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‘La Reserva’ una película que nos asoma a la vida de los activistas ambientales

La película dirigida por Pablo Pérez Lombardini es protagonizada por la biólogo y defensora ambiental Carolina Guzmán.

  • Redacción AN / HG
07 Jan, 2026 12:50
‘La Reserva’ una película que nos asoma a la vida de los activistas ambientales

Por Héctor González

Un grupo de talamontes ingresa en una comunidad rural chiapaneca para deforestar la zona de manera ilegal. La protección de la zona está a cargo de Julia (Carolina Guzmán), una guardabosques de convicciones firmas que está dispuesta a proteger el espacio, incluso con su vida. Esta es la historia que plantea La Reserva, película de Pablo Pérez Lombardini ganadora del premio a Mejor Película en la 23ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia y que se proyecta en la Cineteca Nacional.

“Hay algo inherentemente trágico de los defensores ambientales. Si pensamos en la cantidad de defensores que año con año son asesinados en este país y en Latinoamérica, podemos concluir que probablemente saben que su lucha les puede costar la vida y no obstante siguen”, apunta el director en entrevista.

¿Qué te lleva a filmar una película como La Reserva?

Primero el amor a la naturaleza. Hay gente como los defensores ambientales, que entregan su vida a la defensa de espacios necesarios para nuestra vida. Me pareció necesario poner atención en cómo viven, las incomodidades y peligros que enfrentan. Una vez que comencé mi investigación de campo en Chiapas, concretamente en la reserva de El Triunfo, tuve  la oportunidad de conversar con muchos guardabosques. Uno de ellos, don Adolfo, me contó que unos campesinos desposeídos de Chiapas invadieron la estación biológica en la que trabajaban los guardabosques, eso detonó un conflicto que duró muchos años. Al final todo se resolvió, pero yo me quedé con la idea de que esa realidad podría estructurar mí película.

La película tiene un tono de tragedia, ¿por qué hacerla en este registro?

Creo que hay algo inherentemente trágico de los defensores ambientales. Si pensamos en la cantidad de defensores ambientales que año con año son asesinados en este país y en Latinoamérica, podemos concluir que probablemente saben que su lucha les puede costar la vida y no obstante siguen.

Aunque también deja ver una visión pesimista acerca de este problema.

La película más que situarse en el terreno del optimismo o el pesimismo, trata de observar el problema en toda su complejidad. Creo que sí hay soluciones, pero tienen que ver con nuestra capacidad para mejorar la forma en que nos organizamos como comunidad. La Reserva muestra precisamente las dificultades inherentes a todos los seres humanos de organizarnos como un fin común. La tragedia por otro lado me permitió mostrar lo aislado que pueden estar los ambientalistas, es una especie de lucha de David contra Goliath y eso los vuelve vulnerables.

Las cifras del año anterior indican que en 2024 hubo 25 activistas ambientales asesinados. ¿Qué elementos recuperaste para construir un personaje como el de Julia?

Indagué en la vida de varios ambientalistas mexicanos, realmente lo que le dio forma a este personaje fue su protagonista, es decir, Carolina Guzmán. Por fortuna la pude conocer en la etapa temprana de mi investigación. Al escuchar su historia de vida descubrí que encarnaba a la perfección a la persona valiente, determinada, testaruda, que yo estaba tratando de imaginarme, ella ha dedicado buena parte su vida a la conservación de su zona.

¿Qué aportó trabajar con actores no profesionales?

Más allá de lo que yo podría haber aportado como guionista, ellos enriquecieron la historia con sus vivencias personales. Hay una escena climática donde vemos cómo la guardabosques se ve obligada a desalojar a la familia que invadió su estación. La principal vocera de la causa de los invasores es una mujer que se llamaba doña Elia y que falleció recientemente, en la película ella cuenta cómo fue a su vez desalojada injustamente de un terreno que tenía en otra comunidad. Es decir, lo que cuenta es real, esa contribución surgió en el momento, no estaba en el marco del guion.

¿Cómo conseguiste filmar en los espacios naturales, entiendo que son terrenos ejidales?

Pudimos filmar en el interior de la reserva El Triunfo gracias al apoyo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y sus guardabosques. Desde luego es un área a la que no pueden entrar vehículos de modo que caminamos mucho y dispusimos de algunas mulas para cargar el equipo. En las zonas ejidales fue distinto, algunos ejidatarios fueron más rígidos que otros, lo curioso es que en las asambleas eran las mujeres quienes más salían en nuestra defensa y reconocían que la película podía representar trabajo para ellas.

¿La gente de las comunidades ya vio la película?, ¿qué te ha dicho?

En principio se sorprendieron de que volviéramos, tenían dudas de que se terminara la película. Proyectamos La Reserva en una pantalla inflable bastante grande. Por otro lado, después de que acabamos el rodaje comenzaron un vivir un capítulo inédito y traumático para ellos: la incursión del crimen organizado, esto los llevó a reorganizarse, entonces durante las proyecciones se sentía una tensión palpable porque lo que estaba viéndose en la pantalla era un reflejo de cosas que atravesaron de una forma u otra. Al final me interesaba mucho que se quedaran con la sensación de ser parte de una experiencia de solidaridad y acompañamiento, y que, aunque vivamos en las ciudades nos interesa brindarles apoyo.

Como parte de esta labor de acompañamiento, ¿qué resonancia te gustaría que tuviera la película?

Al margen de su corrida en salas queremos hacer una gira nacional de proyecciones gratuitas en comunidades rurales, aledañas a reservas naturales. Nos interesa identificar comunidades y también a los guardabosques que luchan día con día por la conservación. Queremos documentar todo esto para generar una conversación en la sociedad relacionada con la gratitud y solidaridad que necesitamos mostrar hacia quienes defienden nuestros espacios.

¿Tras filmar La Reserva cómo cambió tu forma de entender este problema?

Reforzó mi sensación de que el único antídoto a nuestro alcance es el tejido comunitario. Necesitamos generar un sentido de comunidad, se que es complicado y que se necesita construir de manera cotidiana, pero a largo plazo es el único camino que para mí tiene sentido.