‘Rencor tatuado’, un thriller de Julián Hernández contra la violencia de género
El realizador reconoce ecos de Apichatpong y de Valentín Trujillo en su película.
(Corazón films).

Por Héctor González

Inspirado en Lola “La trailera”, Julián Hernández creó al personaje de Aída (Itatí Cantoral), una misteriosa justiciera que seduce, narcotiza y tatúa, a los integrantes de una banda de secuestradores y violadores.

En tono de thriller y con claros homenajes al cine negro, el realizador mexicano filmó Rencor tatuado, película que rompe con la línea que había trazado en sus anteriores Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, Rabioso sol y El cielo dividido, cintas con las que alcanzó reconocimientos como el Teddy Award, en el Festival de Cine de Berlín.

Rencor tatuado es una película que rompe con tus anteriores trabajos, ¿no?

Cierto. Después de Rabioso sol, mi tercer filme, me pareció que era el momento de hacer algo nuevo, una obra de thriller y cine negro, y quizá más comercial. En origen iba a ser una película de aventuras protagonizada por una heroína, pero al trabajar el guion junto a Malú Huacuja del Toro se incorporaron mis aficiones al cine negro.

Es un thriller, pero no necesariamente convencional.

Cuando empezamos a trabajar la historia en 2009, el tema de la violencia de género y contra las personas trans no figuraba en la agenda pública. Por lo mismo queríamos partir de un hecho verídico, en este caso relacionado al procurador Coello Trejo, quien durante la década de los noventa tenía junto con sus agentes, una banda que violaba mujeres. A raíz de este asunto policíaco surgió la historia de una heroína influenciada por Rosa Gloria Chagoyán y sus personajes de Lola “La trailera” y la Guerrera vengadora.

Aunque en la forma de trabajar la violencia hay ecos del cine oriental y en particular de Pussy Iron, de Apichatpong.

Precisamente mi interés de hacer una película de aventuras parte de Pussy Iron. Al principio quería filmar la historia del primer héroe trans del cine mexicano, pero luego las cosas me llevaron por otro lado. Apichatpong es uno de los resortes de Rencor tatuado, pero sin duda la referencia a una heroína viene de Rosa Gloria Chagoyán. A veces la gente no me cree, pero me gusta mucho el cine de Valentín Trujillo. Me parece un realizador sobretodo en sus primeras películas, magistral. En términos de acción es uno de nuestros realizadores más aventajados. Alberto Mariscal e Ismael Rodríguez son otros cineastas que me marcaron para esta película.

Es curioso porque el cine de los ochenta es ninguneado por varios de tus colegas y de la crítica.

Es un cine que me gusta mucho, incluso después de Rencor tatuado filmé La diosa del asfalto y ahí sí me di vuelo. Peleamos tanto porque nuestras películas se vean, que no entiendo el desprecio a lo que hicieron otros en otro momento y contexto.

Si bien el guion lo comenzaron a trabajar en 2009, la película se estrena en un momento donde la violencia de género sigue más que pertinente.

En 2010 los involucrados en la película pensábamos que para cuando se estrenara ya iba a ser un asunto del pasado. Diez años después, Rencor tatuado no ha perdido vigencia. No obstante, reconozco que pensé que la película correría con mejor suerte en festivales, pero creo que el hecho de que la dirija un hombre no es bien visto en algunos círculos.

¿Te han cuestionado por eso?

No me lo han dicho abiertamente, pero sí lo creo. Con ninguna de mis películas anteriores, incluso a pesar de los premios, había sentido tanta seguridad como con ésta. En redes sociales he leído acerca de gente que piensa que los hombres no deberían opinar de ciertos temas. No se trata de equipararme con las mujeres, pero yo mismo he padecido discriminación por homofobia.

Además, quienes hemos visto tus películas sabemos que siempre has buscado la inclusión.

Sí, desde en mis trabajos del CUEC hay mujeres emprendedoras en papeles protagónicas. Para mí Rencor tatuado es una película a la que desde hace mucho quería llegar.

En un momento donde se discute la forma de presentar la violencia, ¿cuáles fueron los criterios estéticos que utilizaste a la hora de manejarla?

Tiene que ver con mi cercanía al cine oriental y en particular con Mizoguchi, quien decía que lo que no se ve puede llegar a ser más poderoso. Manejo mucha violencia en off, es decir sin una representación explícita, pero también hay momentos donde soy más gráfico, en particular con los personajes trans. En resumen, es una mezcla de la mesura del cine oriental y de las películas de Valentín Trujillo, quien era el paladín de la violencia.

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