¡Sóplele, presidente!
El presidente convirtió en política pública su gusto por el beisbol. Pero mientras él se divierte en la tercera base, el deporte de alto rendimiento sufre por la austeridad, la mala administración, la corrupción y la grilla entre federaciones.

Por Ernesto Núñez Albarrán/ Twitter: @ErnestoNunezA  

Ocurre al menos dos veces al mes: el presidente Andrés Manuel López Obrador llega repentinamente al campo de beisbol de Ciudad Universitaria –ubicado atrás del Estadio Olímpico– y durante una hora se dedica a “sacudir la polilla”, fildear y hasta “macanear”.

Al presidente le gusta la tercera base –la “esquina caliente” del diamante– y desde ahí muestra que, a sus 65 años, aún está en forma.

A veces, pide a sus asesores que lo graben y que suban a sus redes su imagen ataviado con gorra y manopla.

Así ocurrió el miércoles 3 de julio, cuando en su cuenta de Twitter subió un video de un minuto grabado desde la tercera, con su chamarra de los Pumas y el número 48 en la espalda. 

Ese día, mientras el presidente tiraba la polilla, su colaboradora Ana Gabriela Guevara se reunía con senadores de la República para dar una alarmante noticia: la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) trabaja en números rojos y, en agosto, no habrá dinero ni para pagar la luz.

A partir del mes que entra entramos en números rojos, ya no habrá presupuesto para poder salir de agosto hasta diciembre, y en pagos ya no hablemos de becas, que es tema sensible, sino ya no vamos a poder pagar luz, ya no vamos a poder pagar lo básico para el funcionamiento de las instalaciones”, advirtió la directora de Conade, luego de recordarle a los senadores que recibió una institución en crisis y que en los seis meses que lleva en el cargo apenas ha tenido tiempo de reorganizar todo.

“Estamos recibiendo la caca del pasado”, resumió la velocista sonorense, medallista olímpica en 2004.

Justo ese mismo día, mientras el presidente jugaba al beisbol en CU y Ana Guevara comparecía ante senadores, la esgrimista Paola Pliego anunciaba su rompimiento con el deporte mexicano, harta de las grillas entre la Federación Mexicana de Esgrima, el Comité Olímpico Mexicano y la Conade, que ya la dejaron fuera de unos Juegos Olímpicos, en 2016.

Paola Pliego podría representar a Uzbekistán, y no a México, en las olimpiadas de Japón 2020, que están a la vuelta de un año.

Como ella, otros atletas estarían optando por cambiar de nacionalidad para escapar del laberinto Conade-COM-Federaciones y poder competir: las arqueras Linda Ochoa y Gabriela Bayardo –que buscarían representar a Estados Unidos y Holanda–, y los clavadistas Jonathan Ruvalcaba y Kevin Chávez –República Dominicana y Australia–, (Reforma, 4 de julio).

Todo indica que el deporte mexicano será otra víctima de la “república austera” ideada por López Obrador y los diputados de Morena. 

El deporte sufre por la escasez de recursos y la mala administración de los mismos.  

La Conade tiene para 2019 un presupuesto de mil 718 millones de pesos (400 millones de pesos menor que el de 2018) y, como otras áreas del gobierno federal, enfrenta graves problemas de planeación presupuestal y subejercicios.

Mientras los atletas se quejan porque las becas no llegan y los entrenadores del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR) siguen esperando sus quincenas atrasadas, Ana Guevara dice que pedirá prestado para pagar el recibo de la luz en agosto.

El deporte sufre por los saqueos del pasado.

El peñista Alfredo Castillo dejó la Conade en medio de severos señalamientos por gastos injustificados, abusos en el uso de instalaciones, viajes escandalosos y otorgamiento opaco y discrecional de apoyos a ciertas federaciones y ciertos deportistas.

En la Conade, hay cuatro investigaciones abiertas por la Secretaría de la Función Pública por irregularidades en el Fondo de Deporte de Alto Rendimiento. Ana Guevara dijo, enfática, que está recibiendo “la caca del pasado”, pero según una investigación del semanario Proceso, la corrupción podría salpicar también a la actual administración, con casos de triangulación de recursos a través de empresas y federaciones, y cobros de becas destinadas a los atletas por parte de personas allegadas a la funcionaria.

Finalmente, el deporte también sufre por las ocurrencias del presente.  

Aficionado al beisbol, López Obrador piensa que puede convertir a México en un país beisbolero y ha decidido crear una oficina directamente bajo su mando para impulsar un programa al que ha decidido destinar 350 millones de pesos al año.

En su página de internet, la “Oficina de la Presidencia para la Promoción y Desarrollo del Beisbol en México (Probeis)” no indica estrategias ni objetivos específicos. No hay metas presupuestales ni indicadores para los 350 millones de pesos que AMLO ha decidido destinar a la promoción de su deporte favorito.

Si acaso, se enumeran seis “ejes estratégicos” sin mayor explicación: desarrollo de prospectos mexicanos de élite, clasificación nacional de talento, desarrollo de entrenadores mexicanos, fortalecimiento del beisbol infantil y juvenil, reviltalización del beisbol colegial y consolidación de la marca beisbol en México.

Se ha anunciado que el Probeis impulsará también la caminata y el box, deportes que seguramente el presidente no considera fifís.

Pero es un programa tan informal e improvisado, que incluso se dice que su titular, Édgar González Sabín, trabaja de manera honoraria: su cargo no aparece en la estructura ni en la nómina del gobierno federal, y él mismo ha declarado que puso un millón de pesos de su bolsa para ejecutar algunas de las acciones de la estrategia.

La ocurrencia presidencial está en dos strikes, con dos outs y sin corredores en base.

Y a López Obrador se le ve sonriente y divertido, recogiendo bolas cerca de la tercera con el guante puesto en la mano izquierda y lanzando hacia el centro del diamante.

“¡Sóplale!”, grita el presidente mientras enseña a los muchachos cómo se fildea.

“Sóplale”, parece decirle también a su colaboradora Ana Guevara, que intenta dirigir el deporte mexicano con recursos limitados, señalada por corrupción y con su aspiración intacta de llegar políticamente viva al 2021, para ser candidata de Morena a la gubernatura de Sonora.

“Sóplenle”, parece responder AMLO a los cientos de deportistas de alto rendimiento que esperan una beca, un apoyo para competir en un mundial o, al menos, que el gobierno no les estorbe.

Sóplele, presidente. Que falta un año para Tokio 2020, y el deporte nacional se le está yendo de las manos.








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