que una persona pueda crecer, albergar esperanzas y sueños, ser víctima de las desgracias, ir a la guerra, sufrir un deterioro moral, cambiar radicalmente de opinión, llegar a experimentar sentimientos completamente distintos y, sin embargo, seguir llamándose Fernando Vidal Olmos”, cuestiona el personaje protagonizado por John Malkovich en una alusión involuntaria a Diario de un loco de Nikolái Gógol o a Funes el memorioso de Borges, donde el protagonista se cuestionaba cómo era posible que un perro al mediodía podría seguir llamándose “perro” bajo el manto de la noche.
Esta adaptación de Informe sobre ciegos: inspirada en un pasaje de la novela de Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas, sonorizada por la OFUNAM y la portentosa interpretación musical y escénica de la pianista Anastasya Terenkova, basada en una pieza compuesta por Alfred Schnittke, fue interpretada en el marco de Festival Cultura UNAM 2026.
Cabe señalar un punto importante antes de poder continuar: Malkovich pertenece a esa peculiar especie de actores cuya esencia es tan imponente que logra prevalecer al margen de los personajes que, a pesar de esta condición, encarnan siempre a la perfección. De primera instancia me vienen a la mente Jack Nicholson, Marlon Brando, Olivia Colman, Garry Oldman, James Gandolfini, Emma Thompson y Sean Penn pertenecientes a esa categoría.
La presencia de Malkovich sobre el escenario de la Sala Nezahualcóyotl se proyecta sin aparente esfuerzo, de manera natural, cautivando y convenciendo a la audiencia de que están frente a Fernando Vidal de Olmos, ya que la buena actuación no busca fingir ser otro sino adueñarse y dominar la psique del personaje en cuestión. En el pasaje aludido, la mera existencia, tanto del actor como de Fernando Vidal Olmos, refuerza esta noción de que un nombre no es suficiente para poder describir a una persona dada la naturaleza cambiante del ser, más tratándose de la versatilidad que viene con el oficio de la actuación.
Sabemos que el monólogo es declamado por un lunático y a pesar de ello podemos identificarnos e incluso ser cómplices de la perfecta lucidez de su locura, como suele suceder cuando uno se ve expuesto a la autenticidad.
La puesta en escena es de un minimalismo exquisito. La escena inicial donde el reflector arroja luz sobre el personaje de Anastasya nos lleva de súbito al mundo onírico por la cadencia parsimoniosa con la que Terenkova hace sonar su campana y por la discreta presencia de la OFUNAM. Es un preludio que sirve como una inducción al delirio del que padecerá la audiencia.
Malkovich logra someternos en carne propia al sufrimiento inherente a esa intrigante paranoia de Fernando Vidal Olmos, quien vive convencido de que existe una organización clandestina de ciegos, La Secta Sagrada de los Ciegos, quienes dominan al mundo entero. Aunque las convicciones de Vidal Olmos son el fruto alucinógeno de un trastorno mental, la meticulosidad de sus conjeturas dan la impresión de que uno está ante un informe, ante una prueba irrefutable de que, efectivamente, vivimos dominados al capricho de esa secta oculta.
Tal como sucede cuando leemos, escuchamos, vemos o, en este caso, experimentamos una obra elaborada e interpretada con semejante maestría, en cuanto el teatro se enciende para devolvernos abruptamente a nuestras respectivas realidades, uno no puede evitar la sensación de haber sufrido un cambio en su percepción, de haber habitado y abandonado un mundo paralelo, recordándonos así que la imaginación es nuestra única soberanía verdadera y que aquella que delimitan los mapas es tan intangible como las mismas limitaciones de la cordura.
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* Ari Volovich forma parte del equipo de comunicación del Festival Cultura UNAM. (Israel, 1974) es escritor y periodista, columnista en Chicago Tribune y autor de Blasfemias ilustradas (2011), Jet Lag (2013), El centinela del gulag (2017) y Mi lucha (2021).
