‘Las plataformas digitales no deberían albergar información falsa’: Marc Amorós
El académico español publica ‘Fake News. La verdad de las noticias falsas’.
(Plataforma/Redacción AN).

Por Héctor González

Si en verdad se quiere perseguir a los autores de noticias falsas, se debe seguir las pistas del dinero que generan. “No puede ser que una empresa como Cambridge Analytica se dedique abiertamente a esto y que cuando se destapa el escándalo se limite a cerrar sus puertas”, explica el académico español, Marc Amorós.

El especialista publica Fake News. La verdad de las noticias falsas (Plataforma), un libro donde analiza la forma en que circula la información en la actualidad.

 Así que las fake news no son tan nuevas…

Las fake news existen desde que tenemos uso de la palabra. Se han dicho y circulado a lo largo de la historia. Lo nuevo es que los canales de difusión son más masivos, virales y rápidos. Una noticia falsa inventada en Macedonia puede invadir a Estados Unidos en menos de una hora.

¿Por qué las fake news son tan sugerentes?

Las fake news resultan muy atractivas porque confirman lo ya pensamos. El cerebro suele buscar información que le provoque confort y a nadie, o casi a nadie, le gusta entrar en conflicto con uno mismo. La noticia falsa que confirma tu opinión funciona porque te da la razón, por eso la compartimos.

¿Pero esto no nos habla de una pereza mental?

Claro, pero así somos. En este aspecto el cerebro es tramposo: busca hacernos felices y para eso busca información que confirme nuestra opinión. ¿Podríamos luchar contra eso? Sí, pero necesitamos mejor educación y entender que el acto de informarse es un ejercicio voluntario que cuesta tiempo y dinero.

Mucha gente está convencida de que la democratización de los contenidos tiene que ver con la gratuidad de la música, libros, información…

Internet es un invento maravilloso que premia el tráfico, no la buena información. Ha instalado una cultura del “todo es gratis” que todavía tiene noqueados a los medios de comunicación. No saben si apostar por cobrar o subirse a la rueda de la gratuidad. El periodismo todavía está por reinventarse en este nuevo entorno.

Además, en una época donde todo se dirige a las emociones.

La información dejó de ser un relato ecuánime en base a los hechos. Ahora, las noticias buscan entrar en un terreno emocional para provocar impacto, captar nuestra atención y llevarnos a clickear para reportar ingresos. Por eso el periodismo cada vez es más visceral y las fake news lo han entendido muy bien. Quienes las fabrican buscan que su información penetre rápidamente en un entorno y se viralice. Los generadores de fake news encuentran un caldo de cultivo idóneo en sociedades polarizadas.

¿Qué pierde el periodismo con esto?

El periodismo pierde ritmo y va tarde. Aspira a ir tan rápido como le exige la sociedad, pero no alcanza. Lo que facilita a nivel de primer impacto es tan vacuo que la gente no lo aprecia. El periodismo debería hacerse valer por otras cosas más allá de los titulares, en ese terreno es imposible vencer a las redes sociales. Comprobar datos, construir una trama en base a hechos y proponer una fotografía más amplia de lo que pasa, requiere tiempo.  El periodismo no puede convertirse en una máquina de titulares y debe recuperar valor. La gente necesita entender que una cosa es información inmediata -puede ser gratuita-, y otra aquella debe apreciarse y hacerse valer. Romper la cultura del “todo es gratis” en información es un paso que como sociedad daremos tarde o temprano.

¿Crees que vamos en esa dirección?

Quiero pensar que sí. No lo sé porque, al menos en España, la crisis del periodismo va para diez años. Por ahora nadie ha dado con la clave.

¿Qué opinas del periodismo ciudadano?

El periodismo ciudadano facilita la difusión de información a cualquier persona, lo cual no es menor porque hasta hace poco todo era regulado por los medios de comunicación o por los gobernantes. Ahora, con las redes sociales cualquiera puede ser un medio de comunicación. Bienvenido siempre que sea para sumar. El dark side es que abre las puertas para que se cuele gente con intereses determinados y difundan información falsa.

Antes se decía que información es poder, hoy la mentira vende.

Vivimos rodeados de mentiras. Las películas, las series de televisión, incluso las religiones son ficción. Desde pequeños crecemos rodeados de mentiras: los Reyes magos, Santa Claus. Hemos jugado tanto con la verdad que la hemos convertido en maleable y personalizada. En un mundo donde cada quien tiene su verdad es muy difícil construir un relato socialmente aceptado. Este es el peligro de las fake news y de lo que hace Donald Trump al generar un discurso de desconfianza hacia los medios.

¿No es paradójico que mientras el periodismo está en crisis, abundan talleres y seminarios acerca de este oficio?

Sí, pero también hay gente joven que piensa que ser periodista consiste en salir en televisión, hacerse famoso y ganar dinero. Eso no es verdad, la profesión se ha precarizado terriblemente. Antes era suficiente con hacer un diario al día, hoy hay que generar noticias todo el tiempo para que la gente vaya a la página de internet.  El problema es que tampoco puedes incrementar plantilla porque los ingresos son menores.

 ¿Percibes un ejercicio que funcione en estos términos?

No creo que los medios tradicionales sepan dar con la tecla. El futuro pasa por crear nuevas herramientas periodísticas. En Estados Unidos, Apple inventó un servicio vía app que garantiza información de calidad durante las elecciones intermedias. Conformó un comité de periodistas, sociólogos, economistas y politólogos que certificarán la calidad de las noticias. No sé si funcionará, pero tal vez sea un primer paso para crear nuevas herramientas periodísticas. Sé que en Francia y en México se han impulsado ejercicios similares. Espero que estos servicios se instauren por siempre y no solo por una coyuntura electoral. Quizá esa sea la ruta del periodismo.

¿Se debe sancionar a los medios que generan fake news a fin de que no sean negocio?

Primero se debería desincentivar la producción de información falsa, es decir, que no generara ni reportara ingresos. Las plataformas digitales no deberían albergar información falsa y de paso deberían retirar los ingresos que reporta. Si se le persigue económicamente se dará un gran paso. Por otro lado, las empresas que generan fake news con fines ideológicos sí deberían ser sancionadas.

¿Cuál es la línea que separa las sanciones de la censura?

No se trata de legislar lo que se puede o no publicar. ¿Quién es el juez que dice lo que es verdad y lo que no? Estos son derechos intocables, lo que sí podemos hacer es rastrear el origen de una información falsa e intentar encontrar de dónde procedió. No puede pasar que una empresa como Cambridge Analytica se dedique abiertamente a esto y que cuando se destapa el escándalo se limite a cerrar sus puertas. Sus directivos tendrían que ser procesados.

¿Cómo ves el periodismo en diez años?

Me gustaría que estuviera vivo, eso querrá decir que las nuevas generaciones apreciarán la producción de información de calidad. Espero que el periodismo sea capaz de reinventarse y hacerse valer de nuevo en la sociedad con un modelo económico sostenible.

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